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jueves, 17 de septiembre de 2015

GLOBALIZACIÓN 2014


Las cosas no se ven bien: aplazo popular a la economía global

Con la mirada puesta en sus vivencias, solamente dos de cada diez argentinos creen que la situación local es buena, según una encuesta de la firma Ipsos; en el mundo, los peores índices se dan en Italia y España
Por   | LA NACION
Es inevitable: la economía marca la vida cotidiana.Y, por tanto, hay una percepción personal de cómo marchan las cosas que trasciende cualquier fría estadística y que se construye, principalmente y según los analistas, a partir de charlas con gente cercana, de la memoria sobre hechos ocurridos en la sociedad y, sobre todo, de cuán cómodo o incómodo se sienta el propio bolsillo.
En la Argentina, sólo 18% de los consultados en una encuesta señalaron en mayo que la situación local es buena o muy buena. Así, sumaron cuatro los meses seguidos en los que alrededor de ocho de cada 10 consultados aplazaron a la economía. Las opciones no incluyen punto medio: se está bien o muy bien, mal o muy mal. Y el nivel de aprobación cae fuerte desde fines de 2011, cuando más de la mitad de la muestra era optimista.
Ubicada en el puesto 20 de un conjunto de 25 naciones, la Argentina supera a paísescomo España, Francia o Italia, que no logran despertar de su larga crisis y donde sólo 9% o 10% de la población tiene una visión positiva. Son todos datos consignados en el Global @dvisor, un informe sobre el pulso de la economía que elabora la consultora Ipsos. El porcentaje de población con mirada positiva no es muy diferente en México y Brasil (20%), los otros países latinoamericanos incluidos en el trabajo. La diferencia con quienes habitan la tierra que está en la mira por el fútbol aparece en la visión del futuro. El 56% de los brasileños cree que en seis meses su país estará mejor; aquí, ese índice es de 31 por ciento. Pero el optimismo verdeamarelo está en caída desde hace dos años, y está claro que la proximidad del Mundial (en la encuesta más reciente) no mejoró los ánimos.
Sí es cierto que allí, y según el relevamiento global, que se hace desde 2007, las expectativas pueden desligarse de la sensación del momento presente, más allá de si la realidad valida o no luego el optimismo.
"Para la sociedad argentina es difícil despegar de la situación actual la mirada hacia el futuro", analiza Luis Costa, director de Ipsos Mora y Araujo. ¿La razón? "Aquí está incorporada la idea de la imprevisibilidad; la compra de dólares como resguardo tiene que ver con eso", agrega. El sociólogo alude a uno de los temas que en los últimos años hicieron que empeorara la percepción de los argentinos: la aceleración de la suba de precios (más aún desde el año pasado, porque los salarios de convenio dejaron de seguir de cerca esa evolución).
No es, claro, la única explicación para el deterioro de la confianza. El inicio del declive coincide con el momento en el que se estanca la creación de empleo privado y caen los índices de evolución del consumo. Dos años atrás, al 45% de los encuestados les parecía que la situación estaba bien. Y hace un año, el índice era de 25 por ciento.
Inflación, capacidad de compra y situación laboral son factores muy vinculados a la percepción de cómo está la economía. La vinculación no se da tanto a partir de datos estadísticos, como de la experiencia propia y de personas cercanas. Evidencia de eso parece haber en la Argentina, con el falseamiento de los índices de inflación por parte del Gobierno.
"Para el caso del desempleo la clave [de cómo se percibe la situación] es el grupo de referencia", explica Martín Tetaz, economista especializado en la conexión entre economía y psicología. Cita una investigación realizada con Guillermo Cruces y Ricardo Pérez Truglia, economistas del Cedlas y de Harvard, respectivamente: "Las personas se ven fuertemente influenciadas por las condiciones de su grupo de referencia, colegas, amigos, familiares, vecinos, y tienden a creer que el grupo es más representativo de la sociedad de lo que en realidad es".
Según Ipsos, 57% de los argentinos dice saber de alguien que perdió el empleo en los seis meses previos, por la situación económica. Y en línea con eso, sólo uno de cada cuatro se siente hoy más seguro que seis meses atrás en su puesto de trabajo. Además, el 22% cree que está en mejores condiciones para embarcarse en la compra de una casa o un auto, o bien para ahorrar dinero. Eso sí, al igual que ocurre en Brasil, la confianza en que la propia situación personal será mejor en el futuro (55% así lo cree) es mayor que el optimismo sobre el país, un dato que no deja de revelar cierta contradicción o una idea de que los problemas no alcanzarán para trabar proyectos individuales.

En otras latitudes

El ranking de países según cómo sus ciudadanos ven la economía tiene relación con lo que de ellos se conoce según los datos más tradicionales. "Europa no alcanzó los niveles de actividad que tenía antes de la crisis y el mercado de crédito está paralizado", analiza el economista Guillermo Calvo, profesor de Economía de la Universidad de Columbia, respecto del continente con países que revelan peores índices. Agrega que el único prestamista es el Banco Central Europeo, pero con acciones que no llegan a la población.
En Estados Unidos, 37% de los consultados ve un escenario favorable, lo que ubica al país en la mitad de la tabla y cerca del promedio global, que arroja que 39% de las personas aprueban la situación de sus países. "Después de la crisis, Estados Unidos tuvo crecimiento, pero el empleo avanza en algunos meses y en otros no, y la tasa de desocupación, del 7%, es alta para el país", sostiene Eduardo Fracchia, director del área de Economía del IAE.
En América latina, dice Calvo, la economía se desaceleró a partir de 2012, en su opinión a causa de que los precios de las commodities dejaron de subir fuerte o cayeron en algún caso; para la Argentina en particular, el economista observa que "por la reputación del Gobierno y lo impopular de algunas políticas que habría que implementar, va a ser muy difícil" recuperar credibilidad. Y Brasil, que está en su cuarto año con muy bajo crecimiento, "siempre promete pero no logra altas tasas, le falta infraestructura y no encuentra aún la vuelta", según observa Fracchia.
En la cima del ranking de países según cómo ven sus habitantes la economía, está Arabia Saudita (87% considera que la situación es buena o muy buena), un país con ingresos basados en su riqueza petrolera. El informe aclara que, como la muestra es online, en este caso el nivel de penetración de Internet en la población hace que los resultados no deban ser tomados como representativos de la población en su totalidad (para la Argentina, como para la mayor parte de los países, la consultora considera que sí hay representatividad porque se incluye a todos los segmentos sociales).
El segundo lugar en el podio lo ocupa Alemania, con 75% de visión positiva. "Los alemanes tienen muy buena evaluación de su economía, pero hace años que creen que en el futuro van a estar peor por contagio de sus vecinos", señala Costa. En mayo, sólo dos de cada 10 consultados consideraron que en seis meses más la situación estará mejor. Para Costa, Alemania es el contraejemplo de la teoría de la profecía autocumplida.

Ánimos y variables

¿Es que influyen finalmente los estados de ánimo de la población en la marcha de la economía real? "Muchos fenómenos económicos, como la evolución del dólar blue, dependen más de lo que la gente cree que va a pasar que de la realidad de la economía -analiza Tetaz-. Si todos creen que el dólar va a subir, se vuelcan a comprar y sube por eso." Algo similar pasa con los precios: "La Universidad Di Tella mide cada mes las expectativas de inflación, y hoy la gente espera una inflación anual de 35,2% en promedio, por lo que los formadores de precio intentan ganarle a ese índice", dice.
Claro que para que eso ocurra (y más allá de que existe una suba real de los costos de producción derivada de causas macroeconómicas), previamente se activa la memoria de las personas, sobre todo ante ciertos hechos o medidas. A fines de 2011, se inauguró el cepo cambiario. Y en la construcción de las expectativas, una particularidad argentina es lo influyente que resulta el billete verde. "El precio del dólar sirve como termómetro del bienestar de la economía, incluso para quien no lo compra; las expectativas se deterioraron a fines de 2011 y se derrumbaron en febrero de este año tras la devaluación, porque en la memoria episódica de los argentinos está que cuando el dólar está estable, las cosas van bien, pero cuando se descontrola es porque viene una crisis", dice Tetaz.
"Hoy la gente no siente que haya crisis, pero sí que la economía no está bien", diferencia Costa. Las crisis se vinculan con la paralización de la actividad y el consumo, y lo que se siente ahora es una limitación para las compras y un nivel de incertidumbre respecto del empleo.
Los analistas no asignan tanto valor a las noticias como a la percepción del día a día en la formación de las expectativas que, en todo caso, resultan amplificadas o amortiguadas por hechos que se ven lejanos. ¿En qué piensa alguien cuando se le pregunta sobre la economía? "Básicamente en su bolsillo; ni en la balanza comercial ni en si la Argentina arregla o no con los holdouts", dice el responsable local de la encuesta.
Ciertas noticias, no necesariamente del ámbito económico, pueden tener impacto inmediato, pero no duradero. La corrupción pesa poco entre las mayores preocupaciones de la población... Mientras no se perciban problemas económicos. Eso es parte del poder que muestra el bolsillo de los ciudadanos y que debería inquietar a la política. "El mejor predictor de resultados electorales y de estados de ánimo colectivos es el modo en el que la gente evalúa la situación económica", advierte Costa.
Buenas o malas noticias de economía pueden tener sus efectos sobre los niveles de optimismo, pero son sólo de corto plazo. Afirma Tetaz: "En el país hubo un crecimiento fuerte del consumo el mes siguiente de ganar el Mundial en 1986 y hasta se frenó la fuerte suba del dólar; pero luego todo cedió a la realidad".
Lo que siente el bolsillo interfiere en la política, pero no parece pesar mucho en la sensación de felicidad personal. Esto vale para todos los países: en general, el índice de quienes responden ser felices supera al de quienes aprueban la economía. En nuestras tierras, dos tercios de los encuestados dijeron ser felices. La encuesta les permitió resguardar su secreto, pero sí reveló que para la mayoría de ellos no es el dinero lo que de verdad les hace sonreír..

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