Diario "Clarín". Buenos Aires, 21 de agosto de 2011.
Nadie evoca el fin de la URSS
DELGADA LINEA ROJA
Frustración y
desilusión en las calles de Moscú. Donde hace 20 años se juntaron
cientos de miles para defender la apertura democrática lanzada por
Mijail Gorbachov, ahora hubo unos pocos cientos. Putin y Medvedev no se
dieron por enterados. Los muertos durante el golpe apenas si recibieron
unas flores de sus familiares. El hecho que marcó el fin de la Unión
Soviética no es feliz para nadie . A unos les recuerda cómo
perdieron lo poco que les daba el régimen comunista. A otros, cómo se
quedaron con los bienes de todos.
El 19 de agosto de 1991, la nomenklatura del Partido Comunista decidió que ya era suficiente de Perestroika (reconstrucción) y Glasnot
(transparencia) y detuvieron al presidente aperturista Mijail Gorbachov
en su dacha de Crimea, sacaron los tanques a la calle y lanzaron un
golpe ultraconservador. Se olvidaron de que en Moscú estaba Boris
Yeltsin, un viejo burócrata, borracho y astuto que vio de inmediato su
oportunidad. En unas pocas horas logró que los tanques estacionados
frente al Parlamento se dieran vuelta y sacaran banderas
independentistas rusas en vez de las rojas de la hoz y el martillo.
Salió a defender la democracia y a quedarse con el poder.Cuatro días más tarde, el golpe había fracasado . Gorbachov regresó al Kremlin pero el daño ya estaba hecho. Las repúblicas soviéticas fueron decretando su independencia.Sin que mediara ningún baño de sangre muy traumático desapareció el PCUS, el partido con 20 millones de militantes, las juventudes comunistas de la Komsomol con 40 millones de afiliados y un ejército de 55.000 tanques, 70.000 tropas blindadas y 8.000 cohetes de largo alcance.
En diciembre de ese año se decretó la disolución de la unión, Gorbachov pasó a la historia y Yeltsin intentó una confederación de repúblicas algo más pequeña pero que duró muy poco. Claro que la nomenklatura comunista no perdió el poder. Unos 750.000 dirigentes y sus familias, algo así como el 1,5% del total de la población de la URSS, más algunas mafias locales se hicieron con el verdadero poder. Se repartieron la segunda potencia del mundo. Esa es la razón por la que casi nadie quiere conmemorar el episodio. Las grandes fortunas no tienen pasado. La pobreza es un recuerdo permanente.
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