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jueves, 15 de octubre de 2015

AL QAEDA 2001. Radiografía de Al-Qaeda

Radiografía de Al-Qaeda

Diario "La Nación". Buenos Aires, 8 de octubre de 2001.

HAMBURGO (DPA).- Para los norteamericanos, uno de los principales objetivos del bombardeo sobre Afganistán es terminar con Al-Qaeda (La Base, en árabe), la organización terrorista liderada por Ben Laden.
Fundada en 1988, la agrupación contaría con miles de miembros entre sus filas, distribuidos en medio centenar de países (unos 5000 sólo en Afganistán). Según la revista especializada Jane´s Weekly, la red Al-Qaeda se divide en dos niveles: uno vertical y jerárquico -cuya cabeza es Ben Laden- y otro horizontal, integrado por 24 grupos.
En cuanto a la estructura jerárquica, consta de cuatro comisiones: de asuntos militares, jurídica para las cuestiones religiosas, financiera y de informaciones.
Además, Al-Qaeda tendría un servicio secreto cuyo jefe sería Mohammed Mussa.
Los miembros fundadores de la agrupación fueron, principalmente, árabes afganos que en la década del 80 ayudaron en Afganistán a los mujahidines a luchar contra las fuerzas de ocupación soviéticas.
Ben Laden habría formado a estos árabes afganos en sus propios campos de entrenamiento. En esa época se originó la estrecha relación entre el terrorista y los talibanes. Según los servicios secretos de los Estados Unidos, Al- Qaeda se dedica a las actividades terroristas desde 1992.
Por Michael R. Gordon De The New York Times

DOCTRINA POWELL QUEDÓ A UN LADO 2001

La doctrina Powell quedó a un lado

La idea de atacar masivamente en un conflicto limitado parece ahora descartada
Diario "La Nación". Buenos Aires, Lunes 08 de octubre de 2001
WASHINGTON.- Ya hay una víctima en la guerra contra el terrorismo que enfrenta la administración Bush: la muy alardeada doctrina Powell.
Durante varias administraciones demócratas y republicanas, era ar- tículo de fe que las fuerzas militares, cuando se utilizaban, debían ser aplastantes e inexorables. Washington no haría un solo disparo antes de tener claro su objetivo político y un plan para sacar sus fuerzas del campo de batalla.
Bush tiene claro el fin político: la erradicación de la red terrorista de Al-Qaeda y de los cabecillas del régimen talibán que la apoyan. Pero antes de que el Pentágono disparara un solo misil contra Ben Laden y sus anfitriones de Afganistán, ya había señalado que su plan militar sería guiado por un conjunto de reglas totalmente novedosas.
La guerra que el Pentágono está luchando tiene que ver más con fuerzas especiales que con las de poderío bélico. Mientras que los ataques aéreos son una parte importante del plan, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ha destacado que el Pentágono tendrá una "actitud prudente".
En parte, la actitud del Pentágono proviene de los particulares desafíos que representa ir a la guerra contra Ben Laden y sus partidarios talibanes. Los planes del Pentágono también reflejan una más amplia estrategia política. El gobierno está tratando de dejar claro que su lucha es contra los terroristas y no contra el pueblo afgano. Por eso, lanzar alimentos a los refugiados hambrientos es tan importante como los ataques con bombas guiadas por láser.
Queda también claro que la doctrina Powell parece inapropiada ante las muchas amenazas terroristas que los Estados Unidos pueden tener que enfrentar en los años futuros. Esos individuos pueden bien formar pequeñas células esparcidas entre las poblaciones civiles y el mejor modo de combatir al enemigo podría ser con bombardeos sorpresivos y ataques comando.
La doctrina Powell nació de las antiguas frustraciones militares norteamericanas en Vietnam. En esa guerra, los Estados Unidos realizaron una escalada gradual de la fuerza y declaraban períodos de pausa en su campaña de bombardeos. Eso dio a los diplomáticos tiempo para tratativas y a los enemigos, tiempo de recuperarse para una nueva lucha.

Desde Vietnam

Una generación de oficiales norteamericanos terminó el conflicto prometiendo no luchar de esa manera nunca más. Colin Powell -joven oficial en Vietnam que llegó a ser jefe del Estado Mayor y hoy, secretario de Estado- era uno de ellos.
Si la fuerza norteamericana tiene que ser usada, se dijo, debe ser poderosa y terminante. El poder militar norteamericano sería como una tormenta eléctrica, fuerte pero breve, y preferentemente sin compromisos que compliquen la acción.
Powell adelantó esta visión en una entrevista antes de la asunción de Bush. "Una vez que se ha establecido un claro objetivo político, me parece que es muy apropiado concretarlo, si se requiere la fuerza militar, de una manera decisiva", manifestó. A pesar de que habló de la utilidad del poder aplastante, el secretario Powell a veces manifestó que el punto verdaderamente importante es que el poder militar norteamericano necesita ser terminante y utilizado sólo cuando los objetivos políticos estén claros.
Aun así, se supone que cuanta más fuerza se tenga, más se aumentan las probabilidades de éxito. Pero, incluso antes de la campaña contra el terrorismo, ha quedado claro que la doctrina Powell tiene sus limitaciones.
La doctrina a veces ha sido una guía insuficiente para las enmarañadas políticas de la post-Guerra Fría y de hecho frenó a los Estados Unidos en su intervención en Bosnia cuando las matanzas étnicas se desencadenaron. Entonces, el general Powell le dijo al presidente Bush padre que los Estados Unidos necesitarían desplegar cientos de miles de tropas para dominar la lucha en Bosnia, y el primer mandatario puso reparos.
Seguramente, hay casos en que el modelo Powell podría ser útil. El gobierno de Bush ha dejado claro que no está solo detrás de los terroristas, sino que también atrapará a los gobiernos que los asilan. En esos casos, el ejército norteamericano puede ser también aplastante y terminante e incluir todas las herramientas del instrumental, como lo explicó Powell durante la Guerra del Golfo.

Anacronismo

Pero en muchos casos la doctrina Powell parece ser un anacronismo.
"Las actitudes no convencionales, obviamente, son más posibles y apropiadas que las típicamente tradicionales -dijo Rumsfeld al referirse a Afganistán-. No hay objetivos de alto valor. No hay ataques marítimos. No hay tierras para ocupar."
El subsecretario de defensa Paul D. Wolfowitz ya había sugerido que los ataques aéreos serían usados para forzar a Ben Laden y a sus seguidores a salir de sus refugios para así poder seguirlos, capturarlos y atacarlos.
En un sentido más general, Rumsfeld comparó la lucha antiterrorista con la estrategia que Washington realizó para contener el poder soviético durante la Guerra Fría. En una afirmación bastante poco favorable a la posición de Powell, advirtió que no había una clara estrategia de retiro.
"La Guerra Fría tomó más o menos 50 años -afirmó Rumsfeld durante su viaje a El Cairo, esta semana-. No significó grandes batallas. Implicó una continua presión, una continua cooperación de muchas naciones. Y cuando terminó, no lo hizo con un gran impacto, sino con un colapso interno. Me parece que puede ser la manera más apropiada de pensar lo que estamos enfrentando aquí, y no en un conflicto mayor."
Traducción: María Elena Rey

EE.UU. BUSH 2001. AFGANISTAN El riesgo de una guerra en fases que puede resultar insuficiente

El riesgo de una guerra en fases que puede resultar insuficiente

Primeras impresiones del conflicto
LA NACION, Lunes 08 de octubre de 2001
La primera fase de la operación Libertad Duradera comenzó ayer sin que otra cosa, excepto el calendario, que permita hasta ahora proclamarla como la primera guerra del siglo XXI.
Los datos que pueden recogerse de las poco informativas conferencias de prensa del Pentágono y, al igual que una década atrás, de la infrarroja pantalla de la CNN, permiten dilucidar que las oleadas iniciales de bombardeos no ofrecieron ninguna sorpresa ni nada mucho más importante: la contundencia necesaria para neutralizar un contraataque terrorista.
Hasta donde se sabe, los blancos atacados parecen previsibles, propios de un conflicto convencional, y no tan apropiados para destruir a un enemigo invisible: centros de control aéreo, instalaciones de radar, posiciones antiaéreas. El propio secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, admitió ayer que en verdad no hay muchos blancos que destruir en Afganistán.
También se ha anunciado un ataque con misiles a bases de entrenamiento terroristas. Sin embargo, basta repasar las lecciones de la Guerra de Vietnam -así como las de la ocupación soviética de Afganistán- para saber que la destrucción de los santuarios del terrorismo no garantiza la eliminación de la amenaza de un enemigo atomizado en células, oculto en pedregosos refugios de montaña o disimulado entre la población civil de ciudades tan diversas como Kandahar y Kabul o Londres, Hamburgo y Nueva York.

El contraataque

Es probable, y al mismo tiempo inquietante, sospechar que mientras las armas inteligentes destruyen un campamento de Al-Qaeda en el sur de Afganistán, otras células ya estén listas para contraatacar en Occidente con una destrucción aún más devastadora que la mostrada en los ataques del 11 de septiembre a las Torres Gemelas y el Pentágono.
Por eso se percibe como algo imprescindible la neutralización de la amenaza en el plazo más corto posible. En términos boxísticos, la guerra contra el terrorismo, al igual que un conflicto nuclear, debe ser contundente desde el primer golpe. De lo contrario, el enemigo podrá levantarse y devolverlo. En este sentido, la primera jornada de la guerra parece haber estado más destinada a dejarles claro a los talibanes que los Estados Unidos hablan en serio cuando reclaman la entrega de Ben Laden que a alcanzar cuanto antes aquel objetivo.
Desde el punto de vista estrictamente bélico, no hubo sorpresas. En esta primera fase, al igual que en conflictos anteriores, como el Golfo o Kosovo, se ha optado por atacar desde lejos, utilizando misiles crucero Tomahawk disparados desde submarinos en el océano Indico y bombardeos capaces de lanzar su carga letal a kilómetros del blanco y fuera del alcance de las baterías antiaéreas.
No debe descartarse otra clase de acciones, aéreas o terrestres. Sin duda las habrá. Pero la guerra contra el terrorismo extendida en varias fases (todo lo contrario a la doctrina Powell, que desde la invasión a Panamá en 1989 prefería la contundencia inmediata) entraña un riesgo demasiado alto.

La nueva vedette

Toda guerra tiene su vedette , y parece que el bombardeo B-2 Spirit será la de ésta. Aunque tuvo su bautismo de fuego en marzo de 1999, durante el conflicto de los Balcanes, ya se destaca en la campaña aérea comenzada ayer.
Es el avión de combate más caro del mundo (2,3 millones de dólares cada uno) y, considerado la joya de la fuerza aérea estadounidense, sólo se han construido 21 unidades. Pero la tecnología que lo torna más indetectable al radar que cualquier otro aparato también le juega en contra: requiere mucho mantenimiento, su recubrimiento de ferrita es sensible a la lluvia y debe ser guardado en hangares especiales. Por eso, debe operar directamente desde bases en los Estados Unidos en misiones de 30 horas de vuelo ininterrumpido.
También se están utilizando bombardeos B-1 y los infaltables B-52, reliquia de la Guerra Fría que confirma que las tácticas empleadas hasta ahora tienen más del siglo XX que del nuevo milenio.
En tanto, al tiempo que los talibanes ya han llamado a la jihad , resulta paradójico que mientras el Pentágono utiliza misiles y bombardeos que operan a 15.000 metros del suelo afgano, como procurando evitar cualquier riesgo de derribo, los F-16 deben sobrevolar constantemente el cielo de Washington y de Nueva York porque, por el momento, el verdadero frente de la primera guerra del siglo XXI sigue estando en casa.

EE.UU. BUSH 2001 Bofetadas al imperio norteamericano

Bofetadas al imperio norteamericano

Diario LA NACION.Jueves 10 de mayo de 2001
El odio a los imperios es una constante de la historia. Es que los imperios no nacieron para ser amados. Una de sus funciones ha sido, al contrario, servir como blancos preferidos de las frustraciones humanas. "¿Por qué hemos fallado, por qué vivimos mal?", se han preguntado una y otra vez los pueblos periféricos. La respuesta siempre fue: "por culpa del imperio".
La cuestión no es entonces cuán explotadores han sido los imperios y si algunos lo fueron más que otros, porque "todos" ellos han cumplido la función de cargar sobre sus hombros la inmensa carga de la frustración universal.
Los Estados Unidos, el más reciente de los imperios, acaban de ser excluidos de la Comisión de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas con sede en Ginebra por primera vez desde su fundación en 1947. De las 53 naciones que votaron para renovar la Comisión, sólo 29 los apoyaron. No fue suficiente. Como los países del Atlántico Norte sólo poseen tres asientos en la Comisión, Francia con 52 votos, Austria con 41 y Suecia con 32, los superaron.
El agravio fue aún más fuerte, porque 43 gobiernos les habían prometido su voto a los estadounidenses. Pero 14 gobiernos los traicionaron. No se sabe cuáles, por cuanto el voto es secreto.

Imperio y democracia

Lo que más asombra no es que algunas naciones aprovecharan la ocasión para expresar sin costo, gracias al secreto del voto, su odio al imperio. Lo que más asombra es el asombro de los estadounidenses, que se repitió casi de inmediato cuando las Naciones Unidas también excluyeron a los Estados Unidos de la Oficina Internacional de Control de Drogas, nuevamente por primera vez desde 1947.
Del presidente Bush para abajo, los norteamericanos se han quejado amargamente por la "ingratitud" de los países que los abandonaron. ¿Cómo? ¿Es que todavía no aprendieron que los imperios no han nacido para ser amados?
Pero los imperios nunca se definieron a sí mismos como explotadores sino como salvadores. Su justificación más frecuente fue que aseguraban la paz en un mundo de otro modo caótico. Los romanos, exaltaban la pax romana . Los británicos, la pax britannica .
Los estadounidenses se autojustifican con una ambición todavía más alta que la paz universal. Después de haber vencido en la Guerra Fría, no sólo ofrecen la pax americana porque, fieles a la consigna que lanzó el presidente Wilson al culminar la Primera Guerra Mundial, creen que su misión es "construir un mundo seguro para la democracia".
De ahí que su expulsión de la Comisión de Derechos Humanos les suene como una afrenta. ¿No es esta comisión la encargada de velar porque en el mundo impere la democracia?

La segunda bofetada

Al ser expulsados de la Comisión, los Estados Unidos recibieron dos bofetadas. Una de ellas, la más sonora, es la menos grave. Naciones antidemocráticas pero periféricas como Cuba e Irán, cuyas prácticas antidemocráticas habían sido condenadas por la Comisión a instancias de los Estados Unidos, hicieron oír su regocijo. Sin los Estados Unidos y con miembros como Sudán, Pakistán y Togo, que se destacan por su desprecio por los derechos humanos, ¿puede esperarse acaso que la Comisión continúe militando en el futuro por la democracia?
Pero los analistas de la votación señalan que ella no habría sido posible sin la complicidad de votantes europeos. Algunos sugieren que la Unión Europea no está enojada con los Estados Unidos sino con el presidente Bush, cuya arrogancia ha querido "castigar" por oponerse a iniciativas que Europa sostiene, como el tratado de Kyoto contra la contaminación y la formación de una corte penal internacional.
Otros sugieren en cambio que los europeos van más allá porque su intención no es sólo castigar a Bush sino recuperar el centro de la historia que perdieron en las dos "guerras civiles" de 1914-1918 y 1939-1945 que abrieron las puertas del imperio estadounidense. ¿No es recuperar ese centro el objetivo fundamental de la Unión Europea?
Esta, más peligrosa, es la segunda bofetada que resonó en Ginebra. A ella, desde afuera de la Comisión pero hasta ahora condenada por ella, vino a sumarse China, la gran nación transgresora de nuestro tiempo. En el caso de los chinos y los europeos, ya no se trata sólo de odiar al imperio. La idea es llegar, un día, a reemplazarlo.

EE.UU. BUSH 2002 ADMITEN ERRORES DE EE.UU. EN LA LUCHA ANTITERRORISTA

Diario "La Nación". Buenos Aires, 22 de abril de 2002.

ARMAS QUÍMICAS 2002 La amenaza de las armas químicas

La amenaza de las armas químicas

Por Enrique Rodolfo Dick 
Para LA NACION,Lunes 30 de diciembre de 2002


Las desgarradoras imágenes de mujeres y niños muertos en el Kurdistán en 1987 y el dramático rescate de víctimas del gas sarín en el subterráneo de Tokio golpearon la conciencia colectiva. Desde entonces, las armas de destrucción masiva dejaron de ser un tema reservado a los técnicos y estrategos de alto nivel para convertirse en una causa de temor y angustia colectiva en vastas regiones del globo.
Desde la Primera Guerra Mundial (1914-1918), los gases asfixiantes formaron parte del arsenal de los beligerantes y más de 100.000 muertos fueron el saldo de su empleo en los campos de batalla. China, invadida por Japón, y Abisinia, por Italia, constituyeron los siguientes escenarios del horror, donde la inerte población civil fue la víctima principal de esas armas letales.

Durante la Guerra Fría, las superpotencias acumularon vastos arsenales de armas químicas, consideradas como opción a un holocausto nuclear. En 1997, los Estados Unidos tenían 28.000 toneladas de esos agentes, contra 40.000 de la Unión Soviética, listos para su empleo operacional pero sin que las dos grandes potencias fuesen los poseedores exclusivos de ese siniestro armamento, considerado "la bomba atómica de los pobres" por su capacidad de destrucción y su bajo costo.
La amenaza latente llevó finalmente, en 1993, tras largas negociaciones, a la firma de la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, la Producción, el Almacenamiento y el Empleo de Armas Químicas y sobre su Destrucción (CAQ), que tiene como objetivo su eliminación total para 2007.

La Argentina fue uno de los primeros signatarios del tratado, que obtuvo sanción parlamentaria y se convirtió en ley nacional en 1997. Así, la Argentina se constituyó, junto con otras 147 naciones, en Estado parte de la Convención, sobre un total de 174 firmantes.
El órgano ejecutor del tratado es la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), con sede en La Haya, entre cuyos 500 miembros hay diplomáticos, especialistas en armas, ingenieros, químicos, analistas y científicos.

El papel desempeñado por nuestro país en el campo del desarme fue reconocido en julio pasado, con la designación del embajador Rogelio Pfirter como director general de esta organización única en su tipo. Otro argentino, el coronel Carlos Hugo Trentádue, ingeniero en la especialidad química de la Escuela Superior Técnica del Ejército, integra ese organismo desde 1997 como especialista en el área de logística y producción. En 1999 fue nombrado jefe de Equipos de Inspección y a partir de 2000 fue promovido a director y jefe del Departamento de Evaluación de Declaraciones, donde tiene a su cargo personal oriundo de veintisiete países, principalmente analistas e ingenieros.
Hasta ahora, once países han reconocido tener o haber tenido capacidad para la producción de armas químicas en 61 plantas en todo el mundo; seis declararon tener almacenada munición de este tipo, y nueve, poseerla desde antes de 1946. También han declarado 43 plantas industriales de destrucción, proyectadas o en operación, y, finalmente, 55 naciones reconocieron tener 5000 centros susceptibles de fabricar o de procesar sustancias que pudieron servir para la elaboración de armas químicas.
La OPAQ verificó la destrucción de plantas productoras de armas químicas en siete países, mientras que las remanentes fueron inspeccionadas y clausuradas, y están sometidas a un régimen de inspecciones hasta que sean eliminadas. Se estima que alrededor del 50 por ciento de la capacidad mundial de producción de este tipo de armamento fue ya destruida.
Las 1500 inspecciones practicadas por la OPAQ en 50 países, incluyendo la Argentina y sus vecinos, en los primeros cuatro años desde su creación son una muestra de eficiencia en el dominio del desarme que pocas organizaciones internacionales pueden emular.
Sin embargo, todavía queda mucho por hacer: resta destruir unos seis millones de municiones y 60.000 toneladas de sustancias químicas producidas con fines bélicos, cuya eliminación de manera compatible con los requerimientos ecológicos es sumamente onerosa. Los Estados Unidos tienen un presupuesto asignado a este programa que supera los 15.000 millones de dólares y el de Rusia oscila en los 7000 millones.
Uno de los países que no firmaron el tratado es Irak. En este caso, las Naciones Unidas han creado un organismo especial, la Comisión de las Naciones Unidas para el Monitoreo, Verificación e Inspección (Unmovic), para ejecutar el mandato dispuesto por la resolución 1284 del Consejo de Seguridad. Cinco oficiales del Ejército representan a nuestro país en los cuadros de inspectores.
Pero el éxito inicial de la Convención no debe dar lugar a hacerse demasiadas ilusiones: el bajo costo de producción y la capacidad letal de las armas químicas son una tentación permanente para cierto tipo de países, que contemplan su empleo como un sucedáneo de los artefactos nucleares.
Por eso la campaña para lograr que las naciones renuentes firmen el tratado, la verificación y destrucción de plantas productoras y la creación de una conciencia internacional contra el empleo de se tipo de armamento constituyen el desafío que deben enfrentar la organización y los Estados que la integran.
El autor es coronel, ingeniero militar en armamentos, director general de Proyectos de las Fuerzas Armadas-Citefa.

C.I.A. 2002 Yemen: polémica por el rol de la CIA.

Yemen: polémica por el rol de la CIA

Cuestionan el ataque de los EE.UU. porque hay dudas si tuvo el aval del país árabe
Diario "La Nación". Buenos Aires, Miércoles 06 de noviembre de 2002



WASHINGTON.- La muerte en Yemen de seis presuntos miembros de la red Al-Qaeda, alcanzados el domingo último por un misil en una operación atribuida a la CIA, marca una nueva etapa en la guerra contra el terrorismo lanzada por los Estados Unidos desde hace más de un año.
Los principales canales de televisión estadounidenses revelaron que fue un avión de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA) el que disparó el misil que destruyó un vehículo en el que viajaban los presuntos terroristas a unos 160 km de Sanaa, la capital de Yemen.


Entre ellos, según el Pentágono, se contaba Qaed Salim Sinan al-Harethi -alias Abu Ali-, uno de los principales organizadores del atentado perpetrado en octubre de 2000 contra el destructor norteamericano USS Cole, que dejó 17 marinos muertos.
Al-Harethi había eludido la captura durante meses ocultándose en el desierto yemení y en aldeas remotas, dijeron ayer fuentes de seguridad. Según la televisión estadounidense, su cadáver fue identificado gracias a una marca que tenía en una pierna.


"Era el más alto dirigente de Al-Qaeda en Yemen y figuraba entre los diez líderes más importantes de Al-Qaeda en el mundo", dijo un funcionario del Ministerio de Defensa que pidió el anonimato. Por su parte, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, opinó anteayer que "está muy bien que (Al-Harethi) haya sido eliminado".
Con este ataque, según el periódico The Financial Times, "Estados Unidos ingresó en una zona gris del derecho internacional y demostró que usará tácticas más agresivas y controvertidas para defender sus intereses en el extranjero que las que ha usado a lo largo de su historia".


"Estados Unidos pudo haber violado o no el derecho internacional. La respuesta depende de si el gobierno yemenita aprobó el ataque", dijeron abogados especializados a dicho diario.

"Situaciones diferentes"

Sin confirmar la operación de la CIA en Yemen, el vocero del Departamento de Estado norteamericano, Richard Boucher, aclaró ayer que dicho ataque y el accionar de Israel contra objetivos palestinos "son situaciones diferentes". Por su parte, el gobierno yemenita se limitó ayer a decir que se encuentra investigando la explosión, pero evitó discutir versiones de que se debió a un proyectil Hellfire disparado desde un Drone (avión sin piloto) de la CIA. Tampoco hubo comentarios de dicha agencia ni repercusiones de otros países.
La cooperación del gobierno con las autoridades estadounidenses en la guerra antiterrorista es una cuestión delicada en esta nación árabe, que Estados Unidos considera un refugio para los miembros de la red Al-Qaeda.
Sin embargo, desde el atentado a principios de octubre último contra un petrolero francés cerca de Yemen, la cooperación entre ambos países se reforzó, según un funcionario del Pentágono.Funcionarios yemenitas dijeron que están cooperando estrechamente con los norteamericanos. Uno de ellos dijo que la inteligencia yemenita vigiló la propiedad de Al-Harethi durante meses "y brindó a los norteamericanos toda la información que tenía". Además, la utilización de un avión del tipo Predator para identificar y destruir un blanco muestra que la cooperación entre los dos países puede ser mayor que lo confesado oficialmente.
Agencias AFP y AP

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Diario "La Nación". Buenos Aires, Miércoles 06 de noviembre de 2002