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lunes, 25 de mayo de 2015

RELIGIÓN 2010 "NEGAR EL FACTOR RELIGIOSO EN LA POLÍTICA FAVORECE A LOS GRUPOS FUNDAMENTALISTAS

Diario "Clarín". Buenos Aires, 14 de noiembre de 2010.

“Negar el factor religioso en la política favorece a los grupos fundamentalistas”

IVAN PETRELLA POLITOLOGO, ESPECIALISTA EN CONFLICTOS RELIGIOSOSMás que un choque entre civilizaciones -según este experto-, se vive casi una guerra civil dentro de cada una de las religiones. Ocurre tanto en países islámicos como europeos, en Israel y en los EE.UU.

  • Fabián Bosoer

Este politólogo argentino, con formación académica en los EE.UU., cosmopolita y heterodoxo, hijo de un ex vicecanciller y embajador, desafía las contradicciones clásicas entre religión y secularismo. Explica que no se puede hoy entender la política internacional sin conocer los componentes religiosos que están cada vez más presentes en la vida de los pueblos y recuerda que la idea de una “civilización judeo-cristiana” es muy reciente: propone redefinirla incluyendo al Islam. Es Iván Petrella, Doctor en Estudios Religiosos de la Universidad de Harvard, profesor de la Universidad de Miami y en la Universidad Di Tella.
¿Cómo están incidiendo las cuestiones religiosas en los principales conflictos internacionales? Parto de la hipótesis de que lo que está pasando hoy en el mundo tiene que ver con lo que podemos llamar “un choque de teologías”. Y eso es distinto a “choque de religiones” o “de civilizaciones”. Religiones son el Islam, el cristianismo, el judaísmo, pero dentro de cada una de esas religiones, encontramos distintas teologías; o sea, distintas perspectivas, posturas, posiciones. Y lo que está ocurriendo es una especie de guerra civil dentro de las religiones, que se extiende de distinto modo en el escenario internacional y a veces se expresa de manera global.
¿Cómo se plantean estas grandes divisiones intra-religiosas? En el mundo islámico la gran división es entre sunitas y chiítas. Pero hay más de una decena de escuelas islámicas que no coinciden entre ellas, distintas maneras de interpretar el Corán que tienen implicancias fuertes en su pretensión de “leer” la realidad contemporánea. Encontramos algo parecido en el mundo judío, especialmente en el Oriente Medio y el Estado de Israel, entre los sionistas seculares, los sionistas religiosos, que son los colonos, y los ortodoxos religiosos, que muchas veces están en desacuerdo con los colonos religiosos. Y hay también diversidad en el mundo del cristianismo, en la visión que tienen los evangélicos norteamericanos, y dentro de ellos, los llamados “sionistas cristianos”, que hacen una lectura bíblica del conflicto en Oriente Medio.
Nueve años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, muchos siguen cargando las tintas en que el conflicto central y las razones del terrorismo obedecen a una lucha entre Occidente y el Islam.
Es un gran error. De lo que se trató el 11-S es de una expresión global de la guerra civil que se está dando dentro del Islam. En ese momento, esa puja entre distintas versiones teológicas del Islam se expresó en el escenario norteamericano. La mayoría de los atentados de grupos fundamentalistas o extremistas, como Al Qaeda, ocurren dentro de países musulmanes, no en países occidentales, principalmente contra otros musulmanes. Lo vemos en Pakistán, Afganistán, Irak o en Indonesia.
¿Se potencian el fundamentalismo islámico y el nacionalismo religioso norteamericano? En cierto punto las tesis de Huntington sobre el choque de civilizaciones fueron replicadas o asumidas como propias por Osama Bin Laden. Volvamos al 11-S y la polémica reciente sobre la propuesta de construir allí una mezquita. Hay que recordar que las Torres Gemelas tenían adentro de ellas una mezquita, donde los musulmanes iban a rezar todos los días. Murieron cientos de musulmanes en ese ataque terrorista. Incluso el arquitecto de las Torres era uno de los preferidos del reino saudí. En la arquitectura misma había una simbiosis entre lo que es Estados Unidos y el mundo musulmán. Estados Unidos es un país con una población musulmana enorme, de ciudadanos que son policías, médicos, bomberos, muchos de los cuales fueron los primeros en acudir a las tareas de rescate del 11 de septiembre. Lo que quiso producir ese ataque es una ruptura de esa interacción, de esa realidad.
A pesar del tiempo transcurrido, ¿sigue existiendo una imagen distorsionada del llamado “mundo islámico” desde el mundo occidental? Muchas veces se piensa que el Islam es equivalente a Oriente Medio o mundo árabe, y ese es ya un primer gran error. Hay más africanos musulmanes que árabes musulmanes, y la mayor parte de la población mundial musulmana se encuentra en Asia: Indonesia es el país musulmán más grande del mundo. Claro que Oriente Medio tiene enorme peso en el mundo musulmán, porque es ahí donde se origina el Islam, y Meca y Medina (los dos lugares sagrados de la religión islámica) están en Arabia Saudita. Dentro del mundo musulmán existe una puja por qué país va a ser más representativo del mundo islámico. Tradicionalmente habían sido los saudís, porque Mahoma había nacido ahí y porque tenían mucha plata. Ahora está Irán pretendiendo disputar ese liderazgo.
Uno podría preguntarse si el fundamentalismo islámico es una creación del Islam, o de Occidente, al menos desde el punto de vista geopolítico.
En todo caso, en la forma en que lo vemos actuar hoy, es el resultado de la interacción entre Occidente y el mundo musulmán; del colonialismo y -hay que admitirlo también- del fracaso de gobiernos seculares que se basaban en la supresión del Islam. Es esa sinergia entre estos factores lo que les dio fuerza a las interpretaciones teológicas que se remontan a los tiempos en que el Islam representaba a un gran imperio y que atribuyen al avance de la cultura occidental una supuesta decadencia o amenaza a sus valores. Pero esto es sólo una parte no mayoritaria de lo que ocurre en el vasto mundo musulmán. Bangladesh es el séptimo país más poblado del mundo, con 80% de población musulmana: allí existe un Islam fuerte, pero pluralista y democrático, lo cual es posible, como lo muestra Indonesia también.
¿El reverdecer teológico en la política expresa una crisis de las ideologías políticas y los nacionalismos seculares? Hay algo de eso. Pero no solamente. También podemos atribuirlo a la mayor interacción entre culturas y pueblos enfrentados a sus diferencias. Estados Unidos prueba la falla de la famosa tesis de la secularización, de la que se hablaba mucho en los 60 y 70. Según esa tesis, cuanto más desarrollada la sociedad, más secular iba a ser. Eso se dio solamente en el caso de Europa y vemos que también ese modelo está en crisis. Estados Unidos, para muchos la sociedad más desarrollada del mundo, es una de las más religiosas. Y sin embargo también se trata de una sociedad cada vez más multicultural y multirreligiosa. Pensarlo como una secularización y desconocer el factor religioso en la vida de los pueblos es favorecer a los extremistas y fundamentalistas.
¿Europa puede ser nuevamente la geografía donde se disputan cruzadas religiosas? No lo creo. El Islam que va a surgir en Europa, y que viene surgiendo en Estados Unidos, va a tener una gran influencia en el futuro del Islam. Si uno mira la historia del Islam, muchas veces las innovaciones se dieron en zonas que en ese momento eran algo periféricas. Uno ya ve, por ejemplo, intelectuales islámicos trabajando en Europa y Estados Unidos, en un ambiente y un contexto cultural muy distinto y pluralista, que están trazando un futuro para el Islam que es muy distinto del que plantean los movimientos extremistas.
Estaríamos entonces frente a confluencias civilizatorias resistidas por los fundamentalismos religiosos. ¿Podemos verlo de este modo? Un paso conceptual también importante es empezar a pensar no en una civilización judeo-cristiana, sino en una civilización judeo-cristiano-islámica. El concepto de “civilización judeo-cristiana” es de data muy reciente, post Segunda Guerra y luego del Holocausto. Si uno mira la interacción entre el judaísmo y el cristianismo en la historia, no ha sido precisamente la de una civilización conjunta sino de persecución. Si pudimos inventar ese concepto, podemos ampliarlo e inventar este otro, más adecuado a lo que está ocurriendo en el mundo actual. Y no es que no existan antecedentes históricos. Un ejemplo paradigmático es el caso de la España Musulmana, de Al-Andalus, donde convivían pacíficamente las tres religiones monoteístas: la religión judía, la cristiana y la islámica.
¿Hay que estudiar las religiones, entonces, para entender mejor los conflictos internacionales de la actualidad? En la Argentina, por suerte, no tenemos conflictos religiosos, pero creo que todavía no somos totalmente conscientes del factor religioso en la política. No se puede ser una persona educada hoy en día y no saber algo de religión. Muchas universidades piden como materia obligatoria “introducción a la filosofía”, pero si uno sale a la calle, no se cruza con un nietzscheano, un hegeliano, un kantiano ... Se cruza con judíos, budistas, musulmanes; sin embargo, no nos piden que sepamos nada de estas religiones. Por otro lado, si uno hoy en día quiere poder negociar en los principales conflictos en el mundo, tiene que saber las bases teológicas de los grupos con los cuales tiene que negociar, porque ellos piensan y hablan en esos esquemas. Tener ese entrenamiento facilita los procesos de paz.
Copyright Clarín, 2010.


Diario "Clarín". Buenos Aires, 14 de noiembre de 2010.

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