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jueves, 9 de enero de 2014

NORTH AMERICAN FREE TRADE AGREEMENT (NAFTA) 1994



De izquierda a derecha, Michael Wilson, Carla Hills y Jaime Serra Puche, Ministros de Comercio respectivamente de Canadá, Estados Unidos y México, tras la firma del Tratado de Libre Comercio entre estos países,el 12 de agosto de 1992, en Washington.



El libre comercio irá mejor con Clinton. Diario Clarín. Buenos Aires, 11 de octubre de 1992. P.31

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The Wall Street Journal Américas. Diario "La Nación". Buenos Aires, 31 de enero de 1996
Diario "La Nación". Buenos Aires, 4 de setiembre de 1997.
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Diario "La Nación". Buenos Aires, 4 de setiembre de 1997.

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La ambivalencia de Washington pone en duda la expansión del NAFTA

Por  y   | The Wall Street Journal Americas
CIUDAD DE MÉXICO-Mientras México y Canadá se disponen a buscar una expansión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), Estados Unidos, el tercer socio del pacto, muestra señales de una profunda ambivalencia frente a sus compromisos internacionales.
"Lo más importante es fortalecer el proyecto que mi gobierno tiene de hacer de Norteamérica un gran centro de competitividad", señaló el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, durante una entrevista realizada el lunes. "Y que realmente esa sea una idea compartida por los tres gobiernos".
Los mandatarios de los tres países se reúnen hoy en Ciudad de México para celebrar los 20 años del NAFTA. Sin embargo, los expertos señalan que el apetito estadounidense de más acuerdos de libre comercio ha disminuido, lo que nubla los esfuerzos de los tres gobiernos para ampliar el pacto y fortalecer los lazos comerciales entre América del Norte y los países de la cuenca del pacífico.
En la actualidad, México y Canadá parecen más entusiasmados por expandir su comercio que EE.UU. La cumbre de un día entre Peña Nieto, Barack Obama y Stephen Harper, un evento anual apodado como "la cumbre de los tres amigos", explorará formas de actualizar el NAFTAy conectarlo a un pacto más extenso, el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), que está siendo negociado con países del Pacífico como Japón, Australia, Singapur, Chile, Perú, Vietnam y Malasia.
EE.UU. busca el apoyo total de sus socios comerciales más cercanos para aumentar su influencia en las negociaciones con Japón y otros países donde aún quedan diferencias importantes por resolver, según expertos de comercio y ex funcionarios.
También se espera que Harper presione a Obama a favor del oleoducto Keystone XL. El proyecto, que impulsaría las exportaciones de crudo de Alberta, que no tiene salida al mar, enfrenta prolongados retrasos en parte debido a los temores sobre su impacto medioambiental.
Obama llega a México en un momento de incertidumbre sobre la débil recuperación de la economía y una profunda ambivalencia sobre la participación estadounidense en el ámbito internacional, tanto en lo económico como en lo militar.
La Casa Blanca argumenta que un mayor intercambio comercial, en especial exportaciones, genera empleos mejor remunerados y un crecimiento económico sin necesidad de subir los impuestos. Los críticos del NAFTA, un grupo que incluye a numerosos demócratas en el Congreso, hacen hincapié sobre el creciente déficit comercial de EE.UU. con México y Canadá.
Datos oficiales de EE.UU. sugieren que la economía ha perdido alrededor de 845.000 empleos debido al aumento de las importaciones desde Canadá y México, y la reubicación de plantas en la frontera en las dos últimas décadas, según un análisis del grupo Public Citizen. Otros expertos, en todo caso, cuestionan tales cifras.
"Este es un problema político, no económico", dice Carla Hills, ex representante de comercio de EE.UU. "Todas las pruebas indican que el libre comercio produce más empleos e innovación".
Los grupos laborales y medioambientales han sido los detractores más feroces del TPP. Pero el apoyo al libre comercio también se ha debilitado entre los republicanos, especialmente entre el ala conservadora conocida como Tea Party, cuya presencia se ha expandido en el Congreso desde 2010.
Un reto para los líderes es que si bien los norteamericanos se han acostumbrado a tener una relación comercial estrecha, a algunos les preocupa la integración económica transoceánica. Un estudio divulgado en octubre por la American University indica que los estadounidenses preferirían ampliar el NAFTAque expandir los lazos con Europa, China o India.
El comercio entre Canadá, EE.UU. y México ha ascendido a más de US$1 billón (millón de millones) al año desde unos US$290.000 millones en 1993, según las cifras de los tres gobiernos. Los partidarios del NAFTAseñalan que este es el momento de crear acuerdos que impulsen el comercio con el resto del mundo, y utilizar América del Norte como una plataforma de exportación que reduzca el déficit comercial de EE.UU.
"¿Cómo compite EE.UU. contra Asia? Tiene que ser a través del NAFTA", dice Luis de la Calle, ex negociador comercial mexicano. "Es muy improbable que un auto hecho en Michigan sea competitivo en China. Pero un auto hecho en México por una empresa estadounidense puede venderse en China".
La apertura histórica del mercado de crudo y gas de México a la inversión privada busca reducir los precios de la energía para que las empresas del país sean más competitivas, afirmó Peña Nieto. "No debiéramos hacerlo de forma aislada, sino que creo que la vecindad geográfica debe llevarnos a trabajar juntos por la competitividad", dijo el mandatario.
En el caso de que EE.UU. firme un acuerdo comercial con Europa, entonces todos los integrantes del NAFTAtendrán acuerdos individuales con el Viejo Continente, señala Jaime Serra Puche, ex secretario de Comercio de México que estuvo a cargo de las negociaciones del Nafta. "Necesitamos más eficiencia, actuar como una región", manifestó.
Considere el ejemplo de Palliser Furniture, un fabricante de muebles canadiense, que tiene 1.100 empleados en México. Su presidente ejecutivo, Art DeFehr, señala que, en los años 90, la empresa tenía la opción entre invertir en China o en México, y que optó por el segundo. Ahora, Palliser es uno de los mayores fabricantes de muebles a la medida en Norteamérica, dice el ejecutivo. Los rivales que optaron por China se han concentrado en productos de alto volumen y bajo precio. "México ha ayudado a mantener a Canadá competitiva. Sin México, tendría una empresa bien pequeña en Canadá", indica DeFehr.
El gobierno de Barack Obama ha solicitado al Congreso autoridad de "vía rápida" para acelerar pactos de libre comercio que los legisladores pueden aprobar o rechazar, pero no enmendar. El proyecto, no obstante, generó oposición entre los propios demócratas. "El comercio nunca ha sido una píldora fácil de tragar", dice Hills. "Requiere liderazgo".
-Santiago Pérez, en Ciudad de México, contribuyó a este artículo.
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Martes 17 de diciembre de 2013 |

Claves americanas

El plan de Kerry para América latina

Por Andrés Oppenheimer | LA NACION



WASHINGTON.-Estados Unidos, que está negociando acuerdos de libre comercio con países asiáticos y europeos, está explorando lanzar un plan de comercio regional en las Américas que sería la iniciativa económica más ambiciosa de Washington en varios años.

El secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, me dijo en una entrevista que está contemplando proponer negociaciones para profundizar el ya existente Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) de Estados Unidos con México y Canadá, y ampliarlo luego al resto de América latina.

El Nafta cumplirá 20 años en 2014 y, en los últimos años, ha perdido mucho de su impulso inicial. Los funcionarios estadounidenses dicen que el aniversario de 2014 será una gran oportunidad para relanzarlo.

Durante la entrevista que me concedió la semana pasada Kerry dijo que está analizando la idea de relanzar el Nafta con ex embajadores y representantes comerciales de su país. Estados Unidos, México y Canadá serían "el bloque central, que se ampliaría al resto de Centroamérica, el Caribe, Latinoamérica", dijo. Agregó que el plan es empezar por Norteamérica, ya que varios países sudamericanos todavía no están dispuestos a estrechar vínculos con Estados Unidos.

Algunos colaboradores de Kerry me dijeron que el plan podría anunciarse en fecha tan temprana como en febrero, cuando está previsto que el presidente Obama se reúna con sus contrapartes de México y Canadá en una cumbre de líderes norteamericanos por realizarse en México.

Estados Unidos no ha propuesto ningún nuevo bloque comercial en las Américas desde que fracasaron las negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en 2005, cuando Brasil, la Argentina y Venezuela aniquilaron la idea en una cumbre celebrada en Mar del Plata, a la que asistió el entonces presidente George W. Bush.

Desde entonces, Estados Unidos ha firmado acuerdos comerciales bilaterales con Perú, Colombia y Panamá, pero no ha intentado revivir un acuerdo de libre comercio regional en América latina.

En cambio, Obama ha lanzado negociaciones para firmar un Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) con 11 países de la cuenca del Pacífico -casi todos ellos asiáticos, como Japón y Malasia, pero que también incluye algunos países latinoamericanos de la costa del Pacífico, como México- y otro tratado para crear una Sociedad Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) con 28 naciones de la Unión Europea.

Si Washington firma el acuerdo TransPacífico y el Transatlántico, varios países latinoamericanos importantes que no están incluidos en ninguno de ellos -como Brasil, la Argentina y Venezuela- se quedarían afuera de los bloques comerciales más grandes del mundo.

Kerry negó que no le haya prestado gran atención a América latina y explicó que tuvo que atender crisis en otras partes del mundo. Desde que fue designado como secretario de Estado, realizó 20 viajes, pero sólo dos de ellos fueron a Latinoamérica.

El comercio entre Estados Unidos, México y Canadá se disparó tras la firma del Nafta en 1994, pero fue creciendo más lentamente en los últimos años debido a los duros controles fronterizos de Estados Unidos tras los ataques terroristas de 2001 y también debido a los sentimientos antimexicanos estimulados por opositores a la reforma migratoria que han hecho que los políticos estadounidenses se intimiden a la hora de proponer una profundización de los lazos comerciales con México.

Pero una encuesta reciente realizada por el Centro de Estudios Norteamericanos de American University reveló que el 32% de los ciudadanos de Estados Unidos quiere que Washington priorice los acuerdos comerciales con Canadá y México por sobre sus acuerdos con Asia y Europa.

Mi opinión: no está mal que Estados Unidos negocie tratados de libre comercio con Asia y Europa, pero es un error hacerlo sin profundizar simultáneamente los lazos comerciales en las Américas. Si Estados Unidos quiere competir exitosamente con China y otras potencias comerciales, debe construir cadenas de valor para abastecerse de productos y servicios en sus países vecinos.

En ese sentido, la revelación de Kerry de un posible relanzamiento del Nafta es una buena noticia, si es que se hace en serio. A juzgar por la encuesta de American University, no debería haber excusas para no hacerlo inmediatamente en la cumbre de presidentes norteamericanos que tendrá lugar en México, en febrero.

© LA NACION.
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El libre comercio, en la mira


MIAMI.- Las declaraciones de los aspirantes presidenciales Barack Obama y Hillary Clinton acerca de que "abandonarían" el acuerdo de libre comercio con México son probablemente tan sólo teatro político, pero muchos latinoamericanos las ven como una irresponsabilidad que podría dañar seriamente la relaciones de Estados Unidos con la región.
Las palabras cuentan. Aunque la escalada de críticas de Clinton y Obama al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) sean solamente retórica destinada a ganar votos de los sindicatos obreros en las elecciones primarias de hoy en Ohio, uno de los estados más proteccionistas del país, el discurso anti-Nafta contribuye a crear una atmósfera de opinión pública que puede perjudicar los acuerdos de libre comercio e inversiones pendientes de Estados Unidos en toda América latina.
"Es un discurso inmensamente dañino para la posición de Estados Unidos en América latina", me dijo el vicepresidente de Colombia, Francisco Santos, cuyo país está luchando por lograr que el Congreso norteamericano apruebe un acuerdo de libre comercio firmado entre Washington y Bogotá.
"Es una bomba política y económica que puede tener enormes efectos en la región."
Muchas compañías se establecen en América latina para poder exportar sus productos con tarifas aduaneras preferenciales al mercado estadounidense. La idea de que Estados Unidos podría retirarse de los acuerdos comerciales ya firmados "genera dudas entre los inversionistas y desalienta la inversión", dijo Santos.
El canciller de Panamá, Samuel Lewis, cuyo país también está esperando que el Capitolio ratifique un acuerdo bilateral de libre comercio, me dijo que la retórica anti-Nafta causa "sorpresa y preocupación" en Panamá, sobre todo por el temor de que "se pueda traducir en una consideración real de revisión del acuerdo" con México.
La mayoría de los economistas coinciden en que el Nafta ha sido positivo para México, Canadá y Estados Unidos. El comercio entre los tres países ha crecido más de 200% desde que entró en vigor el tratado.
El Nafta ha permitido que México aumentara sus exportaciones a Estados Unidos en un 400% y que haya recibido 120.000 millones de dólares en inversiones estadounidenses en el transcurso de los últimos 14 años, un promedio anual cinco veces superior al que recibía antes del tratado.
De no ser por el Nafta, la economía de México crecería aún más lentamente, o no crecería, y la amenaza de la explosión social se convertiría en una pesadilla para Estados Unidos.
Y las afirmaciones de Clinton y Obama en el sentido de que el libre comercio con México ha causado grandes pérdidas de empleos en Estados Unidos son engañosas, señala la mayoría de los economistas.
l En primer lugar, el déficit comercial de Estados Unidos con México es relativamente pequeño: mientras Estados Unidos tiene un déficit comercial de 256.000 millones de dólares con China, en el caso de México es de sólo 74.000 millones, y en gran parte se debe al alza de los precios del petróleo.
l Segundo, México es el segundo mercado más importante del mundo para las exportaciones estadounidenses, después de Canadá, y una fuente importante de empleos en las industrias de exportación de Estados Unidos. Mientras Estados Unidos exporta a México 134.000 millones de dólares anuales, sus exportaciones a China son de 55.000 millones anuales.
l Tercero, una renegociación del Nafta abriría una caja de Pandora, ya que México exigiría renegociar las cláusulas sobre sus propios productos afectados por acuerdo y los políticos mexicanos reclamarían concesiones estadounidenses en materia de inmigración.
l Cuarto, una interrupción del libre comercio con México encarecería los productos mexicanos en el mercado estadounidense. Estados Unidos perdería competitividad en el mundo y contribuiría a crear un clima antiglobalización que terminaría perjudicando sus propios intereses económicos.
"Hay que tener cuidado con lo que uno desea", me dijo Arturo Sarukhan, el embajador mexicano en Washington. "La manera en que se está hablando sobre el libre comercio, especialmente en momentos de una desaceleración económica, no sólo podría perjudicar la competitividad de Estados Unidos, sino también obstaculizar los esfuerzos de quienes creemos que la apertura de los mercados ayuda a lograr un crecimiento sostenido."
Mi opinión: en lo que hace a América latina, las declaraciones de Clinton y Obama sobre el libre comercio son tan irresponsables como las declaraciones de casi todos los aspirantes presidenciales republicanos sobre la inmigración.
Es una pena. Las primarias pronto pasarán al olvido, pero las imprudentes declaraciones de los candidatos de ambos partidos dejarán su marca en la opinión pública norteamericana. Y eso terminará perjudicando tanto a Estados Unidos como a México y al resto de la región.  
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El Nafta cumple 20 años

La gestación del exitoso acuerdo de libre comercio entre México, Canadá y EE.UU., nos recuerda la importancia de un liderazgo firme y la fe en la causa de la libertad


lunes, 6 de enero de 2014 0:02 EDT
Es fácil subestimar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que la semana pasada cumplió 20 años. Quienes predijeron que el Nafta o TLCAN, produciría desempleo y pobreza se equivocaron claramente. En su lugar, la libertad de comercio entre países vecinos (Canadá, México y Estados Unidos) ha generado riqueza y oportunidades y aumentado la competitividad global de América del Norte.
No obstante, el desempeño estelar del Nafta no se mantendrá a la par de las crecientes expectativas de integración norteamericana si no se profundiza. Y para ello, se necesita visión y liderazgo. Para quien busca inspiración, recomiendo repasar la gestación del acuerdo.
Una maquiladora del grupo TECMA en Ciudad Juárez. Associated Press
Al mismísimo David Ricardo no se le habría ocurrido un mejor ejemplo que el Nafta para ilustrar cómo el intercambio voluntario mejora la situación de todas las partes. Una red norteamericana de cadenas de suministro sostiene instalaciones de producción y sirve a los consumidores de tres países con una población combinada de 470 millones de personas. Se estima que 40% del contenido de las exportaciones de México a EE.UU. y 25% de lo que los estadounidenses compran de Canadá se origina en EE.UU.
En todo tipo de rubros, desde la agricultura al negocio aeroespacial, los fabricantes de Norteamérica pueden aprovechar ventajas comparativas en diseño, tecnología, mano de obra y manufactura de componentes a lo largo de la región. Esta zona más dinámica puede competir con rivales como China.
Sin embargo, si la interconexión se ha vuelto rutinaria, jamás fue inevitable. Antes del Nafta, los auténticos acuerdos de libre comercio eran más bien la excepción, incluso más si involucraban a un país desarrollado como EE.UU. y uno en desarrollo como México. Tampoco hay que olvidar que en los tres países había poderosos intereses creados que se aferraban a los privilegios del proteccionismo.
Fui invitada en diciembre a la Institución Hoover, en la Universidad de Stanford, para un debate acerca del pasado y el futuro del Nafta. Entre los participantes figuraban los tres principales negociadores del pacto: Carla Hills, la ex Representante de Comercio de EE.UU.; el ex ministro canadiense de Comercio Internacional, Michael Wilson, y el ex secretario de Comercio y Fomento Industrial de México, Jaime Serra Puche.
Wilson empezó hablando de las guerras (comerciales) de Canadá. Indicó que el pacto automotor de 1965, que eliminó los aranceles sobre partes y vehículos, marcó el nacimiento "de la cadena de suministro norteamericana". No era libre comercio, pero era una grieta en la puerta por la cual se filtraba la luz. Canadá quería tener un mayor acceso al mercado estadounidense. El primer ministro canadiense Brian Mulroney firmó el 2 de enero de 1988 el Acuerdo de Libre Comercio entre EE.UU. y Canadá.
Mulroney asumió un gigantesco riesgo político puesto que había comicios federales en noviembre de ese año, en la que sigue siendo conocida en Canadá como "la elección del libre comercio". "Fue feroz", recordó Wilson. Mulroney se impuso, pero solamente después de que "se quitara la chaqueta y peleara". Los conservadores ganaron las elecciones, pero perdieron 34 escaños.
Menos de dos años después, a comienzos de 1990, Hills, la representante de Comercio estadounidense y su contraparte mexicano, Jaime Serra Puche, empezaron a dialogar en Davos, Suiza, sobre un acuerdo bilateral. Hills señaló durante su presentación en la Institución Hoover que le transmitió la idea al presidente George H.W. Bush y que en agosto "Jaime y yo presentamos un informe en el que indicábamos que era una buena idea". Bush estuvo de acuerdo y anunció que EE.UU. buscaría un pacto "bilateral". El gobierno de Mulroney en Canadá no quería quedar al margen y se iniciaron las negociaciones para lanzar el Nafta.
Estos visionarios también tenían que ser buenos promotores del acuerdo. Hills pasó al ataque. Su equipo "intensificó nuestras reuniones con el Congreso", asistió a la conferencia del gobernador en Seattle en 1991 y llevó a una delegación del Congreso estadounidense a México. Hills dio un discurso durante una conferencia de la industria textil, donde la abuchearon. Escuchando a Hills, parecía que estaba lista para dar la pelea.
Durante la gestión de Carlos Salinas de Gortari, la fibra cultural del sistema unipartidista y corporativista de México se estaba desmoronando. La economía había estado muy "protegida durante cinco o seis décadas", manifestó Serra Puche, y había "enormes distorsiones en los precios". Para recabar apoyo para el Nafta, el equipo mexicano trabajó para demostrar a la comunidad empresarial que la dependencia en las preferencias comerciales estaba mermando su competitividad.
Los soñadores del Nafta venían de mundos distintos, pero tenían en común la creencia de que una mayor libertad mejoraría la situación de todos los norteamericanos. Nunca se apartaron de su principal desafío, que era convencer a los escépticos.
Bill Clinton, quien asumió la presidencia de EE.UU. en enero de 1993 cuando el Nafta estaba muy cerca de llegar a la línea de meta, jugó un papel clave para que la cruzara. Su representante de Comercio, Mickey Cantor, que también estuvo en la reunión en la Institución Hoover, contó que hubo problemas con la delegación de legisladores de Florida. Para resolver el impasse, Clinton le dijo que "abriera la tienda de golosinas".
Hills señaló que le habría gustado que la inmigración y la energía hubiesen sido parte del pacto. "Nos habríamos ahorrado muchos de los problemas actuales", afirmó. Se me viene a la mente la decisión del gobierno del presidente Barack Obama de bloquear el oleoducto TransCanada, de Keystone XL. Algunos participantes comentaron que el estancamiento del proyecto amenaza con socavar la confianza en la buena fe de EE.UU.
No es demasiado tarde. Pero ahora, al igual que entonces, la expansión de la libertad económica exige un compromiso con la causa. Por desgracia, eso es algo que escasea en Washington.
Escriba a O'Grady@wsj.com
 
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