Viernes 29 de julio de 2011
El traspaso en Perú / Abucheos del Fujimorismo
Asumió Humala y estalló una polémica
Hubo
protestas de la oposición porque evitó jurar por la actual
Constitución, aprobada por Alberto Fujimori; Alan García no asistió a la
ceremonia.
LIMA.-
En medio de fuertes protestas de la oposición fujimorista, que
cuestionó la legitimidad de la ceremonia, el nacionalista de izquierda
Ollanta Humala juró ayer como nuevo presidente de Perú y, en su discurso
de investidura, afirmó que no copiará ningún modelo extranjero y que
habrá una nueva relación entre el Estado y el mercado.
El flamante
mandatario de Perú prometió que el suyo no será "ni calco ni copia" de
ningún otro gobierno de la región y subrayó que su principal objetivo
será la inclusión social y mantener el crecimiento del país. Será "un
camino propio, un modelo peruano de crecimiento con estabilidad,
democracia e inclusión social", dijo Humala tras jurar ante el titular
del Congreso, Daniel Abugattás."Las características de este gobierno pueden resumirse en los siguientes términos: reforma, democracia, libertades, inclusión, redistribución, crecimiento, paz con justicia, seguridad, descentralización, transparencia, soberanía y concertación", añadió el mandatario, que afirmó que seguirá adelante con dos medidas cuestionadas por los mercados: la suba del salario mínimo y la aplicación de un nuevo impuesto minero.
Humala juró por la Constitución de 1979 y no por la vigente, que fue dictada en 1993 por el entonces presidente Alberto Fujimori (actualmente encarcelado por corrupción y violaciones de los derechos humanos) luego de protagonizar un autogolpe y disolver el Parlamento. La decisión del flamante mandatario generó una protesta bulliciosa de los congresistas del partido de Fujimori, que corearon "dimisión", "dimisión", lo que empañó el momento en que Humala recibía la banda presidencial de manos de Abugattás. Los partidarios de Humala respaldaron a su líder coreando "sí, se pudo" y "Ollanta presidente".
El gesto, que enfureció a los opositores, se produjo días después de que Humala buscara atenuar los temores de los mercados sobre su gobierno ratificando la continuidad de varios funcionarios del presidente saliente Alan García, como el director del Banco Central, Julio Velarde.
La inquietud había surgido porque el flamante presidente es un antiguo aliado del mandatario venezolano, Hugo Chávez, que optó en la anterior campaña electoral por despegarse de su pasado chavista y mostrarse más cercano al ex presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva.
Durante su campaña, Humala, un militar retirado de 49 años, también planteó la necesidad de un cambio de la Constitución de 1993 -la que considera demasiado liberal-, pero aclaró que sólo se haría si se obtenía el consenso del Parlamento.
"La Constitución de 1979 menciona que los bienes públicos no son objetos de derecho privado, pero la Constitución de 1993 señala que los bienes de uso público son concedidos a particulares conforme a la ley para su aprovechamiento económico", afirma un documento difundido ayer por la Asociación Pro Derechos Humanos de Perú, que comparó ambas Cartas Magnas.
La congresista fujimorista Marta Chávez, que ayer protestó durante la investidura por la mención de la Constitución de 1979, llegó a decir que Humala no había quedado bien juramentado al no respetar la Carta Magna actual "y, por lo tanto, es un presidente de facto".
No fue la única polémica de la ceremonia de asunción. Además, Humala juró sin la presencia del presidente saliente, Alan García, que poco antes había entregado la banda presidencial en las escaleras del Palacio de Gobierno al jefe de la casa militar. García, un socialdemócrata que durante su segundo mandato se transformó en un ferviente promotor de la inversión privada y los pactos de libre comercio, decidió no asistir al cambio de mando para evitar "una emboscada" de abucheos de sus opositores, según explicó.
Se trató de una referencia a lo que le ocurrió en 1990, cuando, al finalizar su primer mandato, asistió a la asunción de Alberto Fujimori y sufrió gritos e insultos de los parlamentarios, buena parte de los cuales se retiraron del recinto en señal de desprecio. Por esta razón, fue Abugattás quien entregó la banda presidencial a Humala.
En ese entonces, García dejaba el país sumido en una profunda crisis económica con una hiperinflación de cuatro dígitos, generada por una serie de medidas populistas y por su decisión de enfrentarse con los organismos financieros multilaterales al declarar la moratoria de la deuda externa.
En 2011, García deja una economía vigorosa, con un crecimiento de 7% en promedio anual, inflación inferior al 3% y reservas internacionales por más de 47.000 millones de dólares.
Sin embargo, en las últimas semanas arreciaron las críticas de sus oponentes, que lo acusaron de haber gobernado sin sensibilidad social. "Nunca dejé de tener afecto por los más humildes", dijo García anteanoche, en un discurso de despedida por televisión.
Al acto de transmisión asistieron, entre otros, los presidentes de la Argentina, Cristina Kirchner; Brasil, Dilma Rousseff; Bolivia, Evo Morales; Chile, Sebastián Piñera; Colombia, Juan Manuel Santos, y Uruguay, José Mujica, además del príncipe Felipe de Borbón. No estuvieron, por razones de salud, el venezolano Hugo Chávez y el paraguayo Fernando Lugo..
Agencias EFE, AP y AFP
Diario "La Nación". Buenos Aires, Viernes 29 de julio de 2011
El perfil
Un ascenso meteórico al poder
Gonzalo Ruíz Tovar
Agencia DPA
Agencia DPA
LIMA.-
Cuando a fines de 2000 un anónimo teniente coronel del ejército peruano
intentó un golpe de Estado contra el entonces agonizante régimen de
Alberto Fujimori, a nadie se le cruzó por la cabeza que ese mismo
personaje se convertiría, una década más tarde, en un presidente
democráticamente electo.
Ollanta Humala nació en Lima el 27 de
junio de 1962, en el seno de una familia numerosa y muy politizada, cuyo
padre, abogado, ex comunista, soñaba con ver a alguno de sus hijos al
frente del país.Luego de 25 años en el ejército, Humala incursionó en política y rompió lazos con su familia, empeñada en impulsar el peligroso "movimiento etnocacerista", suma de nacionalismo, antichilenismo y homofobia.
En medio de la fiebre izquierdista que vivía América latina con el faro del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, Humala mostró simpatías por esas ideas, mal vistas en Perú. Pero, aun así, sorprendentemente, ganó la primera vuelta en 2006 y perdió por poco la segunda, ante el experimentado Alan García.
Luego, muy atacado, estigmatizado como chavista y sin hallar sitio, Humala fue calificado de "cadáver político" y su despegue en la última campaña electoral tardó en llegar. Pero a última hora logró invertir el tablero y ganar la primera vuelta. Una vez allí, entre la incredulidad de los adversarios, que no cesaron nunca de atacarlo, moderó su discurso y se reinventó -al menos de palabra- en casi un socialdemócrata.
Sus rivales insistían en que era un "lobo disfrazado". Pero la mayoría del pueblo le creyó y, pese a la resistencia de los medios, logró ganar la segunda vuelta contra Keiko Fujimori con lo justo. Sus movimientos previos a la posesión muestran que no será un radical izquierdista, sino un ecléctico. Una apuesta considerada arriesgada, que podría dejar sin complacer a unos ni otros, pero que, de momento, ha ampliado su base de popularidad.
Su estilo les gusta a muchos y fastidia a otros, pues es de esos políticos que nacido para desatar pasiones en favor o en contra, pero no para pasar inadvertido. Su dureza exterior contrasta con su esposa, Nadine Heredia, una comunicadora de 35 años de dulce sonrisa y estructuradas ideas de izquierda..
Viernes 29 de julio de 2011
El escenario
Varias batallas aguardan al ex militar
Adriana M. Riva
LA NACION
LA NACION
Fiel
a su pasado "guerrero", Ollanta Humala se autodefinió ayer, en su acto
de investidura, como un "soldado de la República", un término que le
calza como anillo al dedo a un presidente que en los próximos cinco años
deberá pelear varias batallas.
El principal reto para este ex
militar de izquierda que jugó a la política y ganó será implementar su
promesa de inclusión social, sin alterar la senda económica que ha
llevado al país a tener el mayor crecimiento de la región en la última
década.Humala heredará una nación pujante, con un crecimiento económico del 8% anual, una inflación menor al 3% y unas reservas internacionales que han alcanzado un acumulado histórico de 47.000 millones de dólares.
Pero no todo lo que brilla es oro: el legado de su antecesor, Alan García, también incluye a 10 millones de pobres, que representan un tercio de la población, y cientos de conflictos sociales latentes en todo Perú.
Para evitar un estallido social, Humala tendrá que mantener los puntos exitosos del modelo liberal y alternarlos con políticas sociales que extiendan la base de beneficiados con el sistema. "Con inversores nerviosos por un lado y un pueblo harto por el otro, el equilibrio no se vislumbra fácil", señaló a La Nacion el analista político Fernando Tuesta.
Más allá de esta prueba de fuego, en un país fuertemente dividido entre clases sociales, zonas geográficas e incluso razas, los desafíos del nuevo presidente prometen ser muchos más.
Uno de ellos será combatir la corrupción. Los escándalos de sobornos se multiplicaron como pan caliente en los últimos años y el gobierno de García culmina con varias denuncias y una sensación de inacción ante el problema.
Según opinó el sociólogo Eduardo Toche, del Centro de Promoción del Desarrollo, fue precisamente "el laxo manejo del gobierno en el tema, con la ausencia completa de un sistema anticorrupción, lo que llevó al partido de García a una catástrofe electoral, al obtener sólo cuatro representantes en el Congreso", de un total de 130 miembros.
Como nunca antes, la conciencia anticorrupción crece hoy en la población, y varios analistas han advertido que cualquier polémica tendrá un efecto demoledor sobre el nuevo gobierno.
Otro de los grandes retos de Humala será atender sin demora los conflictos sociales que se extienden por todo el territorio, verdaderas bombas de tiempo que ninguno de los anteriores gobiernos lograron desactivar.
De acuerdo con el último informe de la Defensoría del Pueblo, existen actualmente más de 217 confrontaciones sociales en Perú, la mayoría en áreas rurales pobres.
Más de la mitad de esos conflictos, que están vinculados con protestas por explotaciones mineras, involucran a la comunidad indígena y han generado numerosos episodios violentos. Tan sólo en los últimos tres años, los enfrentamientos en distintas regiones causaron 104 muertos y 1400 heridos.
La inacción gubernamental de los últimos años también dio vía libre a otro flagelo: el del narcotráfico. Según el Informe de las Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito, Perú se convirtió en 2010 en el primer productor mundial de hoja de coca, desplazando a Colombia. En la última década, la superficie de cultivo se duplicó y la producción y la exportación aumentó un 125 por ciento. Se trata de un negocio nefasto que reporta unos 2500 millones de dólares anuales.
Ante la falta de voluntad política y de una estrategia de lucha antidroga, la situación se complica año tras año, y, si bien Humala ha reconocido el problema, no ha dado muestras claras de cómo piensa abordarlo.
Sendero Luminoso
Junto al flagelo del narcotráfico, en Perú también convive el problema de la guerrilla de Sendero Luminoso, que mató a cinco soldados en la víspera de la segunda vuelta electoral. El conflicto en sí causó casi 70.000 bajas, entre muertos o desaparecidos, desde 1980 hasta 2000, y se ha intensificado en los últimos años.Según el sociólogo Jorge Cantarria, el grupo cuenta actualmente con entre 300 y 500 hombres armados en la sierra y selva peruana, y realiza esporádicas emboscadas contra las fuerzas del orden, al tiempo que brinda protección a las bandas narcotraficantes.
Aún cuando no constituye una fuerza capaz de desestabilizar al Estado peruano, como antaño, la organización guerrillera ha sido una piedra en el zapato de las últimas administraciones, que descuidaron ese flanco y no lograron aplacar los remanentes de la subversión.
Combatir la pobreza, acabar con la corrupción, atender los reclamos sociales, erradicar el narcotráfico y la guerrilla... Las batallas que aguardan al flamante presidente son arduas y la oposición fujimorista, que será la segunda minoría parlamentaria, promete ser un enemigo acérrimo. Las resonantes declaraciones de ayer de la congresista Martha Chávez son una prueba de ello. (ver aparte)
Hasta la fecha, la única lucha que Humala ha logrado ganar es la del miedo: gracias a la designación de un gabinete moderado y variopinto, disipó los temores de que seguirá el modelo de Hugo Chávez en Venezuela. A partir de hoy, sin embargo, deberá responder a la expectativa generalizada que creó en la población, que aguarda la "gran transformación" prometida en la campaña..
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