El patético
“juicio” al Corán sucedió en la misa dominical del 20 de marzo. Allí
estaba el reverendo Terry Jones y su ladero, el pastor Wayne Sapp, que
finalmente fue quien encendió el libro sagrado empapado en querosén, con
un mechero de barbacoa. Fue una ceremonia íntima, ante un puñado de
seguidores, lejos de aquél revuelo que se armó en septiembre, cuando
llamaron al “Día internacional de la quema del Corán” , luego frustrado
ante el escándalo mundial que se armó. Pero no fue un acto para pocos:
los reverendos tuvieron la precaución de hacerlo registrar en video y
subirlo luego a Youtube.
La intención incendiaria de estos
tenebrosos personajes va más allá de la provocación personal. Quienes
han podido conversar con ellos –esta periodista entrevistó a Jones y a
Sapp en su iglesia de Gainesville, Florida, hace unos meses– están
convencidos de que su discurso es fundamentalista y disparatado, pero
que cala hondo en algunos sectores de la sociedad estadounidense. Sin
llegar al extremo de estos pastores, hay muchos en ese país que piensan
que el islam es intrínsecamente violento y que es una amenaza para el
cristianismo. Conversar con ellos es un ejercicio frustrante porque no admiten el mínimo disenso
. En medio del ambiente bucólico del Dove World Outreach Center juran
que todas las respuestas están en la Biblia, que no son intolerantes y
que el propio Jesús tuvo que luchar contra la incomprensión. No creen
que su discurso sea provocador. Dicen estar en una cruzada para defender el cristianismo , aunque lo que hagan sea mancillarlo. La paradoja del caso es que la ceremonia de marzo apenas quedó registrada en la prensa. Fue al parecer el presidente afgano Hamid Karzai quien, recién este jueves, mencionó el hecho en un discurso y pidió a Barack Obama que arreste a los pastores, algo imposible porque en EE.UU. no es delito la quema de banderas o libros religiosos, en nombre de la libertad de expresión.
Pero las palabras de Karzai fueron amplificadas el viernes en las mezquitas afganas y atizó la furia de los musulmanes y la violencia de los más radicales. Si a esto se le suma la reciente difusión de fotos de soldados de EE.UU. riéndose ante cadáveres de afganos, puede decirse que Obama tiene ahora un nuevo frente de conflicto en Afganistán y quizás más allá, con los extremistas en pie de guerra. Los fundamentalistas a ambos lados del océano parecen sonreír.
No hay comentarios:
Publicar un comentario