Jueves 07 de junio de 2007
Reunión del Grupo de los Ocho en Alemania: el escenario y los choques
Rusia, entre el temor a quedar rezagada y la pérdida de poder
PARIS.- La escalada verbal entre el presidente estadounidense, George W.
Bush, y el mandatario ruso, Vladimir Putin, por el proyecto
norteamericano de instalación de un escudo antimisiles en países de
Europa del Este dejó perplejos a los analistas, que ven en este
intercambio una reminiscencia de la Guerra Fría.
Exagerada, la reacción de Putin de amenazar con apuntar sus misiles
hacia Europa si prospera el proyecto estadounidense plantea
interrogantes sobre las razones que motivaron esta respuesta. Entre esos
interrogantes, los expertos se preguntan si, en efecto, hay amenaza
real hacia el territorio ruso que justifique una nueva carrera
armamentista.
Desde 1989, es difícil encontrarle a Rusia algún enemigo. El bloque occidental lo ve más bien como un socio indispensable para la buena salud de su economía por sus recursos en hidrocarburos. Y si China fuese su hipotético adversario, los especialistas señalan que, en términos de tecnología militar, Moscú está a años luz de Pekín.
Por su parte, el Kremlin basa su amenaza en el temor a quedar rezagado tecnológicamente en un futuro con un escudo antimisiles que haría obsoleta la disuasión nuclear rusa.
El presidente ruso mismo lo advirtió no hace muchos días al subrayar la necesidad de "rebalancear los instrumentos de defensa con artefactos ofensivos más eficaces".
"En el pasado, el Kremlin tuvo que optar por un sistema de defensa -señaló Yury Fedorov, del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú-, y prefirió concentrar sus esfuerzos en su sistema de disuasión y dejar de lado el reequipamiento de las fuerzas convencionales."
Golpe en la mesa
Si bien el escudo antimisiles estadounidense es de dudosa eficacia, con el avance de las tecnologías, el proyecto hará que todo el arsenal de disuasión ruso, como el del resto de las potencias nucleares, quede obsoleto. Claro está, nadie se atreve a adelantar una fecha.Durante décadas la Unión Soviética fue una superpotencia que mantuvo en vilo al mundo entero en más de una ocasión. Pero en 1989 "dejó de ser un actor principal en el equilibrio estratégico", observó Thomas Gomart, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, y perdió su influencia en numerosas regiones del mundo. Y ésta podría llegar a ser otra de las razones que llevaron a Putin a golpear la mesa con el puño.
En los últimos años, Rusia se convirtió nuevamente en una potencia, pero esta vez económica. Tal peso en el tablero mundial cambió, a sus ojos, el equilibrio de las fuerzas y espera volver a tener un diálogo de igual a igual con Estados Unidos.
"El lanzamiento de un nuevo misil, por ejemplo, hay que ponerlo en perspectiva con el endurecimiento de la política exterior rusa de los últimos años; el mensaje más explícito que dieron los rusos es el de mostrar que son nuevamente un actor principal en el equilibrio estratégico; quieren tratar directamente con Washington", añadió Gomart.
De esta forma Europa queda marginalizada o se convierte en el escenario de una nueva rivalidad y "los países emergentes ven a Rusia como una potencia nuclear activa", opinó Gomart.
Para Isabelle Facon, de la Fundación para la Investigación Estratégica, la explicación hay que buscarla en una rivalidad interna que opone al Kremlin con los "generales" de lo que ayer era el Ejército Rojo.
En Quadrennial Defense Review , la investigadora sostuvo que "Moscú está determinado a restablecer un mejor equilibrio de fuerzas con los Estados Unidos, al menos en ciertos temas estratégicos clave [como el nuclear y el espacial]".
Putin se convirtió en un buen aliado de Bush en la lucha contra el terrorismo internacional luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pero la posición rusa cambió desde entonces y fue perceptible en función del endurecimiento del discurso del Kremlin.
Si bien Putin propuso colaborar con Washington en temas de seguridad internacional, gestión de crisis, mantenimiento de paz y operaciones antiterroristas, "tuvo oposición en el seno del aparato militar" ruso, afirmó Facon.
"De hecho -escribió la investigadora- los Estados Unidos conservan un lugar importante en las preocupaciones y los cálculos de los generales rusos en un sentido que no favorece las cooperaciones militares. Le imputan a Washington la «remilitarización» de las relaciones internacionales" con la ampliación de la OTAN, las operaciones en los Balcanes y la incursión en Irak. .
Por Patricio Arana Para LA NACION
Diario "La Nación". Buenos Aires, Jueves 07 de junio de 2007
Reunión del Grupo de los Ocho en Alemania: disputas entre las potencias y masivas manifestaciones
Fuerte traspié en el inicio de la cumbre
Bush descartó alcanzar un acuerdo preciso sobre el cambio climático, que había sido establecido como la prioridad de la agenda
HEILIGENDAMM, Alemania.- En medio de la tensión por el enfrentamiento
entre Moscú y Washington debido al escudo antimisiles, la cumbre del
Grupo de los Ocho (G-8) comenzó ayer en Alemania con un fuerte traspié,
al desvanecerse las esperanzas de un acuerdo concreto sobre el cambio
climático, que había sido impulsado como el principal tema en la agenda
de la reunión anual.
Incluso antes del inicio formal del encuentro, durante un almuerzo con
la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente norteamericano,
George W. Bush, se ocupó de aclarar que se opone tajantemente a
establecer objetivos firmes para la reducción de gases del efecto
invernadero.
El punto positivo de la jornada fueron las palabras conciliadoras que Bush dirigió a su par ruso, Vladimir Putin, en un intento de disminuir las tensiones que en los últimos días llevaron a muchos a hablar de una nueva Guerra Fría.
Bush expresó ayer un "fuerte deseo" de "trabajar [con el G-8] sobre un acuerdo post-Kyoto" para alcanzar "objetivos esenciales", como la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero dijo que se niega a establecer objetivos "vinculantes".
Jim Connaughton, responsable de la administración estadounidense para el medio ambiente, aclaró que no habrá un "objetivo colectivo" sin haber entablado antes negociaciones con China, la India, Brasil, México y Sudáfrica, entre otros países contaminantes.
El primer ministro japonés, Shinzo Abe, respaldó la posición norteamericana. En cambio, Merkel recibió el apoyo del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy; del saliente primer ministro británico, Tony Blair, y del jefe de gobierno italiano, Romano Prodi.
La canciller alemana había depositado muchas esperanzas en el logro de un compromiso sobre el cambio climático para limitar a 2 grados el aumento de las temperaturas hasta 2050, lo que implicaría reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero con relación a 1990.
Sin embargo, la posición de Estados Unidos, que no ha ratificado el Protocolo de Kyoto, echó por tierra estos ambiciosos objetivos y abrió la puerta a poco más que un acuerdo modesto.
De hecho, por el momento no se vislumbran acuerdos en ninguno de los grandes temas que propuso Merkel, tras una primera jornada en la que la policía se vio desbordada por la actuación de los manifestantes, que produjeron disturbios y lograron llegar hasta la valla metálica de 12 kilómetros de largo que aísla al balneario de Heiligendamm, sobre el mar Báltico, donde se realizará la cumbre hasta mañana (ver Pág. 3).
Todo indica que Merkel tendrá que conformarse con un acuerdo de mínimos. Ayer, la canciller parecía rendirse ante la evidencia. "Está claro que los objetivos definidos por los europeos no podían ser compartidos inmediatamente en su totalidad por el resto del mundo", declaró.
Los miembros del G-8 tampoco arribaron a un posición común para combatir la pobreza y el sida en Africa.
La cumbre en este balneario en el norte de Alemania fue inaugurada oficialmente con una cena que ofreció anoche la anfitriona. Los líderes y sus esposas se reunieron en el castillo de Hohen Luckow, una hacienda de estilo barroco situada en la campiña a 15 kilómetros de Heiligendamm. Merkel y su marido, Joachim Sauer, agasajaron a sus huéspedes con una comida amenizada por un concierto de música clásica.
Pero el ambiente estaba enrarecido. El proyecto de Estados Unidos de extender el escudo antimisiles que planea construir en la República Checa y en Polonia ha enfurecido a Rusia, que reaccionó recientemente con amenazas de apuntar sus misiles hacia Europa.
Bush trató de amainar el temporal con un mensaje claro: ni Rusia es una amenaza para Europa ni el escudo antimisiles estadounidense lo es para los rusos. Dijo que piensa explicárselo personalmente al presidente ruso durante el encuentro bilateral que mantendrán hoy, al margen de la cumbre.
"Rusia no va a atacar Europa", dijo Bush. "Rusia no es el enemigo. No es necesaria una respuesta militar porque no estamos en guerra con Rusia", agregó, y también aseguró que esa nación "no es una amenaza".
Moscú, por su parte, acusó a Washington de actuar "con un espíritu de Guerra Fría", en vísperas de la reunión que mantendrán los dos líderes.
El escudo antimisiles estadounidense y la posición rusa no es un tema de la agenda de la cumbre, aunque se espera que sea abordado en encuentros bilaterales o informales por los líderes Alemania, Francia, Estados Unidos, Rusia, Japón, Gran Bretaña, Italia y Canadá (los miembros del G-8). .
Agencias AP, DPA, AFP, EFE, DPA y Reuters
Diario "La Nación". Buenos Aires, Jueves 07 de junio de 2007 |
Incidentes y heridos pese al bloqueo policial
Los manifestantes jaquearon el enorme despliegue de seguridad
HEILIGENDAMM, Alemania.- Al grito de "¡Otro mundo es posible!", cerca de
10.000 militantes antiglobalización lograron ayer poner en jaque al
enorme dispositivo policial desplegado por las autoridades alemanas y
llegaron hasta el último vallado que protege la sede de la cumbre del
G-8, donde protagonizaron incidentes con las fuerzas de seguridad.
Los manifestantes, que también bloquearon los accesos al aeropuerto y
las autopistas aledañas, buscaban impedir el ingreso de las delegaciones
de los países más industrializados en el complejo hotelero donde se
realiza la cumbre. La policía recurrió a los gases lacrimógenos y a los
chorros de agua a presión para dispersar a los militantes, que
respondían con piedras e hirieron a ocho agentes.
"Si los podemos bloquear, si los almuerzos [de los líderes] demoran algunas horas, eso es muy bueno", dijo Emil Begtrup-Bright, miembro del grupo Foro Juvenil Socialista.
Como la cumbre se desarrolla en una pequeña ciudad balneario, los manifestantes aprovecharon el amplio y despejado terreno lindante y, divididos en pequeños grupos, fueron de un lado al otro bloqueando las vías de acceso y acercándose a la valla de protección. "Nos movimos por las praderas, ahí no llegaban los chorros de agua. La policía no estaba bien desplegada", relató un vocero de la organización Bloqueo G-8.
De esta manera, los manifestantes lograron sortear el mayor operativo policial de la historia de Alemania -que cuenta con 16.000 agentes- y alcanzaron la verja, de más de 12 kilómetros de largo y 2,50 metros de alto, que era la última protección antes del sitio donde se realiza la cumbre.
Aunque la policía logró hacer retroceder a los manifestantes, miles de ellos se mantenían apostados a unos 50 metros de la valla de seguridad.
En tanto, otros activistas bloquearon parte de la autopista A-19 en las cercanías del aeropuerto Rostok-Laage, al que en el transcurso del día fueron llegando el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso; el primer ministro japonés, Shinzo Abe; el canadiense, Stephen Harper; el italiano, Romano Prodi; el británico, Tony Blair, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy. El presidente estadounidense, George W. Bush, había arribado ya, el martes por la noche.
En tanto, otro grupo de militantes globalifóbicos bloqueó temporalmente las vías de un pequeño ferrocarril que es el único medio de locomoción que tienen los periodistas para llegar a la sede de la cumbre, lo que obligó a la prensa acreditada a recurrir a la ayuda de seis lanchas rápidas del ejército alemán para poder asistir a las conferencias.
Por otra parte, la manifestación central contra la cumbre, prevista para hoy, fue suspendida a último momento por sus organizadores. La marcha, para la que se esperaba la participación de miles de personas, no había sido autorizada por una corte alemana.
Por eso, ahora se espera una concurrencia masiva (70.000 personas según los organizadores) al recital solidario que se realizará hoy en Rostok, cerca de la localidad donde se realiza la cumbre, del que participarán Bob Geldof y Bono. .
Agencias AP, AFP, DPA y Reuters
Diario "La Nación". Buenos Aires,Jueves 07 de junio de 2007
Incidentes y heridos pese al bloqueo policial
Los manifestantes jaquearon el enorme despliegue de seguridad
HEILIGENDAMM, Alemania.- Al grito de "¡Otro mundo es posible!", cerca de
10.000 militantes antiglobalización lograron ayer poner en jaque al
enorme dispositivo policial desplegado por las autoridades alemanas y
llegaron hasta el último vallado que protege la sede de la cumbre del
G-8, donde protagonizaron incidentes con las fuerzas de seguridad.
Los manifestantes, que también bloquearon los accesos al aeropuerto y
las autopistas aledañas, buscaban impedir el ingreso de las delegaciones
de los países más industrializados en el complejo hotelero donde se
realiza la cumbre. La policía recurrió a los gases lacrimógenos y a los
chorros de agua a presión para dispersar a los militantes, que
respondían con piedras e hirieron a ocho agentes.
"Si los podemos bloquear, si los almuerzos [de los líderes] demoran algunas horas, eso es muy bueno", dijo Emil Begtrup-Bright, miembro del grupo Foro Juvenil Socialista.
Como la cumbre se desarrolla en una pequeña ciudad balneario, los manifestantes aprovecharon el amplio y despejado terreno lindante y, divididos en pequeños grupos, fueron de un lado al otro bloqueando las vías de acceso y acercándose a la valla de protección. "Nos movimos por las praderas, ahí no llegaban los chorros de agua. La policía no estaba bien desplegada", relató un vocero de la organización Bloqueo G-8.
De esta manera, los manifestantes lograron sortear el mayor operativo policial de la historia de Alemania -que cuenta con 16.000 agentes- y alcanzaron la verja, de más de 12 kilómetros de largo y 2,50 metros de alto, que era la última protección antes del sitio donde se realiza la cumbre.
Aunque la policía logró hacer retroceder a los manifestantes, miles de ellos se mantenían apostados a unos 50 metros de la valla de seguridad.
En tanto, otros activistas bloquearon parte de la autopista A-19 en las cercanías del aeropuerto Rostok-Laage, al que en el transcurso del día fueron llegando el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso; el primer ministro japonés, Shinzo Abe; el canadiense, Stephen Harper; el italiano, Romano Prodi; el británico, Tony Blair, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy. El presidente estadounidense, George W. Bush, había arribado ya, el martes por la noche.
En tanto, otro grupo de militantes globalifóbicos bloqueó temporalmente las vías de un pequeño ferrocarril que es el único medio de locomoción que tienen los periodistas para llegar a la sede de la cumbre, lo que obligó a la prensa acreditada a recurrir a la ayuda de seis lanchas rápidas del ejército alemán para poder asistir a las conferencias.
Por otra parte, la manifestación central contra la cumbre, prevista para hoy, fue suspendida a último momento por sus organizadores. La marcha, para la que se esperaba la participación de miles de personas, no había sido autorizada por una corte alemana.
Por eso, ahora se espera una concurrencia masiva (70.000 personas según los organizadores) al recital solidario que se realizará hoy en Rostok, cerca de la localidad donde se realiza la cumbre, del que participarán Bob Geldof y Bono. .
Agencias AP, AFP, DPA y Reuters

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