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miércoles, 8 de abril de 2015

SUDÁFRICA 1999 MANDELA, QUERIDO...

Mandela, querido...

A pocos meses de dejar el poder, el octogenario dirigente africano ha conseguido en un lustro lo que parecía imposible: ser venerado tanto por negros como por blancos. Su secreto no ha sido otro que un afán empedernido por seducir a quien tenga delante.
PRETORIA.-(The New York Times) LA luz rosada del atardecer se estaba difuminando en la Base Waterkloof de la fuerza aérea, cerca de donde Nelson Mandela se acomodó en un asiento particularmente acolchonado a bordo de su jet presidencial. La azafata se hincó para quitarle los zapatos y, en lo que dio la impresión de ser una rutina conocida, lo ayudó a levantar sus hinchadas piernas para ponerlas sobre dos almohadones.
Era, para el presidente de 80 años, el comienzo de un día de trabajo que incluiría una visita a las profundidades de la zona rural más aislada, pasando del lujoso jet a un helicóptero del ejército para efectuar un viaje de una hora lleno de calor y sobresaltos hasta allá y luego regresar.
De la misma forma, habría reuniones aquí, en Pretoria: ejecutivos de negocios, un enviado de Uganda, el presidente de Namibia y luego más ejecutivos. Por la noche, se dirigiría hacia un público lleno de agricultores blancos para elogiar un nuevo programa anticrimen.
Su día concluiría quince horas después de haberlo iniciado, jornada extenuante aunque no inusual para él, incluso en el ocaso de su presidencia.
Después de casi cinco años en el poder, Mandela sigue siendo muy querido, un líder que puede increpar a un público durante dos horas y seguir recibiendo una ovación de pie, como lo hizo en fecha reciente luego de haberle dicho a un auditorio en su mayor parte blanco, en un suburbio rico de Johannesburgo (el mismo en el que él vive), que tenían que dejar de defender sus privilegios y hacer más para transformar el país en una democracia económica, así como lo habían hecho en política.
Su popularidad abarca todos los aspectos raciales y es tan absoluta que incluso líderes de la oposición que atacan a su partido, el Congreso Nacional Africano (CNA), hacen una pausa para dejar en claro que no se refieren también a él. En un sondeo de opinión reciente, el 43 por ciento de los encuestados a quienes se les pidió que evaluaran su desempeño le dieron un 10 perfecto.
En un marcado contraste con los líderes de muchos países africanos, los cuales utilizan el imperialismo para dar la impresión de ser imperiales, él siempre lucha por seducir. Trabaja a las muchedumbres en vez de pasar por encima de ellas. Les dice a las mujeres blancas con el pelo blanco lo atractivas que siguen siendo. Espera la respuesta cuando pregunta: "¿Cómo está usted?".
Hace comentarios burlones, pero compasivos respecto de envejecer y quedar sin empleo con una nueva esposa que mantener. (En julio pasado, se casó con Graça Machel, viuda del presidente de Mozambique, luego de divorciarse de Winnie Mandela).
Debido a que se acerca a su retiro autoimpuesto, da la impresión de mostrarse reacio a hablar sobre sí mismo. Dice que la atención debería dirigirse ahora sobre Thabo Mbeki, el vicepresidente, quien es virtualmente su sucesor, después de las elecciones del 2 de junio.
Luego de acceder a responder algunas preguntas en su vuelo desde la base de la fuerza aérea, Mandela descartó instantáneamente la primera: ¿Cuáles considera que han sido sus mayores logros como presidente? "Esa pregunta es muy importante y primero debería ser puesta por escrito", dijo.
En cualquier caso, añadió: "No son mis logros. Todo lo que he hecho ha sido con el Congreso Nacional Africano. No tomo las decisiones solo. Creo que es un error pensar en términos de los años de Mandela. Se trata de la era de las fuerzas de la liberación".
Muy pocos lo ven así. Como presidente, Mandela ha mostrado una serie de gestos que unieron a su profundamente dividido país, gestos que quizá ningún otro hombre pueda hacer o hubiera hecho. Sin duda será recordado más por esos gestos que por cualquier política en particular, así como por su trato a los blancos, cuyos líderes lo mantuvieron en prisión durante 27 años sencillamente porque se atrevió a desear ser su igual.
De hecho, debajo de los gestos ha dejado gran parte de las tareas rutinarias de la administración del país a Mbeki, y rara vez habla sobre programas específicos del gobierno.
No obstante, su destreza para superar la división racial al parecer no tiene igual. Había estado en la presidencia apenas un año cuando invitó a las viudas de ex presidentes para el té, incluyendo a Betsy Verwoerd, la viuda de Hendrik Verwoerd, el principal arquitecto del apartheid. La viuda, de 94 años, estaba demasiado frágil para asistir, por lo que él viajó al enclave exclusivo para blancos donde ella vive para conocerla.
Para los blancos, eso fue una señal de que los líderes negros no estaban buscando vengarse. Para los negros, demostró que incluso una racista de toda la vida, con el estímulo adecuado, tomaría el té con un hombre negro en su hogar y sonreiría.
Además, Mandela ha señalado en repetidas ocasiones, y para tranquilizar a la gente, que su gobierno obedecerá los principios democráticos. La primera vez que la nueva Corte Constitucional replicó al CNA, Mandela aceptó en público el veredicto y expresó su gozo por la independencia de la Corte.
El año pasado, en un caso que trajo el jefe de la liga de rugby, poniendo en duda el proceso de la toma de decisiones de Mandela, se convirtió en el primer presidente en testificar ante la Corte. Sus asesores se opusieron, pero él insistió, diciendo que la legalidad de la citación podría ser alegada posteriormente.
Asimismo, ha promovido la caridad, arrastrando a los lores de grandes negocios hacia áreas rurales desesperadas, lejos de sus casas de vacaciones. Nadie osa decirle no a Mandela: nuevas escuelas y clínicas brotan como una consecuencia de su prédica.
En cuanto a la política exterior, ha conducido al país de vuelta a la atención favorable del mundo, al integrarlo a la mancomunidad y presionar para lograr un escaño en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Busca con ahínco un firme status de no alineado, sosteniendo buenas relaciones con Israel y los palestinos, así como con Cuba y los Estados Unidos. Posa para fotografías con todos, desde el coronel Muammar Khadafi hasta Michael Jackson.
Realizó casi 50 viajes al extranjero durante sus primeros tres años en la presidencia. Algunos de ellos fueron intentos por negociar la paz en guerras africanas; en su mayor parte, promovió la inversión extranjera.
Esto tuvo buenos resultados en casa también. Después de décadas en las que los sudafricanos blancos eran victimarios internacionales y los negros eran víctimas sin rostro, ambos son capaces de regocijarse bajo el brillo que representa ser honrados por líderes mundiales, sea sentándose en el carruaje de la reina Isabel II o dirigiéndose al Foro Mundial de Economía.
"El ha sido un héroe más que un presidente", dijo Tom Lodge, analista político en la Universidad de Witwatersrand.
Al elegir el papel de estadista en lugar del de administrador, Mandela también ayudó a garantizar una transición suave. En los primeros días, la moneda sudafricana, el rand, caía cada vez que daba la impresión de estar cansado; en alguna ocasión se sometió a un examen físico meramente para calmar los agitados mercados. Actualmente, la perspectiva de su partida no causa pánico, puesto que Mbeki ha estado manejando virtualmente el país durante años.
Mandela no está libre de críticos. Algunos dicen que debería aplicarse más, otros dicen que tuvo serias fallas en su juicio.
¿Por qué, se preguntan, le otorgó al ex presidente Suharto, de Indonesia, un hombre sospechoso de haber saqueado el tesoro de su país y con un registro de los derechos humanos cuestionable, la presea humanitaria más elevada de Sudáfrica? Además, también se preguntan cómo pudo Mandela haber enviado a su ministro de Justicia a dar la bienvenida al activista antiapartheid Allan Boesak, que venía de Estados Unidos, y estaba regresando para enfrentar serias acusaciones de fraude. Su lealtad con Boesak era tan profunda que ayudó a reunir fondos para su defensa y criticó el caso del fiscal, por lo que posteriormente pidió disculpas.
Asimismo, es acusado de tolerar en su gabinete a ministros incompetentes que le agradan. Incluso a algunos que están bajo serias sospechas de corrupción. Cuando salieron a la luz informes relativos a que el delgado Mbeki estaba forzando la salida de rivales talentosos como Cyril Ramaphosa, Tokyo Sexwale o Terror Lekota, Mandela hizo muy poco para impedir su partida del mundo de los negocios, o fueron hechos a un lado mediante su colocación en puestos sin importancia del partido.
"Bastantes de las personas a las que designó no han estado haciendo su trabajo", dijo Themba Sono, el presidente del Instituto sobre Relaciones de Raza, grupo no lucrativo de investigación. "Sin embargo, no los ha despedido. El único despido verdadero ha sido el de Bantu Holomisa, y eso fue por el peor motivo: expresarse con honestidad".
Holomisa perdió su puesto como viceministro y por ello fue expulsado ignominiosamente del Congreso Nacional Africano debido a que seguía acusando a algunos de sus colegas de corrupción. No obstante, la gota que derramó el vaso fue, al parecer, el hecho de hacer público que, en 1994, Mandela había aceptado una enorme donación de campaña de parte de Sol Kerzner, el magnate de casinos que en ese entonces estaba bajo investigación por cargos de soborno a funcionarios.
Conversando en su avión, Mandela minimizó algunos de los temores más grandes de sus críticos: que su partido quiere una mayoría de dos terceras partes, para de esta forma reformar la Constitución y controlar las agencias de seguridad, así como que es incapaz de impedir que la creciente criminalidad castigue al comercio y, por ende, que no se logre prosperidad.
Dice que las ambiciones del CNA son naturales. "Hasta donde yo sé, todos los partidos políticos en el mundo desean ser más fuertes", dijo.
La situación del crimen en Sudáfrica, insiste, no es nada nuevo. Los negros, dijo, siempre han tenido que vivir con el crimen; lo único nuevo ahora es que está afectando a los blancos.
"La situación ha estado más o menos así en las áreas negras todo el tiempo", dijo. "Pero los blancos no se preocupaban. Ni siquiera estaban enterados. Hemos eliminado la barrera entre blancos y negros y, por primera vez, los blancos ahora están compartiendo los problemas".
Debido a que se aproximan las elecciones, su mensaje cada vez suena más electoralista. El otoño pasado, calificó furiosamente a los partidos opositores como "partidos del ratón Mickey".
En fecha reciente, durante un discurso en Houghton, el predominante suburbio blanco donde vive, dijo al público que habían cometido su primer error grave al apoyar el apartheid. Actualmente, dijo, están cometiendo el segundo al censurar al CNA, el cual atrae a pocos votantes blancos.
Los partidos opositores, dijo, no son vitales para la democracia y no juegan un papel útil. "No sean seguidores de causas perdidas", advirtió.
Sin embargo, posteriormente aceptó preguntas y, en contra de las instrucciones de sus asesores, habló hasta quedar afónico y se hundió entre la muchedumbre para estrechar manos y dar palmaditas a los concurrentes.
Y, pese a su ocasional irritabilidad, su sentido del humor triunfa con frecuencia. Luego de su desatino sobre el ratón Mickey, uno de los líderes de la oposición, Tony Leon, replicó que Mandela estaba "administrando un gobierno de Tribilín" que no había logrado cumplir con los servicios.
Unas cuantas semanas después, Mandela estaba visitando a un amigo hospitalizado, cuando escuchó que Leon también estaba ahí, recuperándose de un desvío coronario. Mandela se acercó a su cama por detrás de las cortinas. "Ratón Mickey", dijo susurrando con voz profunda. "Este es Tribilín que vino a visitarte". .
Por Suzanne Daley

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