Martes 08 de mayo de 2007
El triunfo oficialista en Francia | Las repercusiones en el mundo | Opinión
¿Otra señal de que Europa se mueve hacia la derecha?
Por E.J. Dionne
Para LA NACION
Para LA NACION
WASHINGTON.- ¿Europa se está desplazando hacia la derecha? ¿La izquierda democrática está en problemas?
La victoria decisiva de Nicolas Sarkozy sobre la socialista Ségolène
Royal en las elecciones presidenciales francesas de anteayer es el
ejemplo más reciente de la paliza que están recibiendo los partidos de
izquierda moderada por parte de las fuerzas de la globalización y del
descontento provocado por la inmigración.
La semana pasada, Gran Bretaña castigó al Partido Laborista, al que pertenece el primer ministro saliente, Tony Blair, en las elecciones locales. En septiembre pasado, el partido socialdemócrata de Suecia fue dejado fuera del gobierno por los votantes, un golpe para el espíritu progresista del país que funciona como modelo de sociedad igualitaria.
A principios de 2006, en la tierra de la salud barata, los conservadores canadienses, liderados por Stephen Harper, volvieron de una muerte casi total, producida hace 14 años, para formar gobierno. En 2005, los socialdemócratas alemanes perdieron su mayoría, aunque se aferran a una parte del poder bajo el liderazgo de la canciller demócrata cristiana Angela Merkel.
Hay algunas contratendencias hacia la izquierda, especialmente en Australia, según las encuestas recientes. Una izquierda populista (muy diferente de la moderada versión europea) ha ganado terreno en América latina. Y el Partido Demócrata norteamericano puede consolarse por el hecho de que Francia y Estados Unidos han pasado por ciclos electorales opuestos desde que el socialista François Miterrand ganó el poder, en 1981, justo un año después de la elección de Ronald Reagan.
No obstante, la izquierda liberal y socialdemócrata enfrenta un gran problema, porque la globalización hace que la promesa central del movimiento -producir crecimiento económico que no beneficie sólo a los ricos, sino también a los pobres y a la clase media- sea mucho más compleja.
Durante gran parte del período que siguió a la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos pudieron, con relativa facilidad, redistribuir la riqueza y los ingresos por medio de impuestos y acuerdos salariales decentes, negociados por los sindicatos fuertes.
La globalización y el incremento de la competencia afectan negativamente a los empleos industriales sindicalizados, y los gobiernos tienen menos libertad de acción cuando los capitales son tan móviles. Como resultado, las economías emergentes que florecen gozan de índices de crecimiento más altos que sus competidores tradicionalmente ricos.
En Francia, Sarkozy prometió que, por medio de la desregulación del mercado laboral, podrá crear más crecimiento y más empleo. Royal prometió preservar y expandir algunas de las generosas protecciones sociales francesas... aunque también se inclinó ante los imperativos del capitalismo en algunos temas. La claridad de Sarkozy triunfó sobre el enredo bienintencionado de Royal.
También ayudó a Sarkozy la sensación reinante respecto de que los inmigrantes, y particularmente las comunidades musulmanas, no parecen integrarse muy bien en Francia. Su imagen de hombre duro lo ayudó a seducir a los partidarios de la extrema derecha seguidores de Jean-Marie Le Pen. Según la consultora Ipsos, los votantes que en la primera vuelta de los comicios apoyaron a Le Pen el domingo se volcaron a Sarkozy en una proporción de más de 5 a 1.
También en este punto Royal se defendió, al dar su propia versión de la política patriótica: los ciudadanos franceses deberían aprender la letra de La Marsellesa, dijo, y tener una bandera francesa en su armario. Pero también sintió que era su honrosa obligación criticar algunas de las posturas más duras de Sarkozy con respecto a la inmigración. Y la preocupación por los inmigrantes derrotó al miedo que podía generar la línea dura de Sarkozy.
Y aunque Royal ganó por casi 3 a 2 entre los trabajadores del sector público, perdió entre los trabajadores del sector privado.
De hecho, el mayor problema de Royal quedó reflejado en los resultados de las encuestas de Ipsos: mientras el 42% de sus votantes dijeron haberla elegido primordialmente para que Sarkozy no llegara a la presidencia, sólo el 18 por ciento de los electores de Sarkozy dijeron que habían votado negativamente en contra de Royal. La izquierda está en problemas si sus campañas se basan más en un malestar con la derecha que en las esperanzas que pueden inspirar los progresistas.
Sería erróneo extraer lecciones para Estados Unidos de los problemas de los socialdemócratas europeos. Para empezar, el sistema de seguridad social es mucho más débil en Estados Unidos que en Europa, donde incluso los conservadores respaldan un sustancial aporte gubernamental para el sistema de salud y la protección infantil. Si los votantes europeos parecen estar dispuestos a ceder un poco de seguridad social, porque tienen de sobra, los votantes estadounidenses parecen proclives a pedir más, porque tienen muy poca.
Pero está claro que la centroizquierda necesita una inyección de dinamismo. Debe transmitir de manera más clara que sabe cómo preservar la justicia social en una economía globalizada y cómo responder a la creciente impaciencia hacia el gobierno. Debe encontrar la forma de preservar las libertades civiles, de proteger a los inmigrantes y de estimular al mismo tiempo un sentido inclusivo de solidaridad nacional.
Con sus amigos europeos en problemas, los progresistas estadounidenses tienen tanto la oportunidad como la obligación de descubrir nuevas fórmulas.
© 2007, Washington Post Writers Group
El original saludo de Blair
- LONDRES (DPA).- Al igual que la mayoría de los mandatarios europeos, el primer ministro británico, Tony Blair, felicitó ayer al flamante presidente electo de Francia, Nicolas Sarkozy. Pero a diferencia de sus pares lo hizo a través del sitio web YouTube . En su video-mensaje, grabado en inglés y en francés, un Blair vestido de manera informal, con camisa azul y sin corbata, señala: "Nicolas Sarkozy es alguien que conozco bien. Me gusta mucho y lo respeto (...) Es un líder fuerte y sé que va a querer impulsar una buena y estrecha relación entre el Reino Unido y Francia por el bien de los dos países y por el de toda Europa".

Martes 08 de mayo de 2007 |
Auge de líderes jóvenes que encarnan el cambio
A Sarkozy se suman el sueco Reinfeldt y el inglés Cameron
Son el dolor de cabeza de los "dinosaurios" de la política. Su receta
es casi siempre la misma: después de renovar sus partidos para hacerlos
más atractivos a los ojos de los electores, prometen cambios radicales
para sus países y desplazan a las viejas clases políticas, que no
encuentran armas para enfrentar uno de los principales capitales de sus
nuevos rivales: la juventud.
Nicolas Sarkozy, de 52 años, se
convertirá en el sexto presidente de la Quinta República, y en el
mandatario francés más joven en casi 30 años, después de reestructurar a
su partido y prometer profundas reformas para sacar a su país del
incipiente declive económico. Con sólo 41 años, el líder de centroderecha sueco Fredrik Reinfeldt asumió como primer ministro en octubre pasado, después de haber desplazado a la socialdemocracia del poder, lo que constituye el triunfo más importante de los conservadores en la historia del país.
La victoria de Reinfeldt no fue una buena noticia para el laborismo británico. Con una estrategia llamativamente parecida a la del premier sueco -que por momentos adopta un discurso socialdemócrata-, la otra joven promesa de la política europea es David Cameron, que con 40 años es el flamante líder de los conservadores británicos y tiene serias posibilidades de sacar al laborismo del poder en las próximas elecciones generales (para la cual tendrá que vencer al probable sucesor de Tony Blair, Gordon Brown, de 56 años).
Estos casos confirman una tendencia que parece afianzarse en otras partes del mundo -y no sólo con líderes conservadores-, donde políticos cada vez más jóvenes llegan al poder con promesas de cambios y después de haber modernizado a sus partidos, para seducir a un electorado cansado de los vicios de la vieja política.
"El promedio de edad de los políticos de alto nivel está bajando en el mundo. En todas partes hay cansancio con la clase política conocida y hay una búsqueda de renovación del perfil humano de los políticos", explicó a LA NACION Manuel Mora y Araujo, director de la consultora homónima.
"Todo tiene que ver con el cambio. El mundo está cambiando rápidamente y los líderes jóvenes parecen estar más en contacto con eso", señaló, por su parte, Darrell Bricker, experto de la consultora mundial Ipsos, con sede en Toronto.
En ese sentido, Enrique Peruzzotti, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Torcuato Di Tella, explicó que, si un partido quiere presentar una agenda de cambio, postular a un candidato joven "puede ser parte del paquete".
"La renovación generacional puede ayudar a un discurso de renovación política", señaló.
Al elegir a Sarkozy, los franceses se animaron al cambio, pese a las advertencias de un eventual caos lanzadas por su rival socialista, Ségolène Royal. Aunque, paradójicamente, era el candidato del oficialismo, Sarkozy prometió la receta más radical -y la "menos francesa", según algunos- para sacar al país del estancamiento.
Consciente de que representaba el cambio generacional después de 12 años de gobierno de Jacques Chirac, de 74 años, él mismo habló de "ruptura" dentro de la tradición partidaria de la derecha gaullista.
Con una táctica similar a la de Sarkozy, Reinfeldt logró, en apenas tres años, hacer renacer a la derecha sueca, al orientarla más hacia el centro y prometer que mantendría el famoso modelo de Estado benefactor de su país, pero con reformas. Su victoria electoral tuvo tintes de hazaña, ya que marcó el fin de una era dominada por la socialdemocracia, que había gobernado Suecia durante la mayor parte de los últimos 70 años.
A los recién llegados y a los que podrían alcanzar el poder próximamente se suman otros jóvenes dirigentes que en el último tiempo irrumpieron en la escena política europea.
Después de una carrera marcada por la precocidad, y con sólo 43 años, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido jefe del gobierno español en 2004. A los 33 años había obtenido el liderazgo de su partido, después de una campaña que lo presentó como la figura reformista y de "espíritu joven" que esa fuerza necesitaba.
Pero el fenómeno no es sólo europeo. También el japonés Shinzo Abe, de 52 años, un nacionalista que prometió modificar la Constitución pacifista de su país, se convirtió en septiembre pasado en el primer ministro más joven desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y en el primero nacido después del conflicto que marcó para siempre a Japón.
También en América latina ganan espacio los jóvenes. Después de una meteórica carrera como representante de los cocaleros, Evo Morales, de 47 años, se convirtió el año pasado en el primer presidente indígena de Bolivia, con su promesa de "refundar" a su país.
Con un discurso similar, Rafael Correa, de 44 años, alcanzó la presidencia de Ecuador hace cuatro meses, con un programa de radicales reformas para llevar a su país al "socialismo del siglo XXI".
Aunque con promesas más revolucionarias que las de sus pares europeos, a todos los unen dos cosas: la sangre joven y el espíritu de cambio que encarnan. .
Por Dolores TeresoDe la Redacción de LA NACION
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