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viernes, 31 de octubre de 2014

ESPIONAJE. EL ESPÍA QUE DESATÓ LA GUERRA FRÍA.


El mundo

El espía que desató la Guerra Fría

Durante años, hasta que en 1947 escapó sin ser descubierto, el científico austríaco Engelbert Broda pasó a la Unión Soviética los secretos mejor guardados de los proyectos atómicos de Gran Bretaña y Estados Unidos. Ahora, 70 años después, su identidad fue revelada por documentos desclasificados del MI5 y la KGB
Ben Macintyre
The Times

LONDRES
Durante diez años un espía soviético, cuyo apodo era "Eric", pasó los secretos nucleares británicos a Moscú, preparando así el terreno para la Guerra Fría. La KGB lo valoraba como su "principal fuente" de inteligencia atómica; el MI5 británico sospechaba de él, lo siguió, abrió sus cartas y controló cada movimiento suyo. Pero nunca fue atrapado.
Hoy, 70 años más tarde, con la apertura de los archivos del MI5 y la KGB, por fin puede identificarse a "Eric" como Engelbert (Bertie) Broda, un brillante científico austríaco que durante una década evadió a los cazadores de espías británicos mientras trabajaba como topo soviético en el corazón del programa de investigaciones nucleares.
La historia asombrosa de Bertie Broda parece una novela de John le Carré: es un cuento de espionaje y contraespionaje, actividad sofisticada, amor y engaño. Pero, por encima de todo, es la historia de una doble vida, que aporta una de las últimas piezas del complejo rompecabezas del espionaje de la Guerra Fría. Broda era el espía más valioso de la KGB: desde los Laboratorios Cavendish, en la Universidad de Cambridge, proveyó a los jefes del espionaje soviético una serie de secretos nucleares británicos, incluyendo el plano del primer reactor nuclear utilizado en el Proyecto Manhattan, de Estados Unidos. Los secretos del agente "Eric" permitieron a la Unión Soviética ponerse a la par en la carrera por construir la bomba y crear el escenario para el posterior impasse nuclear. Lo más llamativo del científico y espía fue su capacidad para evitar ser detectado: murió en 1983, siendo un celebrado profesor de ciencia en la Universidad de Viena.
Los archivos de la KGB ahora están sellados, pero durante un breve período, a mediados de la década de 1990, un oficial de la KGB de nombre Alexander Vassiliev obtuvo acceso a los archivos y comenzó a transcribir su contenido. Los cuadernos de Vassiliev son la base de un nuevo libro, publicado este mes en EE.UU., que revela el rol central de Broda en el espionaje nuclear soviético.
El MI5 también quitó el carácter de secretos a los archivos sobre Broda, lo cual permitió que se cuente por primera vez la historia del espía que logró no ser atrapado. Engelbert (también conocido como Berti, o Bertie) tenía 28 años cuando llegó a Gran Bretaña en 1938. Hijo de un aristócrata austríaco, era elegante, muy inteligente y un ferviente comunista. Como estudiante en Berlín y líder nacional de los estudiantes comunistas alemanes, había sido encarcelado dos veces por los nazis. Broda dijo a las autoridades de inmigración que era un estudiante de ciencias deseoso de participar en una conferencia en la Universidad de Bristol. En realidad, escapaba de la persecución nazi, y quizás ya entonces haya tenido contacto con la inteligencia soviética. Pronto lo siguió su esposa Hildegarde.
El Servicio de Seguridad (MI5) comenzó a interesarse en el joven austríaco desde el momento en que pisó suelo británico. Por cierto, su archivo del MI5 contiene un recorte de The Times de 1931, que describe el asesinato de un espía comunista en Viena: en el departamento del hombre muerto la policía austríaca encontró un tesoro de documentos de espionaje incriminatorios; se identificó al joven Broda como el correo.
En Londres, Broda rápidamente tomó contacto con otros refugiados austríacos de izquierda y, en pocos meses, la Rama Especial informaba que Broda era "el líder del Partido Comunista Austríaco" en ese país. Otra integrante del grupo era Edith Tudor Hart, una comunista austríaca atractiva que se había casado con un inglés, adoptó la ciudadanía británica y se estableció en Londres. Tudor Hart era una fotógrafa radical, que veía su trabajo como una herramienta para propagar la revolución comunista. Varias de sus fotografías se encuentran en la National Gallery.
Era también correo y agente de la KGB (su nombre secreto, nada sutil, era "Edith"), con vínculos con la inteligencia soviética que databan de 1926. Tudor Hart ya había recomendado el reclutamiento de Kim Philby y su primera esposa austríaca, Litzi, a la KGB, y entonces preparó el terreno para el reclutamiento de Broda. Tudor Hart y Broda pronto se convirtieron en amantes.
El MI5 abría el correo de Broda, intervino su teléfono y controló sus movimientos, pero no pudo encontrar evidencias de que fuera más que un comunista firme y un científico. En 1939 fue detenido brevemente y se revisó su departamento, pero sin que se descubrieran evidencias incriminatorias. En 1941, se le ofreció a Broda un empleo en el Laboratorio Cavendish en Cambridge, trabajando en reactores atómicos y reacciones en cadena controladas con Hans Halban, un físico francés refugiado que estaba a la vanguardia de la investigación nuclear. Halban había escapado de los nazis en 1940 y llegó a Gran Bretaña con una valija en la que llevaba la mayor parte de la provisión francesa de "agua pesada", utilizada en reactores nucleares.
El Servicio de Seguridad objetó el nombramiento, señalando que Broda representaba un serio peligro de espionaje. La postura de los cazaespías quedó relegada gracias a los argumentos del departamento de Investigaciones Científicas e Industriales del Estado, que insistió en que Broda era demasiado valioso como científico como para desperdiciarlo. "Las exigencias de este departamento superan las objeciones por motivos de seguridad", declaró el jefe del departamento, pero agregó en tono complaciente que "Broda no sería empleado en la parte más secreta" del trabajo del laboratorio.
Fue un grave error. Broda pronto estuvo en el corazón del proyecto, con acceso no sólo a los secretos nucleares británicos sino también a los del Proyecto Manhattan, el programa científico de Estados Unidos para desarrollar la primera bomba atómica. Menos de un año después de haber comenzado a trabajar, Broda envió su primer paquete de información, vía Tudor Hart, a la KGB.

Nombre de código

La campaña de espionaje de la KGB para robar los planes de construcción de la bomba nuclear de los aliados llevó el nombre en código de "Enorme". A Broda se le dio el nombre de "Eric". En diciembre de 1942, la estación de la KGB en Londres informó feliz a Moscú que "?Eric´, que desde enero de 1942 ha sido asistente de Hablan en la división especial (dedicada a Enorme) del laboratorio central de explosivos en Cambridge, está totalmente informado sobre todos los trabajos sobre Enorme tanto en Inglaterra como en EE.UU., porque tiene acceso a material estadounidense sobre Enorme que los ingleses habían recibido como parte de un intercambio de información".
Broda no era el único espía soviético que pasaba secretos nucleares a la KGB desde Gran Bretaña. Otro era John Cairncross (su nombre en código era "Liszt"), el topo educado en Cambridge dentro del MI6 reclutado por Anthony Blunt y Guy Burgess. Una tercera espía era Melita Norwood (alias "Tina"), desenmascarada en 1999. Otro era el físico británico Allan Nunn May, condenado por espiar para Moscú en 1946 y sentenciado a diez años de prisión.
La KGB logró avances simultáneos en EE.UU., pero inicialmente la mejor inteligencia de Moscú provino de sus espías en Gran Bretaña. "Las fuentes soviéticas en Inglaterra fueron las primeras en proveer a Moscú de inteligencia atómica", escribió Pavel Fitin, jefe de Inteligencia Exterior en Moscú (1939 a 1946), en un memo citado en Espías , de Harvey Klehr, John Earl Haynes y Alexander Vassiliev. "El material incluía documentos valiosos y del máximo secreto [que] sirvió como punto de partida para establecer las bases y organizar el trabajo en el problema de la energía atómica en nuestro país."
Encantados de que Broda hubiese ofrecido el primer envío de información e impresionados por el hecho de que parecía no requerir pago, Moscú pidió a Tudor Hart que organizara un encuentro entre el nuevo recluta y el contacto de la KGB en Londres, de apodo "Glan" (aún se desconoce su verdadera identidad). Renuente al principio, Broda finalmente aceptó encontrarse cara a cara con el contacto de la KGB, habiéndosele asegurado que este camarada no era "inglés". Broda dijo que los comunistas británicos "por lo general son muy indiscretos".
Luego de encontrarse con "Glan" por una hora y media, Broda acordó pasar todo lo que descubriera sobre el proyecto de la bomba atómica, incluyendo todos los "boletines de los estadounidenses".
"?Eric´ informa que en su campo de trabajo, los estadounidenses están bastante adelantados", señaló "Glan". "Durante la conversación, nada fue llamado por su nombre, pero ?Eric´ sabe para quién aceptó trabajar". Cuando "Glan" ofreció pagar a Broda por la información, éste se ofendió. Dijo que sus motivos eran ideológicos, no mercenarios. "Eric es totalmente desinteresado en su trabajo para nosotros", señaló "Glan".
Lo que Broda no sabía es que el MI5, que sospechaba cada vez más de él, había logrado reclutar su propio espía dentro del círculo comunista austríaco. La identidad de este informante, apodado "Kaspar", nunca fue revelada, pero era hombre de confianza de Tudor Hart y Broda.
En diciembre de 1943, "Kaspar" informó al MI5: "Aunque no tengo pruebas contundentes, siempre sospeché que Broda está involucrado en espionaje industrial. En vista de las relaciones íntimas entre Edith Tudor Hart y Broda, debe suponerse que ella está bien informada de las actividades de su amante". Quizás consciente del creciente interés del MI5, Broda adoptó precauciones elaboradas para evitar ser detectado cuando se encontraba con su control de la KGB. "Eric" debía marcar una página de una guía telefónica en determinada cabina telefónica. "Luego de entrar a esta cabina en determinado momento y encontrar la marca que había hecho, iba a su encuentro en el lugar y a la hora indicada", señaló la KGB. También puede haber pasado información a la KGB a través de su dentista, un ruso de nombre Schkolnikoff.
La información de Broda incluyó el plano para uno de los primeros reactores nucleares del Proyecto Manhattan. El paquete, sostuvo eufórica la KGB, contiene "toda la información necesaria para construir una planta y es excepcionalmente valioso". Cuando un colega del laboratorio Cambridge fue a Canadá, Broda se quedó "con su llave personal de la biblioteca, que contenía informes sobre Enorme". La KGB hizo una copia. Moscú obtuvo así la llave de la caja fuerte atómica británica.
Para fines de 1943, Broda estaba trabajando en el proyecto "tube alloys", el nombre en código de la investigación de armas nucleares británica para el uso de plutonio, cuya existencia era el secreto más oculto. Ya no era un espía entre tantos, sino el más importante espía atómico de Moscú: en agosto la KGB describió a "Eric" como "en la actualidad la principal fuente de información sobre los trabajos en curso sobre E. [Enorme] tanto en Inglaterra como en EE.UU.".
Los archivos de MI5 revelan la frustración de los agentes de contraespionaje británicos que trataban de atraparlo. Se supo que Broda había estado en contacto con Litzi Philby, la primera esposa comunista del topo británico que aún no había sido descubierto y que se encontraba regularmente con Alan Nunn May, que había ingresado en los Laboratorios Cavendish en 1942. Al acercarse el MI5, las tensiones entre Tudor Hart y Broda parecieron ir en aumento. El agente "Kaspar" escuchó una pelea entre ellos, en la que Tudor Hart acusaba a su colega de "ser demasiado descuidado? cuando un hombre está involucrado en semejantes asuntos, debe ser cuidadoso y no poner en peligro a sus amigos". Con típica despreocupación, Broda contestó: "Toda nuestra gente está bien. No te alarmes, no escribas y no telefonees".
Broda nunca advirtió que "Kaspar" lo estaba traicionando con el MI5, pero debió haber sabido que estaba en serio riesgo de ser descubierto luego de que Nunn May fuera arrestado en la primavera de 1946 y confesara ser espía. Y sin embargo se mantuvo tranquilo: "Broda no parece haber expresado nada respecto del arresto de Nunn May, más allá de la sorpresa de que fuera a juicio bajo tal acusación".
Las autoridades estadounidenses, advirtiendo que el programa nuclear británico había sido infiltrado, comenzaron a restringir los secretos nucleares que compartían con el Reino Unido. Luego Estados Unidos descubriría hasta qué punto había sido comprometido su propio programa nuclear por la KGB.
Pero para entonces Broda ya estaba planificando su escape y en 1947 pidió permiso para dejar el país, supuestamente para unas breves vacaciones. Hubo un nuevo debate en el servicio de seguridad respecto de si dejarlo viajar, pero sin evidencias firmes de espionaje no hubo otra alternativa.
Para 1948, Broda había vuelto a Austria y se había establecido como profesor de la Universidad de Viena, donde permanecería por el resto de su vida.
Con el paso de los años aumentaron las evidencias de que la KGB había penetrado el programa nuclear aliado, y dentro del MI5 la sospecha de que Broda había espiado para la Unión Soviética se convirtió casi en una certeza. Esa creencia se vio reforzada cuando la ex esposa de Broda, Hildegarde, se casó con Nunn May pocos meses después de que saliera de la cárcel en 1952. Los dos hombres compartían el gusto por las mismas mujeres. ¿Qué más habían compartido? "Estamos seguros de que Broda hizo espionaje durante la guerra, aunque no tenemos pruebas", admitió el MI5. "Broda bien pudo haber sido la persona que reclutó a Nunn May para el Servicio de Inteligencia ruso."
El hijo de Broda, Paul, se quedó con su madre en Gran Bretaña y se convirtió en profesor de biología molecular aplicada de la Universidad de Manchester. Paul, que está escribiendo un libro sobre su padre y su padrastro, no hizo comentarios para este artículo.

Las redes del espionaje

Para 1955, la CIA había marcado a Broda como "un hombre clave en la transmisión de datos atómicos secretos de EE.UU., Canadá y Gran Bretaña a los soviéticos". El mismo año, a través de fuentes extranjeras, el MI5 supo que Broda había "organizado una red de información con tentáculos en cada departamento del instituto de química". Quizás esta información fue compartida con el servicio de inteligencia alemán, pero si fue así, no hay evidencias de ello en los archivos del MI5. En 1956, el MI5 emitió una circular en la que ordenaba que "se ponga una vigilancia especial a Broda si y cuando viene a este país".
Los jefes del contraespionaje británico sospechaban fuertemente que un importante espía se les había escapado de entre los dedos, pero recién con las revelaciones en los cuadernos de la KGB de Vassiliev se hizo claro lo importante que fue Broda para el programa nuclear soviético en sus primeros pasos.
Sigue el debate respecto de cuánto ayudaron los espías de la KGB a ambos lados del Atlántico a acelerar el proyecto de la bomba atómica soviética. Los informes de Fitin, el jefe de espionaje en el extranjero de Moscú, son inequívocos: la inteligencia aportada por Broda y otros sentó las bases para los científicos nucleares soviéticos, abriendo paso a la confrontación nuclear de la Guerra Fría.
Con el tiempo, a medida que la Guerra Fría fue dando a conocer sus secretos, se descubrieron espías atómicos británicos. Allan Nunn May salió de la cárcel y fue puesto en la lista negra por las universidades británicas hasta su muerte, en 2003. John Cairncross fue desenmascarado como espía soviético en 1990 por un espía que defeccionó de la KGB, Oleg Gordievsky. Melita Norwood fue denunciada por el desertor Vasili Mitrokhin. Pero Broda nunca fue atrapado y se llevó su secreto a la tumba. Desde 1955 hasta 1980 fue profesor de química y física de la Universidad de Viena y un referente del movimiento Pugwash, una alianza internacional de científicos preocupados por el mal uso de la ciencia. El movimiento se originó en el manifiesto Russell-Einstein, de 1955, que llamaba a los científicos a encontrar maneras de salvar a la civilización de la amenaza de las armas nucleares.
Broda murió en 1983, a los 73 años. Está enterrado en un cementerio de Viena en una "tumba de honor", como tributo a uno de los científicos más distinguidos de Austria. Junto a su epitafio podría haber otro: "Eric", el espía que nunca fue atrapado. .
Traducción de Gabriel Zadunaisky © LA NACION

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