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sábado, 7 de febrero de 2015

IRAK. (2004) OLA DE ATENTADOS: 182 MUERTOS

Diario "La Nación". Buenos Aires, 3 de marzo de 2004.




La posguerra: los ataques más mortíferos desde la caída de Saddam Hussein

Ola de atentados en Irak: 182 muertos

Fue una ofensiva coordinada contra chiitas en Bagdad y Kerbala; también en Paquistán mataron a 42 creyentes en una procesión
KERBALA.- En la jornada más sangrienta en Irak desde la caída de Saddam Hussein, por lo menos 182 personas murieron y otras 556 resultaron heridas ayer en una serie de atentados coordinados contra mezquitas chiitas en las ciudades de Bagdad y Kerbala, perpetrados cuando miles de peregrinos musulmanes celebraban la principal fiesta religiosa de esa comunidad.
Ninguna organización reivindicó los brutales ataques, aunque tanto Estados Unidos como el Consejo de Gobierno Provisorio iraquí acusaron a Abu Musab al-Zarqawi, un terrorista jordano a quien Washington vincula con la red Al-Qaeda.
"Esto fue un claro acto de terrorismo trágicamente bien organizado", declaró el número dos de las operaciones militares estadounidenses en Irak, el general Mark Kimmit, en una conferencia de prensa en Bagdad.
Los atentados, una combinación de por lo menos cuatro ataques suicidas, explosivos detonados a distancia y disparos de morteros, tiñeron de sangre la fiesta del Ashura y coincidieron con un ataque contra una procesión chiita en la ciudad paquistaní de Quetta, donde presuntos musulmanes sunnitas dispararon contra los fieles, matando a 42 e hiriendo a unos 150.
En el barrio de Kadimiya, en Bagdad, tres atacantes suicidas consiguieron mezclarse entre la gente y hacer estallar sus cinturones explosivos dentro de la mezquita de Mussa al Kazem, la principal de la capital. Por lo menos 70 personas murieron y unas 200 resultaron heridas, señaló Kimmit.
"El primer atacante voló por los aires cerca de la entrada del santuario", dijo Hussein Hamid, guardia auxiliar del templo.
"El segundo detonó su carga adentro, junto al sitio en que se deja el calzado", continuó, agregando que la gente corrió presa del pánico hacia el portal principal, donde hizo explotar entonces su cinturón con explosivos el tercer terrorista.
"Todo esto ocurrió en el lapso de un minuto", señaló Hamid.
Al mismo tiempo, en la ciudad santa de Kerbala, 80 kilómetros al sur de Bagdad, un ataque suicida, sumado a la explosión de varias bombas ocultas y disparos de morteros dejaron 112 muertos y más de 100 heridos cerca del mausoleo del imán Hussein, que cada año para esta fecha recibe a millones de fieles de las comunidades chiitas de Irak, Irán, Paquistán y otros países musulmanes.
Un cuarto atacante suicida, cuyos explosivos no llegaron a detonar, fue capturado en Bagdad, mientras en la sureña ciudad de Basora la policía descubrió a dos mujeres con cinturones explosivos marchando en una procesión religiosa. Además, tres intentos de atentados con explosivos fueron desbaratados desde el lunes en la ciudad santa de Najaf, 180 kilómetros al sur de Bagdad.

Turba furiosa

Además de provocar una fuerte condena internacional, los ataques de ayer dispararon una ola de indignación entre los chiitas, dirigida en especial contra las fuerzas de ocupación estadounidense.
Furiosos, los manifestantes atacaron los equipos de los médicos estadounidenses que acudieron a ayudar a las víctimas, mientras los soldados tuvieron que retirarse y refugiarse en su cuartel ante la furia de la turba, que los apedreó y les lanzó basura y desperdicios. Finalmente, los soldados tuvieron que lanzar bombas de humo y disparar con escopetas al aire para dispersar las protestas.

Contra EE.UU.

Al mismo tiempo, otros peregrinos en Kerbala y Bagdad lloraban y gritaban conmocionados ante cientos de cadáveres mutilados esparcidos por las calles. Los muertos y heridos fueron cargados en carros de mano, utilizados normalmente para transportar a los fieles de avanzada edad a los santuarios.
Igualmente, ayer, los insurgentes lanzaron una granada contra un vehículo militar estadounidense cuando transitaba por una carretera de Bagdad, matando a un soldado e hiriendo a otro.
Varios clérigos sunnitas y chiitas, entre ellos el mayor líder de estos últimos, el gran ayatollah Ali al-Sistani, responsabilizaron indirectamente a las "fuerzas de ocupación" de lo sucedido, al considerar que no adoptaron medidas de seguridad suficientes alrededor de los lugares sagrados.
Una postura similar expresó Irán, cuyo régimen es el principal baluarte del chiismo. Por lo menos 22 iraníes perdieron la vida ayer en las masacres de Bagdad y Kerbala.
Kimmit, por su parte, insistió en que el "principal sospechoso" en estos ataques es Abu Musab al-Zarqawi, empeñado en obstaculizar los planes estadounidenses para entregar el poder a las autoridades iraquíes el 30 de junio.
"Fue un ataque muy sofisticado. Esto claramente muestra signos de una organización bien coordinada", indicó el vocero de las fuerzas estadounidenses.
El Consejo de Gobierno transitorio iraquí, en tanto, decretó tres días de luto nacional y anunció que se aplaza la firma, prevista para hoy, de la Constitución provisional que acordaron el lunes los 25 miembros del consejo, tras largas conversaciones. .
Agencias AP, AFP y ANSA 
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El escenario

Cuando el objetivo final es provocar una guerra civil

Por   | LA NACION

WASHINGTON.- Los autores de los sangrientos atentados de ayer en Irak buscan crear en esa nación árabe una situación de caos que pueda derivar en una guerra civil, según la lectura de analistas norteamericanos. La búsqueda de "polarización", afirman, es una de las mejores herramientas con las que cuentan los grupos extremistas para imponer su voluntad.
Hay otro elemento: la reconciliación y la convivencia dejan de ser una posibilidad una vez cruzado un determinado umbral de crueldad y dolor. Y llevado al extremo también esto puede derivar en una guerra civil, algo que en la posguerra iraquí no puede ser descartado y que en Paquistán, donde ayer hubo 42 muertos, también es buscado activamente por los grupos más radicalizados.
"Es claro que los ataques fueron motivados en ambos casos por elementos sectarios de la llamada jihad (guerra santa) internacional", dijo a LA NACION el diplomático paquistaní Husain Haqqani, experto en temas de Medio Oriente del centro Carnegie Endowment for International Peace, de esta ciudad.
"Al-Qaeda -indicó el especialista- es uno de los movimientos de esta jihad internacional, pero no el único, y todos tienen una visión muy parcial de lo que está bien y lo que está mal."
Añadió que "los extremistas buscan generar situaciones de guerra civil, porque eso polariza a la gente y les permite distinguir quienes están con ellos y quienes en contra".
En el caso de Irak, esto se traduce en el rechazo total a lo que estos grupos consideran como una colaboración de los sectores chiitas con la administración norteamericana. En un mundo en blanco y negro, creen los extremistas, esto debe ser castigado, como lo fue ayer en Kerbala y en Bagdad.
Según Harlan Ullman, del Centro de Estudios Internacionales Estratégicos (CSIS), los atacantes evidentemente apuntaron contra las posibilidades de éxito del traspaso del poder en Irak, algo que Estados Unidos busca apurar. Opinó en este sentido que "no es casual que haya ocurrido un día después del principio de acuerdo para una (nueva) Constitución iraquí".
Este acuerdo se refiere a las líneas generales del texto, que sin embargo deja pendientes de solución algunos de los temas más sensibles, como los derechos de las mujeres y el papel del islam en el futuro Estado. Pero, para Estados Unidos, constituye un paso clave en sus planes de entregar el poder a un gobierno interino iraquí a partir del 30 de junio próximo.
En este sentido, según el especialista del CSIS, los responsables podrían estar buscando una fragmentación entre los chiitas que haga fracasar cualquier tipo de arreglo político avalado por Washington.
Pero Ullman también abonó la teoría de una guerra civil como objetivo último. "Seguramente algunas facciones sunnitas o grupos ligados a Al-Qaeda buscan una respuesta de los chiitas", y si esta respuesta tiene lugar, "habrá luego una represalia a la represalia, hasta llegar a un conflicto abierto". Y añadió: "No me sorprendería que el próximo paso sea volar una mezquita chiita, posiblemente en (la ciudad de) Najaf".
También en Paquistán el ataque de ayer puede ser el anuncio de algo mayor. "En general, los ataques contra civiles preceden atentados mayores contra objetivos occidentales o contra el propio presidente (Pervez) Musharraf", indicó Haqqani. Su gobierno, agregó, "es demasiado débil como para enfrentar los grupos extremistas, algunos de los cuales incluso tienen vínculos con sectores militares y de la inteligencia paquistaní".
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Los chiitas, una mayoría reprimida durante los años de Saddam

BAGDAD (EFE).- Los chiitas, mayoritarios en Irak, no han dejado de derramar su sangre tras la caída del régimen sunnita de Saddam Hussein, cuando pasaron a ser blanco de una sistemática campaña de terror. La jornada sagrada de Ashura, que ayer celebraban los chiitas por primera vez en 30 años y que quedó truncada por una ola de ataques suicidas en Irak y Paquistán, conmemora el martirio del imán Hussein, nieto de Mahoma y tercer imán chiita, asesinado en el año 680 por orden de un califa sunnita, hecho que marcó el inicio del cisma entre chiitas y sunnitas.
Las diferencias político-religiosas entre chiitas -que cuenta con unos 120 millones de fieles en todo el mundo- y sunnitas -mil millones- marcan dos estilos de entender la existencia y la política diferentes.
Los chiitas, que en Irak representan el 60 por ciento de la población, creen que un buen musulmán no ha de conformarse sólo con la oración, sino que debe participar en la actividad política, mientras los sunnitas, contrariamente, son partidarios de no mezclar la religión con la política.
No obstante, durante el régimen de Saddam los sunnitas dominaron en el gobierno y fueron intransigentes con otras prácticas religiosas. La fiesta de Ashura de ayer, de hecho, se celebraba en Irak por primera vez en más de 30 años, ya que fue prohibida por Saddam como parte de su política de represión sistemática de la mayoría chiita.
Los sunnitas consideran que la revelación divina terminó con Mahoma, mientras que los chiitas sostienen que ésta culminará con la aparición de un "Mahdi" o Mesías, que será el último y el más perfecto de los profetas.
Chiitas de todo el mundo sueñan con peregrinar hasta Kerbala y Najaf, lugares para ellos sólo superados por La Meca y Medina. Además de Irak, la fiesta se celebra en otros países como Irán, Paquistán y el Líbano.
En línea con la tradición victimista del chiismo, la fiesta de Ashura es observada por los fieles con frenéticas demostraciones de luto -por la muerte de Hussein- y autoflagelación. El fervor con el que los creyentes golpean sus espaldas hace que todos los años se registren decenas de muertos y centenares de heridos. .

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