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sábado, 28 de junio de 2014

LIBRE COMERCIO Y OTRAS FÁBULAS. Rapoport, Mario

EL LIBRE COMERCIO Y OTRAS FABULAS

Por Mario Rapoport
Director del Instituto de Investigaciones
de Historia Económica y Social de la UBA


E
ntre los temas principales de debate en la historia económica y de las relaciones internacionales, el del proteccionismo y el libre cambio es uno de los más controvertidos. Pero así como en los últimos años una lectura histórica errada influyó negativamente en la política exterior argentina, una interpretación acertada de esa misma historia puede ayudarnos a conducir nuestras relaciones internacionales de un modo diferente. Hoy se discute con fuerza el tema del proteccionismo agrario de los países desarrollados, que para nosotros no es una cuestión nueva y nos permite repensar nuestro futuro como país en un mundo cada vez más competitivo y difícil. Las naciones que lideran el planeta han sido alternativamente partidarias del libre cambio o del proteccionismo cuando les convino y siempre en defensa del tipo de productos que querían proteger.

Gran Bretaña se hizo librecambista a mediados del siglo XIX (más precisamente en 1846 con la abolición de las leyes de granos) cuando ya era la principal potencia industrial del mundo y podía colocar ventajosamente sus manufacturas y bienes de capital. Sólo entonces cobró significación la teoría de las ventajas comparativas que David Ricardo había expuesto treinta años antes en sus Principios de Economía Política. El avance tecnológico británico se debió a sus políticas proteccionistas pero el Reino Unido consolidó su posición hegemónica imponiendo el liberalismo económico a las naciones periféricas. Según el ilustre historiador belga Paul Bairoch, a fines del siglo XIX y principios del XX lo que hoy es el mundo desarrollado era, salvo Gran Bretaña, un "océano de proteccionismo" mientras que lo que hoy es el "Tercer Mundo" constituía un "océano de liberalismo".

El caso más importante de proteccionismo en la historia del capitalismo es el de los Estados Unidos. Allí los industrialistas y proteccionistas del Norte necesitaron una guerra civil para eliminar a los librecambistas sureños, cuya base de sustentación económica era el sistema esclavista. La defensa de las industrias norteamericanas, utilizando altas barreras aduaneras, duró prácticamente hasta la década de 1930 y nunca se abandonó la protección a los bienes agropecuarios. La diferencia es que lo que antes defendía con tarifas o embargos (como el embargo de carnes de 1926 a la Argentina, que sentó las bases de un largo distanciamiento entro dos países) hoy se hace con subsidios directos a los agricultores y leyes antidumping, aunque se vuelva también, cuando se cree necesario, a la protección de productos industriales como los de la industria del acero y otros.
Los países que defienden el libre cambio y se benefician con
él defienden también actividades productivas ineficientes.

Alemania en el siglo XIX, Japón en el XX; los países del sudeste asiático después de la Segunda Guerra Mundial, que forman parte del mundo industrializado, practicaron el más cerrado proteccionismo para defender sus industrias y priorizaron su desarrollo científico y tecnológico. Cuando ya no necesitan proteger sus industrias, como ocurre con los países de la Unión Europea, aparece la protección a sus no competitivos bienes agropecuarios a través de la Política Agraria Común.

Como se ve, en el debate libre cambio-proteccionismo el discurso está alejado de la realidad. Los países que defienden el libre cambio y se benefician más con él son los que se han industrializado y tienen claras ventajas en productos de mayor valor agregado, pero eso no les impide defender también actividades productivas más ineficientes. Por el contrario, como señala Wallerstein, "los países verdaderamente débiles en lo económico son por lo común naciones también débiles políticamente y no pueden entonces envejecer su proteccionismo". Por eso, nunca existió la más completa libertad de comercio, ni existirá en el futuro y eso explica el fracaso de la última reunión de la OMC en Cancún.

La liberación comercial que acompañó el actual proceso de globalización no produjo efectos sobre el desarrollo económico mundial o trajo consecuencias negativas, como lo demuestra la fuerte caída de las tasas de crecimiento en los países más avanzados y el incremento de las desigualdades y la pobreza en los más atrasados en los últimos treinta años, y se dio en el marco de una mayor intensidad de los flujos comerciales en los bloques económicos existentes, relativa o fuertemente protegidos, en Europa, Asia, América del Norte y América del Sur. El "comercio de proximidad" predominó sobre el "comercio a la gran aventura", retomando la terminología de Braudel.

En este sentido, la historia nos enseña que la creación del Mercosur y su posible ampliación a otros países sudamericanos, con sus insuficiencias, marchas y contramarchas, es un fenómeno que nos viene de lejos y cuyos objetivos se expresaron, sobre todo a lo largo del siglo XX, a través de diversas iniciativas latinoamericanas que buscaban intensificar los intercambios en la región, creando mecanismos para promover el comercio, la producción y el empleo. La contracara de ello fueron proyectos como el de la Unión Aduanera de las Américas o el del panamericanismo, que a partir de la conferencia interamericana de Washington, en 1889, el gobierno estadounidense ensayó implementar en el hemisferio, como hoy el ALCA.

Para la Argentina es muy importante luchar, junto a los países en desarrollo, por eliminar los subsidios agrícolas y todo tipo de restricciones comerciales injustificadas, pero también tener en cuenta que el comercio por sí sólo suprime las desigualdades nacionales sino que puede acentuarlas y que sólo volviendo a un sendero de industrialización, confiando en la alta capacitación de sus recursos humanos, haciendo una política más equitativa de distribución de ingresos, diversificando sus exportaciones y ampliando la capacidad productiva sobre la base del mercado interno y de un fortalecimiento del Mercosur, se podría salir de la crisis en que estamos sumidos y contar con una sociedad más justa y con más altos niveles de vida.

Publicado en el Suplemento Ñ del
diario CLARIN el sábado 13 de marzo de 2004

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