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sábado, 8 de noviembre de 2014

VATICANO. JUAN PABLO II SE ENTREVISTA POR PRIMERA VEZ CON LA MÁXIMA AUTORIDAD RELIGIOSA DEL JUDAISMO



Juan Pablo II y los "hermanos mayores"


Por Mario Eduardo Cohen
Para LA NACION.
Ubiquémonos por un momento en una solemne sala del Vaticano. Allí el papa Juan Pablo II recibe a una de las más altas autoridades religiosas del judaísmo, el gran rabino del Estado de Israel, Meir Lau. La formal entrevista se lleva a cabo en fraternal marco y queda espacio para el relato anecdótico. Entonces el religioso judío narra al Sumo Pontífice un hecho acaecido hace largas décadas en una ciudad europea. Le cuenta que, luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, una señora católica se dirigió al párroco de su pueblo, para hacerle una consulta. Ella tenía a su cuidado, desde los días de la guerra, a un pequeño, judío. Los padres de éste, desaparecidos en el trágico infierno de la masacre nazi, habían previsto para él un futuro en la tierra de Israel. La señora se encontraba ante una encrucijada y pedía al sacerdote católico un consejo. El párroco tuvo una pronta y comprensiva respuesta: "Se debe respetar la voluntad de los padres". El citado niño judío fue enviado al entonces naciente Estado de Israel, donde se criaría y educaría.
La anécdota resultaba muy interesante para Karol Wojtyla. Y pasó a ser más conmovedora aún cuando el gran rabino le aclaró la identidad de aquellas personas: "Usted, Eminencia, era ese párroco católico. Y ese niño huérfano... era yo". Los protagonistas de este diálogo han vuelto a encontrarse, ahora en Jerusalén y en la sede del Gran Rabinato, y seguramente recordaron la anécdota.

Juan el Bueno

Las relaciones judeo-católicas han tomado en los últimos cuarenta años un giro muy alentador, que nace con el papado de Juan XXIII, conocido por todos como Juan el Bueno. La convocatoria del Concilio Vaticano II fue uno de los hechos centrales que marcaron un rumbo de apertura de la Iglesia y señalaron el camino de las relaciones ecuménicas. Hasta tal punto, que muchos autores que estudian las relaciones entre hombres y grupos han indicado que el principio de equidad en los estilos de comportamiento, que consiste en escuchar el punto de vista de los demás y darles de ese modo el respeto y la participación necesarias para el diálogo, ha tenido su más alto exponente en Juan XXIII.
En Nostra aetate (el documento concluido por el Concilio Vaticano II en 1965), la Iglesia Católica inicia el camino de reconciliación con el judaísmo. Este documento exonera a todos los judíos (de la época y de las precedentes) de supuesta culpabilidad colectiva por la muerte de Jesucristo.
Pero es el papa Juan Pablo II el que se ha convertido en el artífice de la convivencia entre las dos más antiguas religiones monoteístas. No sólo condenó una y mil veces el antijudaísmo (al igual que cualquier otra expresión discriminatoria), sino que la relación entre católicos y judíos alcanzó su mejor punto de concordia, cuando en 1994 el joven Estado de Israel pasó a tener su primer embajador en el Vaticano (el diplomático israelí Shmuel Hadas, nacido en el Chaco, República Argentina). Justamente de este funcionario queremos repetir su concepto sobre Juan Pablo II: "Ha sido el primer papa que puso a la Iglesia Católica frente a las responsabilidades históricas con los judíos".
Entre otros hitos significativos, se puede recordar la primera visita de un pontífice a una sinagoga, en 1986. Fue nuevamente Juan Pablo II el que dio ese trascendental paso de aproximación. En el templo hebreo saludó a los feligreses con palabras que pronto se volvieron célebres: "Los judíos son nuestros amados hermanos y, en cierto sentido, son en verdad nuestros hermanos mayores [en la fe]". La repercusión fue enorme en todo el mundo. Pero nos interesa repetir lo escrito entonces por un diario local: "Se necesitaron muchos siglos para que un papa se decidiera a franquear los pocos centenares de metros que separan el Vaticano de la Gran Sinagoga de Roma". Esta política ecuménica ha constituido uno de los hechos más salientes de las últimas décadas del siglo XX. Y, con la visita que esta semana efectúa el Papa al Estado de Israel, este proceso llega a su culminación.

Los crucificados

Paralelamente a la actividad diplomática, la actual gestión papal realiza los más precisos análisis del dogma y señala sin eufemismos los dictámenes equivocados de los tiempos del desencuentro. Así, por ejemplo, cuando hace un par de años en el vía crucis del Viernes Santo, el padre Raniero Cantalamessa sentenció, en presencia del Sumo Pontífice: "Los judíos han sido crucificados por nosotros durante demasiado tiempo [...]; el antisemitismo no nació de la fidelidad sino de la infidelidad a las Sagradas Escrituras". Es de destacar el alto compromiso y excepcional significado de aquellas palabras del predicador papal en esa trascendente jornada de la cristiandad. Otro avance, si bien parcial, lo constituye el nuevo documento La Iglesia y las culpas del pasado y el pedido de perdón público del 12 de este mes. De todas maneras, vale recordar que este proceso no ha sido unidireccional. Hemos sido también testigos de pronunciamientos papales contradictorios, como el proceso de beatificación de Pío XII, la beatificación de Edith Stein, la cristianización del Holocausto.
El papa actual recuerda constantemente que las fuentes de las que ha bebido el cristianismo han sido judaicas. Los puntos en común entre ambas religiones reveladas y monoteístas son muchos: la creencia en un Dios creador; la descripción de éste como omnisciente y omnipotente; oraciones y ritos analogables. Sin embargo, el trato de los cristianos a los judíos ha sido hasta este siglo -exactamente hasta el advenimiento de Juan XXIII- hostil, cuando no decididamente traumático. Así lo reconoce el documento La Iglesia y las culpas del pasado : "La hostilidad o la desconfianza de numerosos cristianos hacia los hebreos a lo largo del tiempo es un hecho histórico doloroso".

Agonía inmortal

Nuestro Jorge Luis Borges tuvo también aquí las palabras más exactas, cuando en su poema dedicado a Rafael Cansinos Asséns definió el carácter del pueblo judío como "inmortal en su agonía". Y en otro párrafo de su obra, concluye: "Durante siglos, en toda Europa, el pueblo elegido fue confinado en barrios que tenían algo o mucho de leprosarios y que, paradójicamente, fueron invernáculos mágicos de la cultura judía".
Los judíos han sufrido por siglos la intolerancia, la discriminación, la persecución. En distintos momentos y geografías fueron expulsados, confinados, deportados o masacrados en países y reinos cristianos. De la vida confinada en los guetos del este europeo del siglo XIX, donde se sufrían los pogroms (ataques masivos) de los antisemitas, se llegó en el siglo XX al más alto nivel de osadía persecutoria. Fue el intento de genocidio llamado incorrectamente Holocausto (porque esta palabra designa un sacrificio de naturaleza religiosa). El nombre hebreo Shoá , que remite a la aniquilación, es el más ajustado. Seis millones de judíos (entre ellos 1.200.000 niños; un tercio de la población judía del mundo) fueron exterminados por la Alemania nazi y sus esbirros.
Un documento del Vaticano, Recordamos. Una reflexión sobre la Shoá , de 1998, fue muy elocuente al respecto (si bien, en opinión de muchos judíos, es un texto aún insuficiente): "Recordar este terrible drama significa tomar plena conciencia de la necesidad de evitar que las semillas infectas del antijudaísmo y del antisemitismo penetren el corazón de los hombres". A su vez, en La Iglesia y las culpas del pasado se cuestiona: "¿Ofrecieron los cristianos toda la asistencia posible a los perseguidos, en particular a los hebreos?" Por todo esto, un aspecto también esencial de la visita de esta semana de Juan Pablo II a Jerusalén lo constituye su recorrido por el Memorial del Holocausto ( Yad Vashem ).
Sintetizando, el saldo de la relación entre el catolicismo y el judaísmo es positivo cuando acercamos la lente a los últimos cuarenta años. Especialmente cuando apreciamos que, aunque falta mucho para acabar con todos los prejuicios, hay diálogo entre las más altas jerarquías de ambas religiones.
Los feligreses de estas dos religiones (junto con los cristianos ortodoxos y protestantes) se hallan actualmente, como el resto del mundo, acechados por un extremo individualismo, un exacerbado egoísmo, un exagerado consumismo. La coexistencia de extrema riqueza y extrema pobreza suele originar un marco de manifiesta violencia. Para que el envilecimiento no crezca, es urgente el retorno a las fuentes éticas. Lo que bien puede constituir una solución para que la convivencia gane por igual a los hombres de buena voluntad de cualquier credo, color o ciudadanía. .
Mario Eduardo Cohen es presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (Cidicsef) y autor del libro América colonial judía .

UNION DE REPÚBLICAS SOCIALISTAS SOVIÉTICAS. Mapa

70 AÑOS DE PODER SOVIÉTICO.Editorial de la Agencia de Prensa Soviética Novosti. Moscú, 1987.

martes, 4 de noviembre de 2014

RUSIA. BIBLIOGRAFIA


TEORÍA DE LOS JUEGOS. AVANZA POR LAS AULAS UNIVERSITARIAS.

iECO. Diario Clarín . Buenos Aires, 15 de julio de 2012.

La teoría de los juegos avanza por las aulas universitarias

FORMACION TENDENCIASPrimer tuvo aplicación en Economía, pero ahora también se enseña en Derecho, Ciencias Políticas y otras ciencias sociales.
  • Gabriela Samela
Es la nueva matemática de las ciencias sociales”. Así define Federico Weinschelbaum, profesor en la Universidad de San Andrés, a la teoría de los juegos. El autor del artículo “Cincuenta años de teoría de los juegos y sus aplicaciones a la economía” señala que este herramental teórico se está diseminando “para estudiar una gran cantidad de fenómenos sociales”. En las universidades, de la currícula de Economía, la teoría de los juegos pasó a Administración, Ciencias Políticas, Relaciones Internacionales y Derecho, entre otras ciencias sociales.
Desarrollada por matemáticos, la teoría de los juegos permite estudiar situaciones en las cuales interactúan varios agentes cuyas decisiones pueden o no tener éxito según las decisiones que tome el resto. Aunque el modelo puede rastrearse en los estudios sobre oligopolios de la primera mitad del siglo XIX, es a partir de la década de 1940, con los aportes de von Neumann y Morgenstern, que se desarrolla plenamente como una rama de la Economía.
“A fines de los años 70 se empieza a aplicar esta teoría en organización industrial”, señala Weinschelbaum. Desde entonces, sus aplicación se amplió a todo tipo de campos. Así, en 2005, Thomas Schelling y Robert Aumann recibieron el premio Nobel de Economía por el uso de la teoría en temas como seguridad global, segregación racial o las conductas en un embotellamiento.
“Una derivación de la teoría de los juegos es la teoría de subastas”, ejemplifica Weinschelbaum. “Permite analizar cómo se organiza una subasta para que sea eficiente, para que el ingreso esperado del vendedor sea el más alto posible, cómo organizan los gobiernos licitaciones para obtener el menor precio posible, etcétera”, agrega.
En el campo de la Administración, “las aplicaciones se concentran en tres áreas: estrategia, estructura organizacional y comportamiento organizacional”, aporta, por su parte, Nicolás Bacque, director de la carrera de Administración y Sistemas del ITBA. Allí la teoría de los juegos se usa, sobre todo, para negociación. “Es muy útil cuando tenés una cantidad acotada de actores que se influyen mutuamente”, indica Bacque.
En la Escuela de Economía de la UCA se dictaron cursos de posgrado sobre la teoría y se incluyó una materia específica en la carrera de Economía desde 2002. “La teoría de los juegos también tiene aplicación en macroeconomía: en las disputas de salarios, aumentos de precios y emisión de dinero, por ejemplo, hay un juego de anticiparse a lo que va a hacer la otra parte para sacar el mayor beneficio posible”, explica Guillermo Sabbioni, director de la carrera. En Ciencias Políticas, tiene aplicación para analizar “comportamientos de los partidos políticos”, dice Diego Ríos, coordinador académico del curso de posgrado sobre teoría de los juegos. También es aplicable “en cualquier disciplina donde la interacción estratégica sea relevantes, desde la Biología al Derecho”, agrega el académico.

CAPITALISMO. DESPUÉS DEL NEOLIBERALISMO. FUENTES CARLOS

EL MUNDO / América Latina

Después del neoliberalismo

La onda del capitalismo como fin en sí mismo está profundizando las diferencias entre ricos y pobres de la región. Un documento inteligente y creativo elaborado por Jorge Castañeda y Roberto Mangabeira Unger no busca humanizar las políticas en boga, sino proponernos la democratización de la economía de mercado







México.- EN una obra capital, Después del milagro, el gran novelista e historiador mexicano Héctor Aguilar Camín describe la sucesión de techos que han protegido de un sol demasiado furioso a las sociedades mexicanas. Techo alto y paternalista de los Austrias. Techo bajo y sofocante de los Borbones. Y, a partir de la independencia, búsqueda desesperada del nuevo techo protector cuando, para afirmar nuestra libertad, les dimos la espalda a las herencias multiculturales, indígenas, africana e ibérica, a fin de ser, cuanto antes, "modernos".
Huérfanos de la razón y el progreso, los latinoamericanos, desde el siglo XIX, hemos recorrido ávidamente las rutas de la ilustración y el positivismo, del marxismo y el neoliberalismo.
En nuestro afan de comunión nos hemos tragado todas las hostias, así fuesen del tamaño de una carreta. Y si las cosas nos salen mal, no tardamos en denunciar al demonio que nos desvió de la ruta hacia la tierra prometida del desarrollo, la democracia y la justicia. Nos cuesta admitir que somos nuestro propio diablo y que, como en el poema de William Blake, somos puerta de nuestro propio infierno y de nuestro propio paraíso.
La virtud del documento elaborado por Jorge Castañeda y Roberto Mangabeira Unger, con aportaciones de un distinguido grupo de políticos y politicólogos, y titulado Alternativa latinoamericana, es que radica las soluciones en nosotros mismos, aunque los problemas tengan una dimensión internacional -o, para estar a la moda, "global"-. Desde el siglo XVI, nuestro primer escritor mestizo, el Inca Garcilaso, lo dijo ya: "Mundo sólo hay uno". Los autores retoman esta premisa, pero critican las políticas neoliberales que, en nombre de la fatalidad globalizante, privan a los Estados nacionales de su soberanía en favor de poderes privados dotados de mayor fuerza que cualquier Estado.
Digo, de paso, que no soy partidario del término neoliberal porque siento que degrada una noble tradición política, el liberalismo, que si, teóricamente, se identificó durante el siglo pasado con las políticas de laissez faire, históricamente se identifica, en México, con Benito Juárez; en España, con Benito Pérez Galdós, y aun hoy, en los Estados Unidos, con los seguidores de las políticas sociales del New Deal.
Roosevelt y el joven Lyndon Johnson, que apoyó desde el comienzo el New Deal
Hablemos, mejor, de un capitalismo, hirsuto o bien peinado, no importa, que no reconoce fronteras o leyes superiores a su propia dinámica de mercado. El mercado como fin en sí mismo, no como medio para alcanzar riqueza y bienestar para las personas y la sociedad. "Salimos del zoológico para entrar en la selva", dijo Milos Forman del paso del comunismo totalitario a un capitalismo anárquico en Checoslovaquia. A ese capitalismo enderezan sus críticas, Castañeda y Mangabeira: en un mundo en el cual circulan diariamente mil trescientos millones de dólares sin finalidad productiva, "la lógica financiera y especulativa tiende a dominar las economías nacionales". El poder público, en consecuencia, se somete a esta "lógica", aplicada en América latina con el fervor antes reservado al tomismo o al positivismo, es decir, con más fidelidad que en sus propios países de origen, dado que el capitalismo japonés, el europeo y aun el norteamericano tienen frenos, equilibrios, sanciones y capítulos sociales más amplios que los del nuevo dogma latinoamericano.
Este estado de cosas está ahondando las diferencias entre ricos y pobres en América latina, marginando y reduciendo a la miseria a numerosísimos sectores de la población. Los autores, sin embargo, no buscan "humanizar" el neoliberalismo, sino proponernos la democratización de la economía de mercado.
¿Cómo? La primera proposición consiste en aumentar el ahorro interno deplorablemente bajo en América latina, con el fin de liberarnos de la nueva dependencia de los capitales "golondrinas" que, como los oscuros pajarracos de Bécquer, van y vienen a su antojo.
¿Pueden y deben regularse las entradas y salidas del capital especulativo? En contra de la ortodoxia zedillista, Castañeda y Mangabeira opinan que sí: Chile, el paradigma de la economía de mercado en América latina, así lo hace ya. Pero la regulación o falta de ella, en todo caso, debe ir acompañada de políticas de gasto público que, a su vez, dependen de los niveles de ahorro interno y de los sistemas de tributación.
El IVA es, en efecto, un impuesto regresivo que puede ser "recompensado con creces por el efecto redistributivo del gasto social". Hablando el verano pasado con el ex primer ministro de Canadá Brian Mulroney sobre las dificultades que tuvo su gobierno en implementar el IVA, me dijo que su solución consistió en excluir explícitamente del impuesto los artículos de consumo popular. En cambio, no son renunciables los impuestos directos y progresivos sobre el consumo personal, sobre el patrimonio, sobre herencias y donaciones y "un impuesto sobre los recursos naturales que capture para la Nación parte de la cuenta correspondiente a una favorable dotación de recursos".
¿Para qué sirven mis impuestos? Esta pregunta universal viene acompañada, en América latina, de la seria sospecha de que sirven para engordar unos cuantos bolsillos de políticos avezados en las artes de la corrupción. Es cierto: no puede haber política tributaria creíble en México y América latina sin castigo ejemplar a la evasión, pero también sin erradicar la corrupción, la deshonestidad y la ineficacia para que la administración de cada peso fiscal rinda la máxima productividad en términos sociales y de desarrollo humano.
Las avenidas inexploradas del ahorro interno incluyen las cajas de ahorro, los fideicomisos, las uniones de crédito y, muy especialmente, en países de vastas desigualdades como los nuestros, los microcréditos, dirigidos sobre todo a la mujer madre y trabajadora y a las pequeñas comunidades agrarias. La cobertura del crédito en América latina debe ser total, territorial.
"El capital se hace en casa." Elevar el ahorro interno y vincularlo a la inversión productiva, abrir "nuevos canales entre el ahorro y la inversión productiva".
Nada de esto es posible sin un gobierno nacional eficiente, pero la efectiva administración pública requiere, a su vez, dos cosas: educación y democracia. Los autores se muestran particularmente elocuentes al hablar del factor educativo. América latina debe "reconocer en el niño al trabajador del porvenir y al ciudadano". A un "pequeño profeta".
El niño, el futuro ciudadano, será el autor y actor de la democracia latinoamericana. Profundizar la democracia empieza por la transparencia electoral, es cierto, pero continúa con los referendum por iniciativa ciudadana, responsabilidad de los secretarios de Estado ante el Congreso, autoridades judiciales independientes, fiscalización del Ejecutivo, soluciones judiciales contra los abusos del poder e iniciativas para revocar mandatos, como la propuesta por un diputado mexicano particularmente honrado, valiente y sereno ante la gritería del zoológico priista, Santiago Creel, del Partido Acción Nacional.
Hay que llenar los vacíos entre elección y elección.
No basta con respetar el sufragio popular: "También es necesario disminuir la influencia del dinero en la política".
¿Pedía otra cosa José Saramago en su muy debatida ponencia en la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar en la Universidad de Guadalajara?
Alternativa latinoamericana, de Jorge Castañeda y Roberto Mangabeira Unger, es una propuesta inteligente, creativa, original y atacada de las escolásticas en boga. Merece ser conocida ampliamente. Y debería estar abierta a la firma de ciudadanos que, como yo, les damos la razón a sus autores.
Por Carlos Fuentes .