Diario "La Capital". Rosario, lunes, 06 de enero de 2014
La Doctrina Monroe está viva
Reflexiones, por Bruno Bologna. En una conferencia denominada "Estados Unidos y América Latina: una relación de socios" pronunciada en la Organización de Estados Americanos (OEA) el 18 de noviembre de 2013...
En una conferencia denominada "Estados Unidos y América Latina: una relación de socios" pronunciada en la Organización de Estados Americanos (OEA) el 18 de noviembre de 2013, invitado por el "Diálogo Interamericano", el secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, manifestó: "La era de la Doctrina Monroe terminó. La relación que pretendemos y para la que hemos trabajado arduamente en forjar no es una en la que Estados Unidos declare cómo y cuándo intervenir en los asuntos de otros Estados de las Américas. Se trata de que todos nuestros países se vean unos a otros como iguales, compartiendo responsabilidades, cooperando en materia de seguridad, y adhiriendo no a la doctrina, sino a las decisiones que tomamos como socios para impulsar los valores e intereses que compartimos".
Se debe recordar que ante la posibilidad de que las colonias de América pudieran ser recuperadas por las potencias europeas, el presidente de los Estados Unidos, James Monroe, el 2 de diciembre de 1823 expresaba: "En lo que concierne a los gobiernos que han declarado su independencia y se han mantenido…, no podríamos contemplar ninguna intervención con el propósito de oprimirlas o controlar de cualquier otra forma su destino por parte de cualquier potencia europea, sino como la manifestación de una disposición hostil hacia Estados Unidos".
La famosa Doctrina que se resumía en la frase "América para los americanos" fue traducida como "América para los americanos del Norte", dada la continua actividad intervencionista de los Estados Unidos a lo largo del tiempo en Centroamérica e islas del Caribe.
Kerry manifestó que se ha trabajado arduamente para mejorar la relación entre los países americanos. Podemos coincidir que Estados Unidos ha trabajado arduamente, pero lo realizado no ha sido beneficioso para América Latina. Podemos mencionar:
1) Espionaje. Estados Unidos espió mails y conversaciones telefónicas de la presidenta brasileña Dilma Rousseff y sus asesores, así como de Enrique Peña Nieto durante la campaña electoral 2012. A raíz de este suceso, la presidenta de Brasil canceló un viaje de Estado a los EE.UU que iba a realizarse en octubre de 2013.
2) Intervención armada de Colombia en Ecuador con acuerdo de la CIA. Una acción, a la que Estados Unidos no era ajeno, se habría producido el 1º de marzo de 2008. Tropas de Colombia ingresaron a 1.800 metros de la frontera, en territorio ecuatoriano, para atacar el campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (Farc) dando muerte al número dos de esas fuerzas, Raúl Reyes, y a otros trece guerrilleros. Concretamente se presume que el operativo había sido instrumentado desde la base de Manta perteneciente a los EE.UU en territorio de Ecuador y así fue anunciado por el gobierno ecuatoriano. (Ramonet, Ignacio, Cercando a Venezuela. Le Monde Diplomatique Buenos Aires, enero de 2010).
En represalia, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, decide no renovar el acuerdo de la base militar de Manta que vencía, luego de 10 años de duración, en noviembre de 2009. Estados Unidos se retira de Manta el 18 de setiembre de 2009.
El 22 de diciembre de 2013, The Washigton Post afirmaba que Washington apoyó militarmente a Bogotá con un multimillonario programa secreto para ejecutar a dirigentes de las Farc en Ecuador. (Diario La Nación, 24 de diciembre de 2013)
3) Estados Unidos impone su presencia militar. Hace 65 años Estados Unidos constituyó bases en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, con la misión de defender el mar de las Antillas, Caribe y el Canal de Panamá de las incursiones que hacían los submarinos y aviones del nazismo alemán y del imperio japonés. Finalizado el conflicto en 1950 la IV Flota fue desactivada. El clima bélico que imperaba dentro de la Administración Bush se hizo presente cuando los EE.UU reactivaron después de 58 años, el 12 de julio de 2008, la IV Flota de ese país con el objetivo de combatir el terrorismo y el narcotráfico en América del Sur y el Caribe. Sobre esta nueva iniciativa norteamericana la mayoría de los países de América Latina mostraron su disconformidad.
4) Bases militares en Colombia. Para suplir la base de Manta, EE.UU firma el 19 de agosto de 2009 un Acuerdo en Materia de Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad con Colombia por el cual Washington tiene intervención en las instalaciones del ejército colombiano de Larandia y Tolemaida, las navales de Cartagena y Málaga y las aéreas de Apiay, Palanquero y Malambo.
La inversión iba a ser de 5.000 millones de dólares para 800 marines y 600 civiles que tendrían acceso a las siete bases colombianas contando además con inmunidad diplomática en ese territorio.
El Embajador de los EE.UU en Colombia, William Brownfield, aseguró que militares de su país ya estaban presentes en seis de las siete bases militares colombianas a las que tendrían acceso ahora en el marco del Acuerdo. Afirmó que la única base donde hasta entonces no llegaban los soldados era la base de Palanquero en el centro del país, y en la que EE.UU invertirá 46 millones de dólares para mejorar su infraestructura. (EEUU blanquea su presencia en bases colombianas Diario "La Capital". Rosario, 2 de noviembre de 2009). El tema de las bases militares de Estados Unidos en Colombia fue materia de debate en la Unasur en el Congreso de Colombia con resultados dispares.
Los planes militares de Estados Unidos para América Latina no auguran un futuro de estabilidad ya que en los programas del nuevo presidente Barak Obama que asumió el 21 de enero de 2009 no se observa un cambio con relación a la Administración Bush.
5) Golpe de Estado en Honduras. 28 de junio de 2009. Con el llamado a elecciones generales en Honduras, el presidente electo Manuel Zelaya proponía un referéndum no vinculante para que el pueblo se expresara sobre el posible cambio de la Constitución nacional.
La Corte Suprema declaró ilegal el referéndum, dejó cesante al presidente Zelaya y ordenó a las Fuerzas Armadas que actuaran en consecuencia. En cumplimiento de esas instrucciones las Fuerzas Armadas, en horas nocturnas, el 28 de junio de 2009, detuvieron al presidente y lo deportaron a Costa Rica. Según consigna Gosman, Zelaya le confesó al presidente Lula de Brasil, que antes de Costa Rica había sido llevado a la base que los EE.UU tienen en Honduras, Soto Cano en Palmerola. (Gosman, Eleonora, "Clarín". 16 de agosto de 2009)
No se entendió hasta el presente el papel de EE.UU de hacer una escala del avión con el presidente Zelaya en su base militar.
6) Obama no cerró los tribunales antiterroristas creados por Bush. A pesar de sus promesas electorales, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, anunció que mantendría los tribunales militares especiales creados por George W. Bush en Guantánamo (Cuba), aunque prometió cambios que mejorarían las garantías procesales de los juzgados.
7) Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México. North American Free Trade Agreement (Nafta). Un entusiasta de los procesos de libre comercio como Andrés Oppenheimer relata los inconvenientes en el comercio de Estados Unidos con países del hemisferio occidental. Expresa: "El comercio entre EE.UU, México y Canadá se disparó tras la firma del Nafta en 1994, pero fue creciendo más lentamente en los últimos años debido a los duros controles fronterizos de Estados Unidos tras el 11S y también debido a los sentimientos antimexicanos estimulados por opositores a la reforma migratoria que han hecho que los políticos estadounidenses se intimiden la hora de proponer una profundización de los lazos comerciales con México".
El libre comercio no ha permitido la libre circulación de personas eso sobre todo porque EE.UU ha construido una muralla de más de mil kilómetros para impedir el ingreso de ciudadanos mejicanos a su territorio.
Después de esta enumeración de intervenciones de EE.UU en América Latina resulta paradójico que autores mexicanos consideren que esta propuesta de Kerry marcará un hito no sólo en las relaciones interamericanas, sino también en la política exterior estadounidense. Otros autores simplifican la agenda de la política exterior norteamericana hacia América Latina a solo dos factores: la crisis financiera y los escándalos de espionaje que consideran que debilitan los intereses y valores de la superpotencia.
En reiteradas oportunidades América Latina ha solicitado un cambio de rumbo en la política exterior de Obama. Sin embargo creemos que no se han modificado las tendencias o propuestas realizadas por su antecesor, George W. Bush. La agenda de temas en las relaciones exteriores deberían ser fijada conjuntamente por Estados Unidos y América Latina.
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La idea que citó Kerry de que “la unión hace la fuerza” se convirtió en la práctica en la unión hecha por la fuerza. Ahora el gobierno norteamericano dice haber hecho una decisión diferente, y estar buscando un relacionamiento de respeto mutuo, igualdad, responsabilidad compartida y cooperación.
A la vez, Kerry marcó los temas sobre los cuales el modo de la relación cambiará: democracia, seguridad, paz, prosperidad y cambio climático.
No se abre la definición de la agenda a un proceso de diálogo o participación entre iguales donde todos puedan manifestar sus prioridades e intereses. Los “intereses mutuos” y los “valores compartidos” verdaderos no son los propios con pretensión regional.
Cambia el baile, pero no la música. Las preguntas que surgen entonces son si esto es posible y si esto es deseable. Con respecto a lo deseable, un cambio hacia la moderación de la asimetría y la reducción del unilateralismo es ventajoso para todos los países de la región, ya que permite mayores grados de independencia interna y autonomía externa.
A menor injerencia externa, los gobernantes latinoamericanos tendrán que asumir mayor responsabilidad sobre el impacto de sus proyectos sobre el destino colectivo.
Convoca a mirar hacia adentro más que lamentarse y denunciar al Norte. Con respecto a lo posible, el abandono de la Doctrina Monroe no es un movimiento diplomático estratégico de futuro, sino reactivo y que meramente ratifica un status quo ya existente. América Latina ya no es ni patio ni trasero, con estabilidad política, macroeconómica y social sobre la que puede pararse con mayor firmeza que en el pasado.
Estados Unidos ya no puede ni política ni fiscalmente sostener la prepotencia regional. La crisis financiera y los escándalos de espionaje debilitaron además los intereses y valores de la superpotencia. Y finalmente, el surgimiento de otros actores en el continente (China, India, Rusia) hace que Monroe sea impracticable.
Acaso –como dijo el Secretario Kerry- sea digno de aplaudirse este cambio de tono en las relaciones Estados Unidos-América latina, aunque haya tomado ciento noventa años.
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La Doctrina Monroe ya era cosa del pasado
TRIBUNA
Se terminó la
Doctrina Monroe? ¿Es el fin del intervencionismo de Estados Unidos en
América latina? Así lo anunció la semana pasada el máximo representante
de la diplomacia estadounidense, John Kerry, en un discurso ante la OEA:
esta doctrina legitimó el rol de “protector” con el que Washington se
ungió a sí mismo. Originalmente pensada para evitar que el continente se
transformara en escenario de la lucha de poder e influencia de los
poderes europeos, se utilizó como herramienta por una diversa y compleja red de intereses y objetivos de política exterior.
En
ella confluyeron la vertiente integracionista del panamericanismo, la
expansionista corporativa y la militarista de seguridad nacional.La idea que citó Kerry de que “la unión hace la fuerza” se convirtió en la práctica en la unión hecha por la fuerza. Ahora el gobierno norteamericano dice haber hecho una decisión diferente, y estar buscando un relacionamiento de respeto mutuo, igualdad, responsabilidad compartida y cooperación.
A la vez, Kerry marcó los temas sobre los cuales el modo de la relación cambiará: democracia, seguridad, paz, prosperidad y cambio climático.
No se abre la definición de la agenda a un proceso de diálogo o participación entre iguales donde todos puedan manifestar sus prioridades e intereses. Los “intereses mutuos” y los “valores compartidos” verdaderos no son los propios con pretensión regional.
Cambia el baile, pero no la música. Las preguntas que surgen entonces son si esto es posible y si esto es deseable. Con respecto a lo deseable, un cambio hacia la moderación de la asimetría y la reducción del unilateralismo es ventajoso para todos los países de la región, ya que permite mayores grados de independencia interna y autonomía externa.
A menor injerencia externa, los gobernantes latinoamericanos tendrán que asumir mayor responsabilidad sobre el impacto de sus proyectos sobre el destino colectivo.
Convoca a mirar hacia adentro más que lamentarse y denunciar al Norte. Con respecto a lo posible, el abandono de la Doctrina Monroe no es un movimiento diplomático estratégico de futuro, sino reactivo y que meramente ratifica un status quo ya existente. América Latina ya no es ni patio ni trasero, con estabilidad política, macroeconómica y social sobre la que puede pararse con mayor firmeza que en el pasado.
Estados Unidos ya no puede ni política ni fiscalmente sostener la prepotencia regional. La crisis financiera y los escándalos de espionaje debilitaron además los intereses y valores de la superpotencia. Y finalmente, el surgimiento de otros actores en el continente (China, India, Rusia) hace que Monroe sea impracticable.
Acaso –como dijo el Secretario Kerry- sea digno de aplaudirse este cambio de tono en las relaciones Estados Unidos-América latina, aunque haya tomado ciento noventa años.
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