Diario "La Capital". Rosario, Jueves, 21 de noviembre de 2013
¿Un mal presidente? Hace 50 años moría asesinado Kennedy en Texas
De entre los muchos libros publicados de cara al 50º aniversario del asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy, el 22 de noviembre, uno de los más originales se titula "If...
Magnicidio. El momento en que el presidente Kennedy es mortalmente herido. Su esposa Jackie intenta escapar.
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Kennedy, el brillante hombre joven que cargaba sobre
sus hombros la esperanza de toda una generación y que fue elegido en
noviembre de 1960 para ocupar la Casa Blanca cuando sólo tenía 43 años,
acabó siendo un proyecto "inacabado". Sólo llevaba 1.036 días de
gobierno cuando las balas acabaron con su vida en Dallas.
El "Mito Kennedy", la fascinación del héroe nacional,
conocido por sus siglas "JFK", se debe sobre todo a su muerte prematura
y trágica, así como al optimismo y la confianza que logró despertar
durante su breve mandato entre los estadounidenses. Al lado de ello, su
herencia política, aquello que este demócrata logró realmente durante su
mandato, es algo casi secundario.
Un símbolo vivo. El Estados Unidos
de Kennedy era todavía "la tierra de las posibilidades ilimitadas", la
fe en el "sueño americano" no se había quebrado aún. Nada parecía
imposible. Apenas unos meses después de llegar a la Casa Blanca, Kennedy
incluso anunció con audacia su objetivo de mandar antes del fin de la
década una misión a la Luna. Para millones de jóvenes estadounidenses,
Kennedy se convirtió en el símbolo vivo de una América joven,
resplandeciente y llena de confianza en un futuro brillante.
Son esas imágenes las que perduran, y sus discursos
siguen resonando hoy en día, sin perder su brillo pese a las vergonzosas
revelaciones y correcciones históricas realizadas posteriormente. Ahí
está la imagen de ese hombre tan atlético y de apariencia fuerte cuando,
en realidad, padeció durante buena parte de su vida graves enfermedades
y que debía portar un corsé para paliar sus fuertes dolores de espalda.
Engaños y errores políticos. O la
imagen del esposo y padre de familia feliz junto a su bella y elegante
esposa Jaqueline "Jackie" Kennedy, así como la foto del presidente en el
Despacho Oval mientras su hijo pequeño John juega bajo la mesa. El
hecho de que se acabara descubriendo que ese "JFK" era en realidad un
mujeriego apenas logró dañar su imagen pese a lo puritano que era
Estados Unidos en esa época.
Famosa es la imagen del presidente en el verano de
1963 en su gira por Alemania, donde con su frase "Ich bin ein Berliner",
soy un berlinés, provocó una oleada de entusiasmo. ¿Quién se acuerda
hoy aún de la decepción en ese mismo Berlín cuando, dos años antes,
Kennedy había permitido que se erigiera el muro sin hacer nada en
contra? Y por supuesto ahí están las imágenes —televisadas en directo—
de su muerte, cuando es alcanzado por las balas y se desploma en su
limusina descapotable negra. Aun hoy se multiplican las teorías
conspirativas. ¿Por qué fue asesinado a su vez su presunto asesino, Lee
Harvey Oswald, poco después de cometer el magnicidio? ¿Se pretendía
quizás ocultar un complot? "Creo que, según todos los estándares
objetivos, no se le puede calificar como un gran presidente", opina el
historiador Stephen Hess, del laboratorio de ideas de Washington
Brookings Institution. "Y creo que sería muy difícil también calificarlo
como un buen presidente", apostilla. Su análisis: en materia de
derechos civiles y la lucha contra la opresión de la población negra
JFK, el presidente demócrata —y el primer católico en llegar a la Casa
Blanca— hizo como mucho un esfuerzo a medias. Tan sólo en junio de 1963
presentó un proyecto de ley amplio contra la segregación racial ante el
Congreso. Pero sería su sucesor, Lyndon B. Johnson, el que finalmente
acabó defendiéndolo y logró su aprobación. Sobre todo el primer año de
mandato de Kennedy, quien según muchos expertos jamás habría llegado a
ser presidente sin la masiva ayuda financiera de su rico y ambicioso
padre, está considerado un desastre. Entre los fracasos más
estrepitosos: la malograda invasión a Cuba de Bahía Cochinos en abril de
1961.
Y apenas dos meses más tarde, se producía la segunda
metedura de pata: en un momento álgido de la Guerra Fría, Kennedy se
reúne con el líder soviético Nikita Kruschev en Ginebra, donde deja una
imagen de contrincante débil e inexperimentado. Las consecuencias serán
graves: dos meses después, comienza la construcción del Muro de Berlín.
En aquellos momentos resultaba impensable una humillación mayor para la
potencia mundial que era Estados Unidos.
Sombría aventura militar. También en
su primer año de mandato Kennedy envió a varios cientos de "asesores
militares" a Vietnam, iniciando el lento involucramiento de Estados
Unidos en una de las aventuras militares más sombrías de su historia, en
la que más de 50.000 norteamericanos acabarían perdiendo la vida.
Para el historiador Hess, ni siquiera la actuación de
Kennedy durante la "Crisis de los Misiles" del otoño boreal de 1962 en
Cuba se libra de las críticas. El mundo contuvo el aliento, temeroso de
estar al borde de una guerra atómica, hasta que en el último minuto la
URSS —tras un mensaje privado de Kennedy a Kruschev— aceptó retirar sus
misiles de Cuba a cambio de la promesa de Washington de no invadir la
isla. Kennedy "hizo un trabajo excelente en ese momento", reconoce Hess.
"Pero él fue el que nos metió en esa crisis", acota. Si el presidente
estadounidense no hubiera dejado una imagen tan débil en su cumbre con
Kruschev, Moscú jamás se habría atrevido a emprender la aventura de los
misiles nucleares en Cuba, sostiene. Pero el "fenómeno Kennedy" implica
también que todos estos detalles no logran dañar realmente la imagen del
presidente número 35 de Estados Unidos. Kennedy sigue siendo hoy en día
uno de los mandatarios más apreciados de la historia del país. "Pese a
todas las revelaciones de sus engaños, sus errores políticos y su
disoluta vida privada", opina el autor Michael Knox Beran, "JF Kennedy
sigue siendo uno de nuestros nacionales favoritos".
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