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lunes, 13 de abril de 2015

CUMBRE DE LAS AMERICAS. VII 2015. PANAMÁ


Diario "Clarín". Buenos Aires, 12 de abril de 2015.

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Cumbre en Panamá

Decididos gestos de Obama y Castro para terminar con más de medio siglo de confrontación


CIUDAD DE PANAMÁ.- Fue el deshielo más rápido de la historia. En cuatro días de vértigo, hablaron por teléfono, se dieron la mano, se elogiaron, se reunieron en forma privada, comparecieron juntos, fijaron una agenda y hasta prometieron tenerse "paciencia" para llevarla adelante en cuanto asomen las previsibles diferencias.
Anunciada como un encuentro informal, la reunión arrojó mucho más de lo esperado. Los presidentes Barack Obama y Raúl Castro pusieron fin a 53 años de antagonismo y acordaron que sus diplomacias trabajen juntas para un inédito restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
"Obviamente, ésta es una reu- nión histórica, una nueva era", dijo Obama. "Después de 50 años, era hora de probar algo distinto", añadió, al abrir una inesperada comparecencia conjunta con Castro, luego de permanecer reunidos por aproximadamente una hora y veinte minutos, según reveló el canciller cubano, Bruno Rodríguez.
Con el encuentro, ambos líderes refrendaron el acuerdo de trabajar en un cambio de política que marque un antes y un después en las relaciones regionales. "Cuba no es una amenaza para Estados Unidos", diría luego Obama, que también aprovechó su paso por la Cumbre de las Américas en Panamá para tener un breve diálogo con Nicolás Maduro (ver página 6).
Sentado a la derecha del líder demócrata y con un lenguaje corporal que, por momentos, parecía más relajado que el de su contraparte, Castro, de 83 años, subrayó coincidencias. "No les quitaré mucho tiempo, porque en lo fundamental pienso lo mismo que Obama", disparó ante los pocos periodistas admitidos en la sala. Luego, sin embargo, reconoció que existen diferencias "enormes" entre las partes, pero no desechó que incluso éstas pudieran subsanarse en un futuro no muy lejano. "Estamos dispuestos a hablar de todo, incluso, del asunto de los derechos humanos y de la libertad de expresión", prometió, y se comprometió a tener paciencia.
No por anunciado, el encuentro perdió la electricidad de la circunstancia. La sensación de que estaba ocurriendo algo especial. Tanto en ellos como en el reducido grupo de colaboradores que acompañó a cada uno había conciencia de que era una imagen para la historia.
Lo que queda por delante es el abordaje de una agenda de dificultades. Cuba está urgida por avanzar en cuestiones financieras y económicas, en el respeto a los derechos humanos y en la práctica democrática.
La Habana exige la eliminación del bloqueo comercial y financiero -incluso mediante el uso presidencial de facultades ejecutivas si el Capitolio pone trabas-, así como su remoción de la lista negra de países patrocinadores del terrorismo, en la que fue incluida hace 30 años, durante la presidencia del republicano Ronald Reagan.
"Hasta ahora hemos visto pequeños gestos, pero los valoramos", apuró el canciller Bruno Rodríguez, en tono exigente. Ambas partes hablan del restablecimiento de embajadas. La remoción del listado podría ocurrir en pocos días, según dijeron anoche funcionarios de la Casa Blanca.
Tanto Obama como la secretaria ajunta para América latina, Roberta Jacobson, parecieron poner paños un poco fríos y evitaron hablar de plazos. "Hay un proceso", dijo la funcionaria, que confió, sin embargo, en que el asunto no lleve más que algunas semanas. "No llegamos a ese detalle", aclaró Obama.
Antes de eso, y en una escalada de gestos de distensión, un Castro emocionado e inusualmente bromista se dedicó a elogiar a Obama. Confesó que había leído sus libros, que valoró su origen humilde y hasta especuló con que eso pudiera tener que ver con la condición de "hombre honesto" de la que, incluso, habló con otros dirigentes.
"Hay que apoyar a Obama", dijo, en un mensaje que se ve que no recogieron ni Cristina Kirchner, ni el ecuatoriano Rafael Correa, ni el boliviano Evo Morales, que dedicaron sus intervenciones a denostarlo. El presidente cubano, en cambio, optó por recordarle un "largo historial de agresiones", pero lo exculpó de toda responsabilidad.
"Usted, señor Obama, no tuvo nada que ver con eso. Otros diez presidentes norteamericanos, sí", afirmó.
Más tarde, en una rueda de prensa en solitario, el mandatario norteamericano no fue tan lejos, pero sí afirmó que Castro es un hombre con el que "se puede conversar honestamente", pero que ambos tienen enormes diferencias a la hora de organizar una sociedad.
"Yo seguiré hablando por los que no tienen voz, y no me cansaré de reclamar democracia, derechos humanos y libertad de expresión", destacó.
El encuentro a puertas cerradas tuvo lugar en una sala anexa al plenario donde transcurría la cita regional, apenas decorada y desprovista de toda pompa. Comparecieron sentados en butacas de madera oscura, separados apenas por una pequeña mesa con un jarro diminuto de rosas blancas.
Como cortina, al fondo, el logo de la Cumbre de las Américas en la que por primera vez en sus 20 años de historia hubo asistencia plena de los 35 países de la región ante el debut de Cuba, hasta ahora impedida de participar en la cita regional.
No todo fue armonía. Así como el venezolano Nicolás Maduro tuvo cacerolazos de protesta, alguien en la sala alcanzó a reprochar algo sobre derechos humanos. No pudo escucharse claramente qué era, pero sí el tema.
Obama no reaccionó. Castro tuvo el rápido reflejo de llevarse las manos a las orejas, como quien quiere o simula querer escuchar algo. Rápidamente intervino el personal de seguridad y no hubo más gritos.
Entre quienes critican el deshielo, figuran cubanos disidentes que lamentan que Obama haya cedido ante los Castro sin haber hecho exigencias más firmes en materia de respeto a los derechos humanos.
"Lo que hay en la isla no es democracia", insisten.

Dificultades

A Obama le queda por delante la dificultad de que eso mismo le reprochen sus críticos a su regreso a Washington. Tal vez por eso insistió en que el acercamiento es algo "valorado y esperado" por las sociedades en ambos países.Ayer mismo, el senador republicano Marco Rubio lo consideró una concesión "ridícula".
Antes de partir hacia Washington, Obama habló con los periodistas sobre su encuentro con Castro. "Fue una conversación franca y fructífera con Raúl Castro", describió, y añadió que él fue "muy directo" en expresar las persistentes diferencias entre ambos en lo que respecta a los derechos humanos.
"Logramos hablar honestamente sobre nuestras diferencias y nuestras preocupaciones, de manera que pienso que tenemos la posibilidad de avanzar en la relación entre nuestros dos países en una dirección diferente y mejor", señaló Obama.
"Tenemos visiones muy diferentes de cómo debe organizarse una sociedad y fui muy directo con él sobre que continuaré hablando de temas como democracia, derechos humanos, libertad de reunión y libertad de prensa", ahondó.

Un mayor acercamiento con la región

  • Según publicó el diario The New York Times en un editorial, la Cumbre en Panamá tiene el potencial de ir más allá de la retórica y el drama que caracterizan a estos encuentros. Las políticas que llevó a cabo la administración de Obama permitieron acercarse a los vecinos de la región, que durante años se sintieron abandonados por Washington, sostuvo el diario.
  • Sin embargo, según el periódico, "todavía persiste la tensión con algunos países de la región, como Brasil y Venezuela".
  • "La relación con Brasil es la más significativa y fácil de arreglar. Dilma Rousseff, que se enojó por el escándalo de espionaje, se muestra entusiasmada para dar vuelta la página", indicó el diario. La cumbre, remarcó, es una oportunidad para que Obama y Dilma identifiquen áreas para la cooperación, aunque enmendar la relación con Venezuela "no será fácil".
.Del editor: qué significa.?La Cumbre en Panamá no sólo marcó el regreso de Cuba a la cita continental, sino que fue el escenario del nuevo enfoque de EE.UU. para la región.

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Cumbre de las américas / El conflicto con venezuela

Maduro eligió bajar el tono y dialogó con Obama

CIUDAD DE PANAMÁ.- Quedó devorada por los mismos hechos que ella misma generó. Pero aún a la sombra del giro de 180 grados en la relación entre Washington y La Habana la VII Cumbre de las Américas en esta ciudad dejó definiciones de peso para la política regional.
Entre lo sorprendente, el cambio de postura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, que, si bien dentro del tono habitual de diatriba contra Estados Unidos, moderó el tono y hasta ofreció "una mano tendida para el diálogo".
Más allá de retóricas, la Casa Blanca recogió la oferta y, antes de dejar la deliberación para volver a su país, Barack Obama tuvo un fugaz cara a cara con el mandatario venezolano. Una vez más, le pidió respeto a la oposición.
"Obama y Maduro tuvieron una breve conversación tras bastidores de la sesión plenaria de la Cumbre en momentos en que el presidente [norteamericano] estaba por marcharse'' de ésta, señaló un comunicado de la Casa Blanca.
"El presidente Obama indicó el firme apoyo estadounidense a un diálogo pacífico entre las partes dentro de Venezuela. Reiteró que nuestro interés no está en amenazar a Venezuela, sino en apoyar a la democracia, la estabilidad y la prosperidad en Venezuela y la región", añadió la nota.
Antes, sin mencionar a Venezuela, Obama defendió su derecho de criticar las políticas de los países de sus homólogos con las que no está de acuerdo. "Cuando hablamos de algo como los derechos humanos, no es porque pensemos que somos perfectos, es porque pensamos que es correcto el ideal de no encarcelar a las personas con quienes no se está de acuerdo'', dijo a los líderes de la región en el plenario de la Cumbre.
Otro de los gestos de Washington con un integrante regional de peso fue el anuncio de que Dilma Rousseff viajará a Washington en visita oficial en junio próximo.
La reunión con la presidenta brasileña figuró entre las bilaterales que mantuvo Obama aquí, y se lleva el anuncio de la cita oficial que le dará oxígeno en la difícil situación interna que atraviesa Dilma.
Más en el horizonte regional, la cita sirvió para poner sobre la mesa la cuestión de los derechos humanos y de la calidad democrática, y, en los hechos, pareció registrar un retroceso en el recurrente discurso regional de cargar todos los males a Estados Unidos.
Obama no se quedó para escuchar los discursos de la presidenta Cristina Kirchner ni de Maduro. En ese momento, abandonó la sala para mantener una serie de encuentros bilaterales.
Maduro, Kirchner y, sobre todo, Rafael Correa cargaron una vez más contra el líder norteamericano y contra lo que suele ser su discurso en favor de la libertad de expresión y el derecho a la crítica. Y Evo Morales lanzó uno de los discursos más encendidos contra Obama. "Esta es una agresión no sólo contra Venezuela, sino contra toda América latina", remarcó, al referirse al decreto contra Caracas.
Acusación
En el continente "continúa el intervencionismo ilegal", acusó el presidente ecuatoriano al criticar las sanciones de Washington a Caracas por violaciones de los derechos humanos. También dijo que la prensa regional es mala y que la Organización de los Estados Americanos (OEA) "está capturada por los intereses del Norte".
Sin mencionarlo, Obama pareció responderle a Correa cuando previno que "criticar a Estados Unidos no arreglará los problemas internos de los países ni solucionará el atraso y el hambre de los chicos".
De hecho, con contadas excepciones, el resto de los mandatarios no se sumó a esa escalada. Obama no escuchó la exigencia de Maduro de que levante las sanciones. Roberta Jacobson señaló luego que no serían removidas.
Presionado internamente, el presidente venezolano soportó cacerolazos de protesta en las dos ocasiones en que se acercó al Centro de Convenciones Atlapa, donde transcurrió el encuentro.
Antes de que se levantaran las sillas, Obama y Maduro tuvieron el breve encuentro informal. "Apenas duró unos minutos", se indicó. El venezolano pidió el levantamiento de las sanciones norteamericanas. El demócrata insistió en su respaldo a un proceso en el que haya "diálogo" entre gobierno y oposición en el país caribeño.
"No es nuestra intención amenazar a Venezuela, sino apoyar su estabilidad y prosperidad", fue el mensaje.
La próxima cita regional será en Perú, según anunció el presidente Ollanta Humala. Está programada para 2018 y, según se acordó aquí, no será ya solamente de jefes de gobierno, sino también de sus sociedades. Para dar cabida a las expresiones críticas. Tengan razón o no..
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Una espinosa agenda, el desafío tras las señales de distensión

CIUDAD DE PANAMÁ.- Son de esos momentos en que uno quisiera poder mirar por la cerradura. Barack Obama y Raúl Castro se reunieron durante más de una hora en Panamá y, por momentos, se sinceraron en la sorpresa por el camino recorrido y por el destino que los había puesto en ese momento definitorio.
"Quién hubiese dicho, hace relativamente poco, que íbamos a estar en esta situación", parece que se escuchó en la sala más de una vez. El encuentro fue a puertas cerradas, pero no a solas. Otras diez personas estuvieron para asistirlos y parte de lo ocurrido se conoció gracias a eso, según recogió LA NACION.
El histórico cara a cara fue un momento para repasar la agenda y reconocer que hay enormes desafíos por delante. Ambos líderes llegaron allí con abordajes distintos.
Castro busca cuanto antes oxígeno financiero. Obama pretende que se respete la agenda de derechos humanos y de calidad democrática que quiere dejar como legado en su política regional.
Curiosamente, y pese a todo lo que se habló de forma pública, no fue la retirada de Cuba de la lista negra de países patrocinadores del terrorismo lo que se llevó la mayor parte de su encuentro de trabajo. Sí, en cambio, la apertura de embajadas en sus respectivas capitales.
Se señaló en ese punto la necesidad de que los diplomáticos norteamericanos pudieran moverse libremente por la isla. Del otro lado, se mencionó la posibilidad de que los cubanos que vayan para la legación de la isla tuvieran dificultades para abrir cuentas operativas en entidades bancarias de Estados Unidos.
Entre las cosas que no se mencionaron estuvieron las invitaciones. No hubo convite a que Obama visite la isla. No se habló de ello. Sí, en cambio, de algunos otros temas más espinosos, como la eventual repatriación de cubanos con antecedentes penales que se refugiaron en Estados Unidos.
Según pudo saber la nacion, puertas adentro se mantuvo el buen clima que se demostró entre Obama y Castro en las presentaciones públicas de las últimas 48 horas. No había tensión, sino el nerviosismo propio de la sorpresa. El que da la conciencia del momento inédito, la sensación de quien dobla una esquina en el recorrido histórico y aborda un terreno desconocido y desafiante.
Otra de las claves de lo que ocurrió en Panamá está en otro encuentro que no se vio, pero que fue igual de significativo. El único que buscó el líder cubano y que tuvo como contraparte al presidente de la poderosa Cámara de Comercio de Estados Unidos.
Fue un encuentro clave para la agenda con que llegó la diplomacia cubana. Reconocido por su afinidad republicana, Thomas Donohue no es un desconocido para Castro, con quien ya mantuvo encuentros de trabajo en La Habana, adonde llegó con una delegación de empresarios norteamericanos ansiosos por hacer negocios allí.
"Sigan con las reformas que garanticen la seguridad de nuestras inversiones y todo irá bien", fue el mensaje que hizo llegar el empresario. Del otro lado, quienes trabajan con Obama saben que el atractivo de los negocios puede ser un buen puente para vencer resistencias en el Capitolio al deshielo emprendido por su administración.
Ayer, quienes estaban escépticos sobre el futuro eran miembros de la llamada disidencia cubana. Temen que la eventual prioridad del costado económico en la agenda postergue su esperanza de una verdadera democracia en la isla.
Obama ya escuchó eso y replica que con probar no se pierde nada. "Avanzaremos en la medida en que veamos que hay reformas", dice. Lo contrario era seguir tal como se estaba hasta ahora.
En la agenda hay por delante otras cuestiones. Además del levantamiento de toda barrera comercial y financiera, Cuba quiere que se le devuelva el territorio que hoy ocupa la cárcel de Guantánamo. El tema está allí. Dicen que aún no se trató. Pero Castro se encargó de citarlo de forma explícita..

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La región, en búsqueda de otros modelos para crecer

La economía de América latina, que hace cinco años sorprendía al mundo, decae
Por   | El País
CIUDAD DE MÉXICO.- Unos 605 millones de habitantes, 22 millones de kilómetros cuadrados, 10% del PBI mundial... y ninguna definición. América latina es una incógnita que sólo se explica por la geografía. El resto se rige ahora mismo por el principio de incertidumbre, es decir, cuanto mejor se conoce la zona, menos se sabe hacia dónde va. Bajo esta regla, el futuro empezó a generar dudas.
Con los líderes de la región juntos en la Cumbre de las Américas, en Panamá, tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional alertan de que la economía de la región entró en declive. Sus tasas de crecimiento se estancan y la fatiga global comienza a infiltrarse en casi todos sus rincones. Con 167 millones de pobres, el pesimismo está tomando una dimensión continental.
El túnel es largo y la búsqueda de una salida se volvió acuciante, pero la respuesta, en un espacio fragmentado por 20 países, no es fácil.
La época del crecimiento regional al 5% pasó. Europa y Japón siguen empantanadas; China perdió el apetito y el boom de las materias primas que disparó las economías australes ya es sólo un recuerdo. En sustitución llegó la crisis del petróleo. Brasil, México, Venezuela y Colombia, el 70% del PBI zonal, ya empezaron, en diferente grado, a sufrir sus consecuencias: recortes en el gasto público, podas en sus previsiones de crecimiento, tensiones en sus finanzas. La región que hace cinco años asombraba al mundo languidece.
El FMI sitúa el crecimiento para este año en un 1,3%, prácticamente la mitad que las economías avanzadas (2,4%). Se trata de una cifra insuficiente para superar los abismos que aún separan a América latina de sus competidores occidentales. Y lo que es peor, los expertos alertan de que esta anemia puede volverse crónica y, en algunos casos, agravarse.
Venezuela y la Argentina, presas de sus agudas contradicciones políticas, caen por la pendiente de la recesión, y Brasil, lejos ya de sus días áureos, lucha por mantener la cabeza fuera del agua: su previsión se limita a un casi nulo 0,3%.
En este horizonte, todas las reuniones políticas de alto nivel acaban en un mismo punto: la necesidad de una segunda generación de políticas públicas que devuelvan al área su pujanza. Pero a diferencia de otras épocas, el modelo por seguir es incierto. "Para enfrentarse a los problemas de la zona, son imperativas reformas amplias, especialmente en infraestructura, educación y empresa. Sólo el avance en estos frentes facilitaría la diversificación económica y una mejora en las perspectivas de crecimiento", indica el analista del FMI Hamid Faruqee.
Además, de fondo siempre están la desigualdad y la pobreza. Las dos llagas de América latina. No hay país que no las combata. Ambas lacras son la vara de medición de cualquier política en el área.
Ante este panorama, como ya es una constante histórica, todas las miradas convergen en los Estados Unidos. La reactivación de su economía, tras largos años de hibernación, proyecta la esperanza de un nuevo ciclo, en el que la enorme maquinaria de su consumo pueda sustituir a China y alumbrar nuevos caminos de desarrollo. Pero los designios de Washington siempre han sido ambivalentes para América latina.
Con esta perspectiva, numerosos líderes de la región apuestan por buscar un camino propio. Las recetas son variadas, pero en todas ellas hay un ingrediente común: el capital humano.
La educación como motor económico se configura como la única salida fiable al laberinto. "Hay que invertir más en una educación de calidad para todos, en ciencia y tecnología, así como desarrollar las infraestructuras. Son condiciones imprescindibles para una revolución de la productividad y una explosión de la innovación. Sólo así generaremos el empleo decente y de calidad que la población demanda y merece.
"En estas tareas estamos rezagados con respecto a Asia y debemos apurar el paso", indica la titular de la Secretaría General Iberoamericana, Rebeca Grynspan.
"América latina expandió el acceso a la educación, pero ahora el gran reto radica en una educación pública de alta calidad para todos. Es fundamental para el crecimiento y la igualdad", señala el especialista del Banco Mundial.
Pero los obstáculos para detonar el potencial humano son grandes y con dos nombres bien claros: desigualdad y pobreza. Un estudio de la OCDE revela que sólo un 9% de los alumnos universitarios procede del 20% de la población más pobre. En cambio, el 20% más pudiente aporta el 50% de estudiantes. Superar esta brecha, que se transmite por generaciones, requiere de un impulso transformador de enorme envergadura. El reto definirá el futuro de la región. Mucho más que el combate contra la violencia, los tipos de interés o el precio del barril de petróleo. Sólo la educación devolverá a la región su futuro..
 
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Opinión

Un hito de cara al futuro del hemisferio

Por   | Para LA NACION
Algunas cumbres fracasan antes de comenzar. Muchas hacen lo que pueden y sufren lo que deben. Y otras tienen el raro privilegio de exhibir éxitos antes de que concluyan.
La presencia de Cuba en la Cumbre de las Américas en Panamá, que concluyó ayer, y la normalización de sus relaciones con los Estados Unidos serán sin dudas un hito hemisférico recordado por mucho tiempo.
Esta presencia es el resultado de la decisión del presidente norteamericano, Barack Obama, de avanzar definitivamente en el restablecimiento de una relación "westfaliana" con Cuba, pero también es el resultado de una labor paciente y sostenida de los gobiernos de América latina.
En 2004, Cuba se sumó a la iniciativa del ALBA e hizo lo propio con el Grupo Río en 2008. Un año después, la región logró que la Organización de los Estados Americanos (OEA) diera por terminada la suspensión de Cuba de ese organismo.
Al año siguiente, Cuba no sólo se sumó a la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), sino que asumió la presidencia pro témpore. Y en 2012, en Cartagena de Indias, América latina sostuvo de manera unánime que la siguiente cumbre, la de Panamá, sería con Cuba. Y Estados Unidos, ciertamente, recogió el guante.
Washington siempre supo que su relación con la isla fue típicamente un obstáculo en la búsqueda de cooperación entre América latina y Estados Unidos. Pero sólo en los últimos años fue posible alterar el statu quo en torno al bloqueo y el aislamiento.
La narrativa más pragmática del reset se impuso a un anquilosado anticomunismo que los jóvenes republicanos ya ni saben en qué consiste.
Es cierto: la relación con Venezuela augura otra ronda de fricciones, fuera y dentro de los Estados Unidos. Pero los casos son muy distintos. Las sanciones a Caracas, por lo menos hasta ahora, han sido contra siete personas, no contra un país entero, como en el caso de Cuba.
Como sea, una mirada histórica les da motivos a los Estados Unidos para celebrar. América latina es hoy más democrática, más próspera, menos desigual y más pacífica de lo que era hace 30 años. Las transformaciones regionales han sido en buena medida consistentes con las preferencias y valores exhibidos por los Estados Unidos.
De su lado, América latina no sólo aplaude su progreso histórico, sino que también festeja el regreso definitivo de Cuba al hemisferio.
Pero hay más. Con la cautela de que toda generalización sobre América latina debería ser consciente de sus limitaciones, hoy la región depende menos del comercio y la ayuda económica y militar de Estados Unidos, auspicia sus propios foros regionales, como la Unión de las Naciones Suramericanas (Unasur) o la Celac, y financieramente depende cada vez menos de organismos internacionales en los que los Estados Unidos tienen poder de veto.
Si en términos de valores América latina se acercó a los Estados Unidos, en términos estratégicos la autonomía parece en aumento.
Si esta observación es correcta, la Cumbre de Panamá podría ser el comienzo de un nuevo proceso hemisférico basado en un particular equilibrio entre autonomía regional y convergencia hemisférica. Este equilibrio, sin embargo, es incipiente.
Dependerá -en buena medida- de la orientación externa del próximo presidente de los Estados Unidos. Y dependerá, también, de cómo América latina y los Estados Unidos avancen en áreas sensibles para ambos, como el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado.
Como sea, un buen empate como el de la Cumbre de Panamá es un excelente resultado para proponer jugar otros partidos.
El autor es director de las licenciaturas en Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés.


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