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viernes, 29 de mayo de 2015

DERECHOS HUMANOS (2013) “Como nunca antes, la gente está dispuesta a hacer valer sus derechos” Grosman Claudio


“Como nunca antes, la gente está dispuesta a hacer valer sus derechos”

CLAUDIO GROSSMAN. JURISTALos derechos humanos deben estar por encima de los intereses políticos, pero no es lo que suele suceder en la práctica y hay que advertirlo, dice este destacado jurista chileno.
  • Alberto Amato

Tiene una pasión: los derechos humanos. A esa pasión lo empujó el golpe militar que, en su tierra y hace cuatro décadas, derrocó a Salvador Allende y acabó a sangre y fuego con la entonces llamada “vía pacífica al socialismo”. La ruta obligada fue el exilio a los veintiséis años, el desamparo, el rehacerse a una nueva vida, el no poder volver a caminar las amplias alamedas santiaguinas y el descubrimiento en Europa de una nueva visión de su otra pasión, el derecho. Claudio Grossman, ex presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y actual presidente -reelecto para un tercer mandato- de la Comisión de las Naciones Unidas contra la Tortura, pasó veloz por Buenos Aires para participar en el Congreso Internacional de Ejecución Penal, organizado por el Centro de Estudios de Ejecución Penal de la Facultad de Derecho de la UBA.
El golpe de Pinochet cambió su vida cuando era usted muy joven.

Claro. La violación de los derechos humanos en Chile fue bien importante. Pero tal vez no sea eso lo que me define. Yo viví diez años en Holanda y pude apreciar el valor del derecho como modo instrumental. Los derechos humanos son una narrativa de la dignidad humana que tiene que ser superior a los intereses políticos.
¿Por qué lo señala con tanto énfasis?

Porque hay sectores políticos que instrumentalizan los derechos humanos; que ven a las víctimas de un color y a los victimarios de otro color. Y se preguntan: “¿Cuál es mi posición política frente a eso?” Mi experiencia en Europa y la experiencia en Chile me mostraron que la legitimidad tiene que ver con no preguntarse la ideología de la gente para respetarle sus derechos. A mí no me importa si el torturado tiene una ideología u otra, o el torturador tiene una u otra ideología. Ha habido vanguardias políticas que han buscado instrumentalizar los derechos humanos. “¿Eso nos conviene? ¿No nos conviene…?” Y derechos humanos como la libertad religiosa, la presunción de inocencia, la independencia del Poder Judicial, la igualdad ante la ley, el estado de derecho, la libertad de expresión, la libertad de información, son conquistas de la civilización cuya viabilidad depende de verlas como valores en sí mismo. Uno tiene que comprometerse con ellas sin hacerse la pregunta política sobre si conviene o no hacerlo.
¿Por qué ha sido tan difícil instrumentar una política eficaz de derechos humanos en algunas regiones, como en América latina, por ejemplo?

Yo he visto avances en el continente, en algunos países. Hoy existe una mayor conciencia de la necesidad de independencia del Poder Judicial, frente a los actos abusivos de quien sea. Hay sociedades civiles mucho más poderosas, más ricas, hay organizaciones no gubernamentales, un acceso a la información universal a través de Internet, eso ha creado nuevas condiciones. La lucha por las libertades fundamentales, que son luchas que vale la pena hacer, ha tenido avances en la región. Claro, recuerdo una expresión italiana, el “chiaro oscuro”, hay cosas claras y cosas oscuras. Pero creo que, como nunca antes, hoy día en este hemisferio hay mucha gente que reclama sus derechos, mucho más que en el pasado.
Pero reclaman lo que no tienen …
Bueno, no tiene algunos y busca avanzar en otros. Porque las democracias son perfectibles. Está claro que la democracia, que no ha sido definida jurídicamente, no es sólo el derecho a votar. Democracia es equilibrio de poderes, parlamentos con capacidad de legislar, que ejerzan posiciones de fiscalización, que no sean sólo clubes de debate más o menos ilustrados; es hablar de sociedades participativas, de protección a los grupos vulnerables. Creo que si hay un avance importante en la región, es la presencia mucho más fuerte de la sociedad civil.
¿Cuál es entonces el panorama de los derechos humanos en el continente?

Se ha logrado establecer en general la legitimidad de las elecciones y hay más participación. Desde luego, me preocupan varias cosas. Es muy importante que exista libertad de expresión. Hay países con Ejecutivos muy poderosos. Y el “check and balance”, el contrapeso, es una prensa fuerte, con capacidad de ventilar las cosas. En algunos países de la región los (poderes) Ejecutivos fuertes, utilizando el lenguaje de la necesidad de pluralismo y la comunicación, en vez de agregar voces, empiezan a justificar la utilización de medios, directos o indirectos, para suprimir voces. Y terminan con una total falta de pluralismo. Le pongo un ejemplo: Venezuela. Al principio, lo que se planteó fue: “Mire, aquí los medios tienen una sola tendencia, una sola orientación …” Empezaron a poner restricciones, y, al final, no hay un solo canal de televisión con cobertura nacional que tenga una posición diferente a la del gobierno. En vez de agregar voces usando el poder regulatorio del Estado, lo que terminan haciendo es restringir, suprimir voces. Segunda cosa que me preocupa, es que exista el desacato, el penalizar la crítica a la autoridad pública. Si hay un lenguaje que debe ser protegido es el que critica o examina la actividad pública, no debe ser objeto de sanciones penales. Se logró en parte esa descriminalización y Argentina jugó un rol muy importante. Pero en algunos países se discontinuó eso, como en Venezuela donde no sólo se mantuvo, sino que se incrementaron las penas y aumentaron los sujetos protegidos. Todo en un contexto donde los actores políticos usan un lenguaje muy ofensivo hacia otros, pero si usted usa el mismo lenguaje, o similar, va preso. ¡Y va preso! Y además, juzgado por tribunales militares.
Usted mencionó recién a la prensa, la libertad de información, la información universal, el boom de Internet. Parece que el periodismo marcha hacia el siglo XXII. Pero los intentos de los gobiernos de acallar o de condicionar a la prensa son del siglo XIX. ¿Cómo se concibe ese anacronismo?

Mire, yo apuesto a la libertad de expresión. Creo que esas cosas no van a dar resultado por las características de vida del siglo XXI. Como le dije, nunca como ahora la gente quiere tener un espacio individual, progresar, decir lo que piensa, no hacer genuflexiones, no ser servil a nadie. Hay una gran aspiración a la libre expresión en todos sus sentidos. Yo apuesto a esa mayor expresión. Creo que es no sólo una causa justa, sino una causa ganadora.
Pero, ¿por qué cree que los gobiernos democráticos actúan así? Uno espera eso de las dictaduras. Pero gobiernos electos por mayoría, de corte popular si usted quiere…
Tengo los mismos elementos que usted para juzgar. A veces, a uno le preguntan y piensa que es el oráculo de todo esto (Risas) Yo creo que son medidas cortoplacistas, irritaciones, distintas cosas. Lo que me interesa es que no va por ahí la cosa ganadora. La cosa ganadora va con más espacio para la expresión.
¿Cómo están los informes de Argentina ante el Comité contra la Tortura?

Argentina tenía que presentar en 2008 su informe ante el Comité, pero está atrasada. En 2010 aceptó un procedimiento para responder una lista de preguntas que debía enviarse en 2012. Y no se ha enviado aún. En nuestro informe sobre Argentina, que fue examinada en 2004, valoramos cosas que son importantes: aquí no hay una política ordenada, de Estado, dirigida a torturar a la gente, no. Pero expresamos preocupación hacia una serie de cosas: un hacinamiento muy grande en las cárceles, no preservar la separación de adolescentes con presos adultos, un porcentaje muy alto de prisión a gente sin condena. Planteamos la necesidad, una vez que se ratificara el protocolo adicional, de un mecanismo de prevención a la tortura. En 2007 el Comité le mandó una nota a Cristina planteando cómo iba eso, y no nos respondieron.
¿Cómo es que no puede eliminarse la tortura? ¿Por qué el hombre, que tortura desde las cavernas, lo sigue haciendo en pleno siglo XXI? Disculpe que me aparte del derecho…
A veces son temas culturales. Cuando hay un crimen espantoso, la gente quiere resultados rápidos, los órganos de seguridad se sienten presionados, falta entrenamiento, falta de responsabilidad, de recursos, de imaginación. Ahora, cuando hay violadores delincuentes, hay que imponerles el peso de la ley. La prohibición de la tortura no significa que no haya criminales condenados. La seguridad ciudadana se incrementa cuando hay una cultura de respeto de la ley. Pero cuando se requieren esas técnicas, es cuando se hace difícil contener el uso de la tortura porque se expande hacia todos. Cuando le dan licencia doble cero, como a James Bond, a órganos de seguridad, eso atrae también a cierto tipo de personas. Si hacemos una competencia de cuáles son las destrezas de un periodista, usted me puede decir cuáles son. Y yo les diría cuáles son las de un abogado. Pero, si permitimos la tortura, ¿qué tipo de gente atraemos?, ¿cuáles destrezas tienen los que ejercen la tortura? Yo creo que la prohibición de la tortura es posible, y se han salvado ya muchas vidas. Pero estamos en un proceso todavía, y hay que reiterarlo. No hay que confundirse, ¿sabe? Estaba la famosa alternativa: “Si usted sabe que han puesto una bomba atómica, ¿no torturaría para saber adónde está?” Y, dígame, ¿cuántas bombas atómicas ha habido en América Latina y cuántos torturados?
¿Qué más le preocupa de todo lo que ha visto en el continente respecto a precariedad de derechos humanos?

El hacinamiento en las cárceles, por ejemplo. En Ecuador, en Brasil, la situación de Guantánamo en Estados Unidos. El comité no es sólo contra la tortura, sino también sobre el tratamiento inhumano o degradante. Gente con ciertas orientaciones sexuales a las que matan, la persecución a poblaciones afroamericanas, el asesinato de periodistas, por ejemplo: más de doscientos periodistas asesinados, es inaceptable.
¿No son, la mayoría de ellos, dramas desatados por la pobreza?

Sí. Pero no sólo por la pobreza. También es falta de imaginación, de no ver esos temas como una prioridad. Y no es sólo responsabilidad de los gobiernos. Piense en un candidato que diga: “Si gano, mi proyecto es construir cárceles nuevas”. ¿Cuánta gente lo vota? Por eso es importante hablar de estas cosas. Uno ve países con grandes espacios territoriales, me ha pasado de decir: Aquí ustedes tienen espacios para hacer cosas … Es falta de imaginación, es no comprometerse. Esas cárceles hacinadas terminan por ser escuela de crímenes, crean situaciones de violencia, los porcentajes de reincidencia son muy altos. No sólo es justo, es conveniente construir mejores cárceles. Yo le he dicho a algunos políticos: “Oye, a ti te conviene arreglar las cárceles porque tú puedes terminar en una…” (Risas) He convencido a un par, pero no me ha servido de mucho el argumento.
Copyright Clarín, 2013.

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