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viernes, 20 de junio de 2014

MANDELA, NELSON Y LA ARGENTINA. Dinatale, Martín


Nelson Mandela / Su paso por el país

Con la Argentina, una relación especial

Por  | LA NACION
La relación de Nelson Mandela con la Argentina estuvo desde sus primeros pasos como presidente de Sudáfrica ungida por la lucha común contra el apartheid y el deporte, como no podía ser de otra manera para el líder carismático que desde ayer quedó inmortalizado.
Paradojas del destino: el primer funcionario argentino al que abrazó Mandela cuando llegó al poder en 1994 luego de 27 años de cárcel fue el entonces embajador Hugo Porta, un ex rugbier. Y precisamente fue el rugby el deporte que eligió el líder sudafricano para unificar su país, profundamente dividido durante cientos de años por los enfrentamientos entre negros y blancos. Esta puja signada por el régimen de segregación racial fue también duramente cuestionada desde la Argentina con el reinicio de la democracia en nuestro país.
 
Foto:  Archivo 
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"Mi padre siempre sintió una gran admiración por la Argentina", dijo Zenani Dlamini, la hija de Mandela y embajadora de Sudáfrica en la Argentina, durante un breve encuentro que mantuvo con LA NACION.
Para que no queden dudas de esa aseveración, Porta ratificó los dichos de Dlamini: "Mandela siempre bregó por las buenas relaciones entre la Argentina y Sudáfrica".
Mandela viajó sólo una vez a la Argentina. Pero esa visita resultó suficiente para ganarse la admiración de muchos argentinos. Fue en 1998, durante el gobierno de Carlos Menem. El entonces presidente sudafricano llegó para una cumbre del Mercosur y fue ovacionado en el Senado. Luego partió a Tierra del Fuego, donde se hizo la reunión de presidentes. Con 80 años a cuestas, Mandela ya advertía en 1998 sobre la necesidad de establecer fuertes alianzas entre África y América latina.
"Hasta en eso fue un visionario: cuando nadie hablaba de la relación Sur-Sur en el mundo Mandela ya veía que el futuro de la economía y el crecimiento vendría por ese lado", expresó a LA NACION el actual embajador argentino en Sudáfrica, Carlos Sersale di Cerisano.
En aquella visita a la Argentina, Menem ofreció a Mandela un almuerzo en el hotel Alvear, en el que participaron los entonces presidentes de Paraguay, Juan Carlos Wasmosy; de Bolivia, Hugo Banzer, y de Chile, Eduardo Frei. Mandela pidió un brindis por la Argentina y agradeció el apoyo ofrecido a Sudáfrica para aislar el régimen del apartheid.
Fue el gobierno de Raúl Alfonsín, en 1983, el que rompió las relaciones diplomáticas con Sudáfrica. "Fue una decisión compleja porque la dictadura militar argentina tuvo una relación económica fuerte con el apartheid, pero Alfonsín estuvo de acuerdo desde el vamos con la ruptura y las denuncias contra el apartheid", recordó Dante Caputo, entonces canciller.
No fue casual que cuando Mandela visitó la Argentina y se cruzó en el Senado con Caputo le dijera: "A usted lo conozco; dígale a Alfonsín que le agradezco todo lo que hizo por Sudáfrica".
La Argentina recién restableció el vínculo diplomático con Sudáfrica en 1991, cuando el premio Nobel de la Paz ya había sido liberado y empezaba las negociaciones para convocar a las primeras elecciones en las que participaron los negros, que posteriormente lo llevaron al poder.
En ese entonces, la Argentina no era un país más para Mandela. Tampoco le resultaba indiferente la figura de Porta. Es que además de ser el embajador argentino con el que frecuentaba charlas íntimas, Porta era un ex rugbier que representó a la Argentina en varios partidos en que su equipo venció a los Springboks durante el apartheid, lo que significaba todo un símbolo: el equipo sudafricano sólo estaba conformado en ese entonces por blancos. Cuando llegó al poder fue precisamente el rugby el deporte que Mandela buscó para unir a blancos y negros.
Porta nunca olvidará las enseñanzas que le dejó Mandela en esa conjugación de política y deporte: "El sabía que el deporte iba más allá de las fronteras y podía usarse para mejorar la política", comentó el ex embajador argentino, que hoy forma parte de la Fundación Laureus, de la que Mandela fue miembro honorario.
La relación que forjó Mandela con la Argentina hoy empieza a ver sus tibios frutos: más de 1200 millones de dólares en el intercambio comercial con una balanza más favorable para nuestro país, tareas en común en el campo de los derechos humanos, un discurso común en el G-20, el apoyo de Pretoria por el diálogo entre Londres y Buenos Aires por el reclamo argentino en las islas Malvinas y la cooperación conjunta en el área de defensa, entre otras cosas. Quizá todo esto no sea suficiente aún para rendir homenaje a una figura internacional como fue Mandela, que sentía tanto agradecimiento y simpatía por la Argentina..

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