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lunes, 13 de octubre de 2014

BOLIVIA. ELECCIONES. EVO MORALES AFIANZÓ SU PODER CON UN CONTUNDENTE 60%


Diario "La Nación". Buenos Aires, 13 de octubre de 2014.


La venta de gas a Brasil y a la Argentina, un tesoro con fecha límite

Las exportaciones se multiplicaron en una década; los contratos vencen en unos años
LA PAZ (De un enviado especial).- Ni los argentinos ni los brasileños votan mañana en Bolivia. Pero cuando Evo Morales sea elegido, según todas las previsiones, para un tercer mandato presidencial, deberá guiñar un ojo de agradecimiento a los dos países vecinos. El Estado boliviano recibe unos 6000 millones de dólares anuales provenientes de los gasoductos que llegan a ambas naciones.
Y el que históricamente fue el país más pobre de la región se convirtió ahora en la segunda economía más pujante, detrás de Perú.
En 2003, el valor total de las exportaciones de gas alcanzaba apenas a 485 millones de dólares y ese valor se multiplicó más de 10 veces en una década. Al mismo tiempo, el valor de la unidad en que se mide el gas, el Mmbtu, pasó de un dólar a comienzo de siglo a unos 11 dólares actuales.
El gas es la gallina de los huevos de oro del gobierno de Morales, pero tiene dos fechas de vencimiento. En 2019 caducará el acuerdo firmado con Brasil, un país que aspira al autoabastecimiento de gas, y el contrato con la Argentina termina en 2027. Si los argentinos logran empezar a aprovechar el inmenso yacimiento de Vaca Muerta, la economía boliviana enfrentará un golpe durísimo. Y los bolivianos lo saben.
"Sabemos perfectamente que no podemos vivir eternamente de las ventas a la Argentina y a Brasil. Por eso uno de los desafíos es la industrialización del gas", dijo en diálogo con LA NACION el presidente de YPFB, Carlos Villegas.
El gobierno boliviano ya anunció la construcción de dos plantas separadoras de líquidos, una de gas natural licuado, una de amoníaco y urea, y un complejo de etileno-polietileno y propileno-polipropileno (plásticos duros y blandos) que suman inversiones por alrededor de 3600 millones de dólares. "Estimamos que en unos cinco años todas estas plantas ya estarán en pleno funcionamiento", aseguró Villegas.
"Pero además puedo asegurarle que, en el caso de Brasil, ellos apuestan a ser un país petrolero, más que gasífero. Su producción de gas no va a alcanzar los niveles que se esperaban hace algunos años. De hecho hace unos meses llegó una comisión de Petrobras para decirnos que querían renegociar los términos de su contrato para después de 2019, explicó con entusiasmo el presidente de YPFB.
Sin embargo los expertos siguen divididos entre los que ven con buenos ojos lo realizado por el gobierno de Morales y los que ven nubarrones en el futuro.
El ex ministro de Hidrocarburos (2003-2004) Alvaro Ríos, uno de los que ve con más optimismo la situación, subrayó además una diferencia entre la nacionalización de los hidrocarburos en su país y en la Argentina. "En Bolivia hubo un rápido aprovechamiento de esos ingresos en beneficio directo del bienestar económico de la población y del país en general. Bolivia hoy «respira gas», dijo a LA NACION.
Ríos mencionó también la gran cantidad de obras de infraestructura, caminos, puentes y construcciones que se ven en todo el territorio. Para otro ex ministro de Hidrocarburos, Carlos Miranda Pacheco, el gobierno de Morales no sabe aprovechar la bonanza de la época.
"Bolivia es mucho más que gas. No se puede pretender industrializar a un país con un solo producto", dijo a LA NACION Miranda Pacheco.
"El gobierno debe impulsar por ejemplo el sector agropecuario. Promover la enorme riqueza de un cereal como la quinua, nuestros frutos exóticos y también los camélidos. Además, la mayoría de los productos electrónicos que utiliza la humanidad tienen batería de litio. Bolivia vive la paradoja de tener una de las mayores reservas mundiales de litio y no liderar su producción. ¿Por qué no utilizar los beneficios del gas para impulsar estos otros sectores?", concluyó el ingeniero Miranda Pacheco.

Apuntan contra Coca-Cola

El gobierno boliviano calificó ayer de "acto abiertamente político" el alza del precio de la Coca-Cola, por ocurrir dos días antes de las elecciones de mañana. "La medida es un acto abiertamente político y un atentado contra el bolsillo de los bolivianos, debido a que se lanza justo dos días antes de las elecciones", dijo la ministra de Desarrollo Productivo, Teresa Morales. Medios locales dijeron que el ajuste oscila entre 0,07 y 0,11 dólares por botella..

Mañana, elecciones

Reducir la pobreza extrema, el desafío pendiente de Evo

El boom económico que atraviesa Bolivia no se tradujo en masivas mejoras de la calidad de vida de los sectores más desprotegidos
Por   | LA NACION
LA PAZ.- "Yo soy pobre y ni mi marido ni yo votamos por Evo. Él no nos dio nada. No recibimos ningún tipo de subsidio. Lo poco que tenemos lo logramos trabajando duro", dice Jazmín Bautista Acero, de 32 años, una indígena aimara que vive en El Alto, vecino a la capital, una de las ciudades con mayores índices de pobreza en el país.
El boom económico que vive Bolivia en los últimos años de la mano de las exportaciones de gas no redundó en una masiva mejora en la calidad de vida de los sectores más desprotegidos. El propio presidente Evo Morales, hace una semana, mencionó la reducción de la pobreza entre las deudas pendientes.
El gobierno demora aún la publicación de los datos del censo de 2012, pero a la ministra de Desarrollo Productivo, Teresa Morales, se le "escapó" hace algunos meses la afirmación de que "hay 2,5 millones de personas -la cuarta parte de la población- en situación de pobreza; eso es extrema pobreza".
Según los datos internacionales, "pobre" es aquel que gana menos de 60 dólares mensuales, y "pobre extremo", menos de 30 dólares.
Jazmín no necesita que le expliquen lo que es la pobreza extrema. En su ciudad de origen, cerca del lago Titicaca, la comida no siempre era un hábito cotidiano. Por eso decidió a los 20 años ir a El Alto.
En esta ciudad que asoma 600 metros por encima de La Paz viven un millón de personas, la gran mayoría migrantes internos que llegaron para escapar de la hambruna de zonas rurales.
No es necesario indagar demasiado para darse cuenta de que uno de los graves problemas de El Alto es la inseguridad. En una esquina, a media cuadra de la casa de Jazmín, un grafiti pintado en la pared advierte: "Ladrón encontrado será colgado". Y para que no queden dudas, de un poste está colgado con una soga en el cuello un maniquí vestido con buzo y pantalón.
Pese a eso, Jazmín afirma que su calidad de vida mejoró a lo largo de los años. Hoy vive en una habitación de cinco metros por cinco, piso de cemento y techo de yute, con su marido y dos hijos, que la alquilan al equivalente de 70 dólares mensuales.
El único baño y cocina están en un patio que comparten con otras seis familias.
Jazmín es de los bolivianos que salió de la pobreza extrema gracias al propio trabajo. "Hasta el año pasado, vendía en la puerta de casa la comida que cocinábamos con otras mujeres, y ganaba unos 30 pesos bolivianos al día [equivalentes a 120 dólares mensuales]. Ahora nos unimos varias costureras y, gracias a la donación de una ONG, pusimos un taller de costura y hacemos polleras y mantas para las cholas. Así gano el doble", cuenta.

Planes sociales

Jazmín se sorprende al ser consultada sobre si recibe algún tipo de subsidio. "¿Y por qué debería recibirlo?", responde.
Efectivamente, en Bolivia los programas de subsidios del gobierno de Evo Morales, llamados "bonos", sólo alcanzan a los ancianos y a los chicos en edad escolar. Pero no hay asignaciones para desocupados ni para la gente de mediana edad carenciada.
Uno de los programas más exitosos es el bono Juancito Pinto, que concede 200 pesos bolivianos (unos 30 dólares por chico), contra presentación de la constancia del año escolar aprobado.
Así es como muchas personas en pobreza extrema del interior del país acostumbran trasladarse a las grandes ciudades en temporada de vacaciones escolares para pedir limosna o dedicarse a la venta ambulante. Luego regresan a sus comunidades para que los chicos no pierdan el año escolar y puedan recibir el Juancito Pinto.
Ana Colque, de 35 años, tiene hijos aún muy pequeños para ese bono, y mendiga cerca de la plaza Murillo, en el centro de la ciudad de La Paz, vestida con sus polleras multicolores y un sombrero negro de fieltro. Llegaron hace unos meses desde la localidad de Llallagua, en Potosí, luego de dos días de viaje en ómnibus.
La mendicidad le reporta unos cinco dólares diarios. "Esto es muchísimo dinero para nosotros, señor. En mi tierra cultivamos papas y verduras, pero el clima está muy malo", dice.
Pedir limosna es incluso algo más rentable que vender limones o verduras sentada en la calle. La "ganancia" en ese caso es de tres o cuatro dólares diarios.
Cuando llega la fría noche paceña, que ahora en primavera puede llegar a los 2°C, Ana junta todas sus cosas y se va a dormir con sus pequeños a un galpón cerca de la terminal de ómnibus, en la avenida Montes, donde por un peso boliviano les alquilan el "suelo" para que tiren sus frazadas y duerman. Ella insiste en que esta vida es "mucho mejor" que la que tenía en Potosí..
 
 

El hombre detrás del éxito de Evo Morales

Por   | Para LA NACION,
LA PAZ, Bolivia-El presidente Evo Morales , quien se encamina a ganar un tercer mandato el domingo, debe gran parte de su popularidad al principal arquitecto del resurgimiento económico del país: su ministro de Economía, Luis Alberto Arce, un autoproclamado socialista que suele citar a Marx y Engels.
Sin embargo, a pesar de que habla como sus aliados de izquierda de Argentina y Venezuela, Arce ha evitado los traspiés que han llevado a estos países por un sendero de inflación galopante, depreciación de la moneda y recesión.
Bolivia, un país con 10 millones de habitantes que ha atravesado décadas de inestabilidad económica, ha registrado un crecimiento económico anual de alrededor de 5% desde que Morales asumió la presidencia en enero de 2006.
"A mí, no me interesa la imagen que quiero proyectar", dice Arce en su oficina en La Paz, que está decorada con un retrato de Ernesto "Che" Guevara, quien murió en este país mientras trataba de fomentar una revolución. "Me interesa hacer la transformación de Bolivia", agrega Arce, a quienes algunos llaman un neoliberal que no ha salido del clóset.
Morales, el primer presidente de origen indígena de Bolivia, ha expulsado al embajador estadounidense, forjado estrechos lazos con Cuba y Venezuela, y ha sido criticado por grupos de derechos humanos que lo acusan de intimidar a sus opositores y a la prensa. De todos modos, sus políticas favorables para las empresas han producido un vigoroso crecimiento económico y un ferviente respaldo. Una encuesta publicada el 2 de octubre por el diario El Deber indicaba que Morales derrotaría a su rival más cercano, Samuel Doria Medina, con un margen de 41 puntos.
"Para mí no es tan difícil ganar las elecciones", aseveró Morales, de 54 años, en una entrevista el domingo con el canal de televisión Unitel.
Arce concibió políticas para el sector gasífero que generaron grandes ingresos al tiempo que controló el gasto. A partir de mayo de 2006, el gobierno exigió que las empresas energéticas extranjeras pagaran 32% adicional en impuestos y regalías. Los altos precios del gas natural, impulsados por la creciente demanda de Argentina y Brasil, así como el aumento de las exportaciones de plata y zinc, también han contribuido.
Parte de la nueva riqueza ha llegado a las clases bajas a través de subsidios y programas sociales. La pobreza extrema ha bajado de 38% a 18%, dice Arce, con lo cual Bolivia supera a Paraguay y deja atrás su estatus de larga data como el país más pobre de Sudamérica. En abril, el Banco Mundial calificó estos resultados como "extraordinarios".
Arce, quien pasó 19 años en el Banco Central de Bolivia bajo presidentes fiscalmente conservadores, a menudo ha seguido un libreto ortodoxo. Ha mantenido presupuestos equilibrados y el país ha acumulado más de US$15.400 millones en reservas internacionales, uno de los niveles más altos del mundo por el tamaño de su economía.
Jeffrey Webber, un politólogo canadiense que estudia la economía boliviana, escribió hace poco que "las tasas de inflación ha sido contenidas a niveles que mantendrían a Milton Friedman descansando en paz en su tumba".
"Arce ha sido un gestor económico muy cuidadoso", señala Baudouin Duquesne, quien pasó años como director del Banco Interamericano de Desarrollo en Bolivia y ahora desempeña el mismo cargo en Venezuela. "Él es una de las principales razones por las que Bolivia está en la posición en la que se encuentra hoy".
Hijo de maestros de escuelas públicas, Arce se preguntaba en su adolescencia por qué un país rico en recursos naturales como Bolivia estaba sumido en la pobreza. El marxismo parecía ofrecer una salida, recuerda que concluyó de joven. Arce, quien jugó de base en su equipo de baloncesto en la universidad, estudió economía y se unió a uno de los partidos socialistas de Bolivia.
A principios de los años 80, sin embargo, el gobierno de izquierda hizo un manejo tan malo de la economía que la inflación anual llegó a 24.000%. Durante las siguientes dos décadas, los votantes optaron por gobiernos de centroderecha que priorizaban la disciplina fiscal, la privatización de empresas y la liberalización del comercio. Estas llamadas reformas neoliberales frenaron no sólo la inflación sino también el crecimiento económico. Entre 2001 y 2006, Bolivia tuvo cinco presidentes.
Mientras tanto, Arce ascendía en el Banco Central, donde pasó a ser subgerente de reservas. No obstante, dice que se opuso a las reformas económicas y que las criticó en dos tesis universitarias. Esa afirmación provoca risas entre sus detractores.
"Si tú vas a entrar a trabajar en una entidad que promueve ciertos principios en el manejo económico, por supuesto tienes que compartirlos. De otra manera es muy difícil que te pongas a trabajar en algo en lo que no crees", dice Jimena Costa, candidata a diputada de la oposición y ex colega de Arce en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz.
Juan Antonio Morales, presidente del Banco Central entre 1995 y 2006 y quien no tiene parentesco con el presidente, no tiene ningún recuerdo de Arce criticando las políticas bancarias y se sorprendió cuando se incorporó al gabinete de Morales. Aun así, afirma que Arce fue una elección lógica porque a mediados de la década pasada, era uno de los pocos expertos financieros bolivianos con experiencia gubernamental y que simpatizaban con el movimiento izquierdista de Morales.
Las credenciales de Arce en el Banco Central lo convirtieron en un símbolo de la continuidad económica. Eso era vital para Morales, quien no tiene una capacitación formal en economía. Pese a sus promesas de poner boca abajo el orden político, Morales anhelaba estabilidad política.
"El primer reto que teníamos era demostrar que nosotros, la izquierda, manejamos la economía mejor que la derecha", dice Arce.
Eso con frecuencia involucraba aguantar la presión de firmar cheques. Por ejemplo, Arce recuerda una conversación con Morales en la que lo convenció de no duplicar los sueldos de los empleados públicos. En la nacionalización parcial del sector gasífero, Arce dijo que resistió llamados a expropiar activos de empresas extranjeras.
No se pudo contactar a Morales para que hiciera comentarios.
Con el tiempo, este curso moderado ha conducido a fuentes nuevas de ingresos. El gasto del gobierno se ha cuadriplicado desde 2005. Se están construyendo carreteras, hospitales y escuelas, así como un sistema de transporte por teleférico en La Paz.
Durante la gestión de Morales, el número de empleados estatales ha crecido a casi el doble y ahora reciben dos meses de bonificación. Se prevé que el Producto Interno Bruto crezca 5,5% este año.
Costa y otros detractores acusan al gobierno de derrochar fondos y dicen que, dada la escala del ascenso económico de Bolivia, debería haber hecho mucho más.
"Hay trabajo", expresa Íngrid Mariño, quien tiene un pequeño negocio de venta de huevos. "No nos falta nada aquí".
Pese a que los economistas dicen que el modelo de Morales no refleja El Manifiesto Comunista, Arce insiste en que los cambios han sido radicales. "Marx dice: para lograr el salto al socialismo hay que desarrollar las fuerzas productivas. Es lo que estamos haciendo"..
 
 

La nueva Bolivia, donde los relojes giran al revés, se rinde ante Evo

En sus nueve años de gobierno, el presidente aplicó una "política de descolonización" para recuperar la cultura indígena; algunos critican sus acciones
Por   | LA NACION,
LA PAZ.- Si Bolivia fue siempre el país más exótico de todos los que rodean a la Argentina, uno de los logros de los nueve años de gobierno de Evo Morales es haberlo convertido en más particular aún. Y ésa es una de las conquistas que le está sumando votos para las elecciones de pasado mañana.
Las manecillas de los relojes en muchos edificios públicos giran ahora hacia la izquierda, por todos lados flamea la bandera multicolor whipala, oficialmente se anuncia que el país está en el año andino amazónico 5522 y en algunas regiones la "justicia comunitaria" comienza a reemplazar a la occidental enraizada en el derecho romano.
Por muchos años lo más extraño de Bolivia era ver por las calles a los coyas, con sus ponchos y chullos (gorros de lana con orejeras), y a las cholas paceñas con sus coloridas polleras y sombrero bombín. Hoy los coyas y las cholas no son sólo parte del colorido paisaje urbano de esta bella capital. Cuando uno va a hacer un trámite a una oficina pública, no es de extrañar encontrarse con funcionarios ataviados con la ropa tradicional e incluso hay diputadas indígenas que ocupan sus bancas en la Asamblea Legislativa vestidas con polleras y sombrero bombín.
"En realidad, lo raro es todo lo que sucedió hasta ahora en un país donde el 62% de la población es indígena", dijo a LA NACION el viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas.
Desde que en 2009 el Congreso declaró a Bolivia un "estado plurinacional", Morales creó este viceministerio para identificar las áreas que estaban más afectadas de manera negativa por la influencia hispánica y occidental, y ver de qué manera recuperar los valores positivos de la cultura ancestral.
"Lo fundamental es aquí un cambio de mentalidad y la transformación debe comenzar por nosotros mismos, por el gobierno", dice Cárdenas, abogado de nacionalidad aimara. "Estamos tratando de cambiar el comportamiento de muchos funcionarios públicos. En la cultura occidental es muy importante la jerarquía. El que tiene más autoridad se siente superior. Mientras que en nuestras culturas lo fundamental es la comunidad. El funcionario debe aprender que es sólo un servidor", explica el viceministro, que luego da detalles de uno de los proyectos más polémicos, la implementación de la "justicia indígena".
La llamada "ley de deslinde jurisdiccional", que rige desde 2010, establece los casos en los que se puede aplicar la justicia indígena. Sus tribunales están formados por miembros de la comunidad que no se rigen por leyes escritas, sino por el sentido común. "Nuestra justicia es comunitaria, inmediata, moral y pública", explica Cárdenas, y pone un ejemplo: "Si una persona sale de una casa robando un televisor, la justicia occidental puede perder años y mucha burocracia para investigar el caso y considera que el ladrón es inocente hasta que se demuestre lo contrario. La justicia indígena se reúne inmediatamente, actúa por el sentido común, delibera y decide el castigo más adecuado para el bien de la comunidad".
Cárdenas desmintió las versiones sobre que esta justicia podría llegar a aplicar castigos como la amputación para el caso de los ladrones o la castración para los violadores. "La sanción más grave es la expulsión de la comunidad. Lo otro son casos de venganza por mano propia que no tienen nada que ver con nuestras tradiciones."
El presidente Morales y Cárdenas están entusiasmados con un proyecto de una "ciudad modelo" en el cantón de Peñas, municipio de Batallas, donde habrá desde justicia indígena hasta un hospital de primer nivel que utilizará únicamente las técnicas de la medicina ancestral. Allí se aplicarán hierbas curativas, las mujeres parirán de pie o en cuclillas, y hasta atenderán afecciones como el "susto". "Los médicos occidentales no atienden las enfermedades del espíritu, las dejan para los psicólogos. Nosotros tenemos una visión más integral de la persona y sus dolencias", concluye Cárdenas.

Críticas

Pero no todos ven con entusiasmo la política de descolonización del gobierno. Por aquello de que no hay peor astilla que la del propio palo, uno de los críticos más duros es el ex ministro de Educación durante el primer mandato de Morales, el sociólogo aimara Félix Patzi, quien considera que el gobierno acomoda los postulados a su conveniencia.
"Si la comunidad es más importante que la jerarquía, ¿cómo es que Morales se está eternizando en el poder? Eso no tiene nada que ver con nuestras tradiciones. La «democracia comunitaria» es rotativa y descentralizada. Las grandes decisiones las toma cada comunidad tras una deliberación colectiva. Es algo parecido al sistema de democracia directa de algunos cantones suizos", explica Patzi.
Este ex ministro concluye: "El gobierno se focalizó en los aspectos simbólicos, como adorar a la Pachamama, los relojes que giran al revés o haber celebrado en junio el comienzo del año 5522. Pero todavía queda pendiente la realización de cambios profundos como la organización del país, la educación, y una transformación real de todo el sistema judicial"..
 

Otros aires en el cielo boliviano

Por Alicia Dujovne Ortiz
Para LA NACION,
PARIS
Es 1952. Acaba de estallar en Bolivia la revolución del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), con nacionalización de las minas, sufragio universal, reemplazo del ejército por milicias obreras y campesinas y, en breve, reforma agraria en un país hasta el momento feudal, donde los indios son siervos de la gleba. Mi madre, Alicia Ortiz, viaja a Bolivia en mi adolescente compañía para entrevistar, entre otros, al por entonces presidente Paz Estenssoro, al vicepresidente Siles Suazo y al ministro de Minas Juan Lechín. El resultado del viaje es un libro titulado Amanecer en Bolivia.
El libro contiene varias imágenes fuertes, todas relacionadas con la condición del indio. El hombre descalzo y desdentado que nos carga el equipaje y que, ante el regateo de mi madre, habituada a discutir precios con los facchini napolitanos, no protesta, se somete, alza los brazos al cielo y huye lanzando un gemido. La anciana de trenzas y polleras que se baja de una vereda angosta para dejarnos todo el espacio y murmura: "Perdón, mamacita". El alcalde aymara de un pueblito altiplánico al que visitamos con personas del gobierno se agacha a besar la mano de mi madre. "Sí-dicen por lo bajo nuestros acompañantes-, besan humildemente, pero a la vez escupen con disimulo." O Florencio, el indio utilizado por el conductor de un camión para medir la altura de los ríos. Si a Florencio el agua helada le llegaba sólo hasta la cintura, se podía pasar.
Las otras imágenes fuertes de Bolivia no han desaparecido nunca de mis ojos. Los mineros, liderados por Juan Lechín y organizados alrededor de la COB, Confederación Obrera Boliviana, habían desencadenado el golpe que llevó al MNR al poder. Verlos desfilar frente al Palacio Quemado con sus cascos y, sobre todo, con sus fusiles, es una escena difícilmente olvidable. Según el especialista Paulo Paranagua, en su momento llegó a hablarse de un "doble poder": por una parte, el gobierno y, por otra, obreros armados. Y no olvidemos que la dualidad del poder era un término empleado en el lenguaje comunista para designar el fenómeno de los consejos populares que equilibraban al gobierno central. Un equilibrio que en Bolivia resultó obviamente inestable y que se soldó con la ruptura entre Lechín y el MNR, en 1963, y con su ascensión a la presidencia de la asamblea popular creada por el general Juan José Torres, tras el asesinato del mismo en Buenos Aires, en 1976, dentro del marco del Plan Cóndor.
Esta sucesión de imágenes culmina con la de Evo Morales vestido de Inca, recibiendo la investidura de la máxima autoridad de los pueblos indígenas de Bolivia de manos de sus dirigentes comunitarios. Las ceremonias de esta toma del mando han sido descriptas con suficientes detalles como para que nos extendamos sobre el tema.
Aunque nadie se ha permitido ironizar sobre esos ritos súbitamente de regreso, como si toda una historia de conquista, colonización y gobiernos criollos quedara anulada de un plumazo, muchos han objetado, tanto en Bolivia como fuera de ella, que el nuevo presidente boliviano es un aymara mestizado, en la medida en que no habla la lengua de sus antepasados.
Su rival, Felipe Quispe, apodado "Mallku" (?Cóndor´), es un intelectual aymara que ha desafiado sin éxito a Morales a debatir públicamente con él en esa lengua. "Evo es indio porque tiene la nariz curva y porque chapurrea el español, pero ha perdido la mentalidad indígena", sostiene Quispe. He conocido en París a otros sociólogos o historiadores indígenas que desconfiaban de Morales por lo mismo: por considerarlo un indio sin habla, luego, dudoso.
Críticas inconsistentes. Por lo que se puede observar, existe un esnobismo de la pureza quechua o aymara y del dominio de esos idiomas que me parece típicamente intelectual, un poco peligroso y bastante injusto. Si sólo un 40% de la población boliviana habla los idiomas ancestrales, en un país mayoritariamente indígena, es porque se trata del porcentaje que se ha quedado en la aldea, aumentado por el de los pocos que han podido estudiar esos idiomas. El 60% restante ha tenido que abandonar su casa natal para tratar de sobrevivir en los suburbios de las ciudades o, como Evo Morales, en el Chapare, departamento de Cochabamba, para dedicarse al cultivo de la coca.
Criticar el olvido inevitable de la lengua materna en condiciones dramáticas de vida, asimilables a una verdadera experiencia de guerra, equivaldría a estigmatizar a nuestros cartoneros venidos de las provincias por su abandono de las tradiciones gauchescas. Me pregunto quién podría acordarse de cómo se doman los potros mientras está viviendo en una villa de maderas podridas, sin otro pingo para domar que el Tren Blanco.
Con respecto a quién es indio y quién no, sería bueno retomar el criterio de Ben Gurión, cuando decía, para determinar quién formaba parte del Pueblo del Libro (y hubiera sido de esperar que los fanáticos ortodoxos lo escucharan un poco): "Es judío el que se declara judío".
Evo Morales se declara indio con una fidelidad que no parece entrañar un racismo antiblanco equiparable al de los hermanos Humala, en Perú, a menudo acusados de fascismo. Frente a la idea bolivariana de su gran aliado Hugo Chávez, él reivindica la idea precolombina, cosa nada asombrosa en un país que, recuerde o no los viejos idiomas, ha permanecido tan indígena. El que la mayoría de su gabinete esté compuesta por personas de su mismo origen tampoco tiene nada de asombroso: todo presidente elige a sus colaboradores entre sus amigos y partidarios.
Y si una pizca de alegre revanchismo pudiéramos discernir en esa elección, admitamos que se comprende: el changador incapaz de discutirle el precio de su trabajo a una señora porteña, la viejita que le dejaba su sitio en la vereda, el alcalde que le besaba la mano o Florencio, que medía la altura del agua, agradecidos.
Pero por encima de toda ceremonia surgida del fondo del Incario, "el Evo" se declara sindicalista. Esa es su verdadera identidad, porque ésa es la trayectoria personal que lo define, desde el momento en que, junto con sus padres y con sus dos hermanos (de los siete que eran, sólo tres sobrevivieron a la pobreza), comenzó a cultivar la coca en la región cochabambina. Hoy, el líder de los cocaleros puede ser considerado como un segundo Juan Lechín. Pese a sus rivalidades y conflictos internos, la Coordinadora del Agua de Cochabamba y hasta la vieja COB que agrupa, como siempre, a los mineros, o el crítico movimiento indígena del "Mallku", han debido plegarse al movimiento ascendente del MAS, legitimado por este triunfo electoral que le permitirá tratar con las multinacionales de igual a igual, "descolonizando el Estado", según la expresión de Morales.
Con un excelente reparto, por lo demás. La distribución de roles suena acertada. Mientras el intuitivo y nada instruido presidente afirma, en su discurso de asunción del mando, cosas contradictorias pero sentidas, su vicepresidente, el sociólogo Alvaro García Linera, se coloca en el papel del hombre pragmático. Nacionalización de los hidrocarburos, por supuesto, pero sin más. El MAS, pese a su nombre -Movimiento al Socialismo-, no fantasea con un socialismo a corto plazo, "porque no se construye el socialismo sin proletariado". Un dirigente que no habla ni aymara ni buen castellano, pero que se hace entender por el pueblo, con el que comparte lo esencial del sentido, secundado por un equipo pensante, puede dar por resultado un nuevo amanecer, ojalá que durable entre los muchos conatos de albas que ha conocido este sulfuroso y ferviente país. .

FRONTERAS DE BOLIVIA, CHILE Y EL PERÚ ANTES DE LA GUERRA DEL PACÍFICO.

Diario "La Capital". Rosario, 4 de agosto de 2007.

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