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miércoles, 8 de julio de 2015

FUTBOL 2011 Cuando el fútbol es una forma de lucha

Sociedad: la otra mirada

Cuando el fútbol es una forma de lucha

Historias de mujeres en zonas donde son relegadas y utilizan el deporte para tratar de reivindicar su género a partir del amor por la pelota
Por   | LA NACION

De un origen con aires de película a este presente con 40 millones de jugadoras. Y, en el medio, historias desparramadas en países donde la mujer está postergada y encuentra en el fútbol un lugar para crecer y, en cierta forma, dignificar su género. Cuenta la leyenda que, en 1917, en Inglaterra, nació el primer equipo de fútbol femenino: el Dick Kerr's Ladies FC. El conjunto pertenecía a la fábrica de municiones Dick Kerr, que durante la Primera Guerra Mundial contrató mujeres para incrementar la producción. El equipo ganó en popularidad, tanto que en 1921, en un partido en el Goodison Park de Everton, la asistencia llegó a 53.000 personas. Sin embargo, en diciembre de ese mismo año, la Football Association decidió prohibir a las mujeres la práctica de este deporte, alegando los peligros físicos que conllevaba, incluso para su fertilidad.
Esa prohibición marcó, en cierta forma, un camino por el que las mujeres debieron transitar en su contacto con la pelota. Si bien en Europa se practica desde los años setenta, el puntapié inicial del fútbol femenino fue dado por las noruegas en el Congreso de FIFA de 1986, en México, cuando se disputó el Mundial de varones. Las mujeres nórdicas reclamaron la atención para la rama femenina del fútbol y el entonces presidente de FIFA, el brasileño João Havelange, accedió a la realización de un torneo experimental que tuvo lugar en 1990, en China. El éxito fue tal que al año siguiente, en el mismo país, el fútbol femenino quedaba oficializado por la FIFA en el primer Mundial que consagró campeón a la selección de Estados Unidos.
Este preámbulo permite ubicar las complicaciones que han tenido históricamente las mujeres para jugar el deporte más popular del planeta. Es fácil imaginar que los inconvenientes se potencian en países donde la mera condición femenina implica un relegamiento en la sociedad. Las barreras no son fáciles de quebrar. En octubre pasado, Bahrein realizó un torneo histórico, la Copa Arabia 2010, con ocho equipos: Siria, Palestina, Qatar, Irak, Egipto, Líbano, Jordán y el anfitrión. Una de las impulsoras fue la jequesa Hussa bint Khalid Abdulla Al Khalifa, entrenadora de la selección de Bahrein y presidenta del Comité del Fútbol Femenino de la Asociación. No se trata de su único palmarés, ya que, con sólo 25 años, se trata de la primera mujer en ser miembro del comité ejecutivo de la Unión Árabe de Fútbol. "Fue el primer campeonato femenino que se disputó en mi país y todos los partidos fueron televisados en directo. La selección se convirtió en el tema de todos aquí. Ver a hombres vistiendo la camiseta de Bahrein con los nombres de nuestras jugadoras fue memorable", contó a la página de la FIFA.
Ese ejemplo de Bahrein es la muestra del creciente interés que el fútbol femenino refleja en Medio Oriente. La FIFA puso una oficina en Amman con la intención de potenciar la región. Y, desde 2008, se desarrollaron más de 30 cursos en la zona y, el año pasado, nueve asociaciones (Palestina, Siria, Bahrein, Irak, Irán, Qatar, Jordania, Emiratos Arabes y Kuwait) recibieron la asistencia del programa de gestión de la Federación Internacional y se beneficiaron con asesoría en las áreas de entrenamiento, arbitraje y otros temas técnicos.
La región encuentra otro buen ejemplo del empuje del fútbol femenino. Tres veces por semana, las chicas que componen la primera selección de fútbol de Afganistán cambian el pañuelo por el chándal y desafían las convenciones de la conservadora sociedad afgana con su pasión por la pelota. "Teníamos muchos problemas para jugar cuando empezamos, en 2006, porque nadie estaba listo para apoyar a las mujeres, y las familias no dejaban a sus hijas ir a las canchas por razones de seguridad", contó en una entrevista a la agencia EFE la capitana del equipo nacional, Khalida Popal. Hasta la caída del régimen talibán, en el año 2001, el fútbol era el único deporte que se jugaba en Afganistán. "En esos tiempos no había nada para las chicas, y no se les permitía ir a la escuela. Era imposible para las mujeres jugar al fútbol o asistir a los partidos", recordó Popal.
En la actualidad, ya hay equipos femeninos en Kabul y otras tres provincias, pero a la selección le falta rodaje internacional y sus duelos más apasionados son los partidos que juega contra una selección de las tropas extranjeras. En realidad, esos partidos de fútbol representan mucho más que un entretenimiento. Es, para ellas, un espacio donde luchar por la reivindicación del género.

LOS MÁS Y LOS MENOS SEGÚN LA FIFA

Según la FIFA, las zonas de mayor retraso del fútbol femenino corresponden a América latina, África y los países asiáticos del islam. Japón, Europa, Estados Unidos y China son los centros de mayor desarrollo. En Japón una futbolista de la Liga percibe un promedio de 300.000 euros por año.

LA SAUDÍ QUE SUEÑA CON SER PRESIDENTA

Wajiha Al Huwiedar es una mujer saudí a quien no la dejan practicar el fútbol. Tiene un sueño: ser algún día presidenta de la FIFA. "Deberían dejar que me presente. Soy joven, no soy corrupta y lucho por la justicia y por extender el fútbol entre las mujeres musulmanas", dijo en el blog de mujeres de El País, de España..

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