Diario "La Nación". Buenos Aires, Martes 04 de enero de 2011
Editoria II
Persecución a los cristianos
En Irak, Paquistán, Egipto e India se suceden los ataques de fundamentalistas islámicos contra los creyentes en Cristo
En
la homilía pronunciada con motivo de la reciente misa de Nochebuena, el
papa Benedicto XVI hizo pública la creciente preocupación de la Iglesia
Católica por la extendida persecución que sufren los cristianos en
distintos lugares del mundo y, muy particularmente, los católicos sirios
en Irak, y señaló que hoy los cristianos conforman el grupo religioso
más perseguido del mundo entero.
Pocas horas después, en la propia
ciudad de Bagdad, capital de Irak, explotaron bombas en las casas
particulares de catorce familias cristianas. A raíz de estos atentados,
dos personas murieron y otras veinte sufrieron distintos tipos de
heridas, algunas de consideración.La ola de terror anticristiano en Irak ha ido en aumento desde que, en octubre del año pasado, unas 60 personas, incluidos dos sacerdotes, murieron en la iglesia de Nuestra Señora de la Salvación como consecuencia de una bomba que explotó mientras estaban en misa.
Un movimiento extremista local, afiliado a Al-Qaeda, pareciera ser el responsable de los atentados criminales perpetrados. Numerosas familias cristianas han logrado escapar del terror refugiándose en el norte del país, en territorio kurdo, que hoy es significativamente más pacífico que el resto de Irak.
Como consecuencia de la intensa persecución, la comunidad cristiana iraquí, que no hace mucho incluía más de un millón y medio de fieles, ha quedado reducida a menos de medio millón.
Pero las persecuciones, por desgracia, no se circunscriben a Irak. En forma paralela, los cristianos son también perseguidos en Paquistán, una vez más por grupos que manifiestan abiertamente su afiliación con Al-Qaeda. Allí tienen la protección legal de una ley contra la blasfemia que fue sancionada durante la dictadura del general Zia, en los años ochenta, utilizada para atacar y linchar impunemente a los cristianos y a los miembros de una secta local musulmana, la de los ahmadíes.
Hace sólo algunas horas, en otra manifestación violenta de intolerancia anticristiana, en la ciudad egipcia de Alejandría, una bomba -en este caso, llevada por un suicida- explotó durante las celebraciones de Año Nuevo, muy cerca de una iglesia cristiana copta, y produjo veintiún muertos y ochenta heridos.
El presidente Mubarak, refiriéndose a Al-Qaeda, cuando condenó el atentado puntualizó que tenía el sello de elementos extranjeros. Los cristianos coptos, cabe destacar, constituyen el diez por ciento de la población egipcia.
Los cristianos son también objeto de discriminación y persecución violenta por motivos religiosos en la India; en este caso, por parte de pequeños grupos fanáticos de hindúes fundamentalistas.
Lo mismo sucede en el norte de Nigeria, en Mauritania, en Argelia y en la colapsada Somalia, por parte, una vez más, de grupos fundamentalistas musulmanes.
A lo antedicho, hay que agregar que los gobiernos marxistas de Corea del Norte, Laos y Uzbekistán, por razones de control social sumadas a las ideológicas, hostigan todos a los cristianos, lo que lamentablemente también sucede, en alguna medida, en la propia China y, en nuestro continente, en la lamentablemente autoritaria Cuba.
La cristianofobia, queda visto, está en aumento. La intolerancia, el fanatismo y la falta de respeto por la dignidad humana la alimentan, como en los tiempos remotos del imperio romano.
De allí, el oportuno pedido de solidaridad formulado por el papa Benedicto XVI, que no debe caer en saco roto en un mundo que, hasta ahora, es más bien indiferente ante la persecución a los cristianos..
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