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viernes, 7 de marzo de 2014

NEOLIBERALISMO NO ES VIABLE CON SUBDESARROLLO. JAGUARIBE, HELIO



“EL NEOLIBERALISMO NO ES VIABLE CON SUBDESARROLLO”
El cientista político Helio Jaguaribe evalúa como será este fin de siglo para América Latina
Por Oscar Raúl Cardoso
Diario “Clarín”, Buenos Aires, 20 de junio de 1993, pág. 22

 -Después de la celebración generalizada de hace unos años -quizá prematura- por la redemocratización latinoamericana, reaparecen las voces de alarmas. ¿Es posible que el relevo de Fernando Collor de Mello en el Brasil, el “fujimorismo” peruano y, este año, las crisis de Venezuela y de Guatemala estén anunciando una nueva ola de inestabilidad en la región?
-Hay algo de eso. En este proceso hay tres aspectos principales. Salvo raras excepciones, América latina no ha logrado una institucionalización estable. Hay países que están transitando de lo que podríamos llamar sociedades de notables a sociedades de clase media y no han logrado aún institucionalizar su nueva condición. Es el caso típico de los de América Central.
Por otro lado hay países que están haciendo el tránsito de sociedades de clase media a democracias de masas y también tienen una institucionalidad inconclusa. Es el caso de los de América del Sur, donde la única democracia de masas efectivamente consolidada es la de Uruguay. Hay indicios que señalan que Chile está avanzando rápidamente hacia el mismo lugar, para lo cual debe resolver el problema residual de Pinochet en forma racional.
La Argentina, diría yo, está también bastante próxima a consolidarse como democracia de masas. Tiene dos cuestiones pendientes, pero ambas son susceptibles de soluciones a corto plazo. La primera es la estabilización económica, que hoy tiene problemas por la diferencia entre los costos internos, paridad cambiaria, y por otro la opción definitiva por un sistema de sucesión presidencial. Superadas estas cuestiones, veo a la Argentina estabilizándose con un sistema de democracia social de masas y un régimen de economía de mercado, antes que termine esta década.
-Usted menciona tres aspectos…
-Sí, este es el primero. El segundo es el ajuste de América latina a la nueva economía planetaria en condiciones de competencia bastante diversas. Algunos como Chile han logrado una inserción competitiva aunque en verdad es bastante modesta porque lo han hecho a través de productos de bajo valor agregado.
Pero, así y todo, los chilenos ya tienen un “nicho” para esos productos. En cambio otros países encuentran que ese ajuste y la apertura afectan su capacidad industrial y predicen desempleo, sin que las posibilidades de ingreso de capitales extranjeros vayan a compensar los, cualitativa y cuantitativamente. Este es el caso de México y puede ser el caso futuro de Argentina.
En tercer lugar, en este proceso de maduración institucional en función de estadios histórico-sociales y de mayor o menor adaptación al mercado internacional. Algunos países pagan un precio de excesiva dependencia de los Estados Unidos. Su libertad de mano de obra interna es coartada por esa influencia del vecino del norte.
-Esto en un momento en que ese vecino parece dispuesto a desentenderse de este “barrio” y quizá también de otros. ¿En este contexto, en el que hasta la zona de libre comercio norteamericana parece estar en peligro, hay condiciones para que esos tránsitos que usted citó se hagan en forma exitosa?
-Desde una perspectiva más amplia puede decirse que América latina está hoy bajo la atracción de dos fuerzas polares extremadamente desiguales de ponderación: el superpolo norteamericano y el minipolo brasileño. Entre esos dos polos hay tensiones, pero también posibilidades de acomodamiento muy diferenciadas. Países como México no tienen, en verdad, alternativa a la inserción en el polo norteamericano y tienen condiciones para hacerlo en una manera razonable. Siempre que logren, lo que todavía no han logrado: un entendimiento que les permita que la pérdida de empleos que ocasiona la apertura tenga una compensación adecuada a través del ingreso de capitales generadores de empleo alternativo. Hoy lo que tiene México es casi exclusivamente ingreso de capital financiero.
Para el caso de América del Sur lo que hace falta saber es en qué medida el esquema del Mercosur es un sistema satisfactorio para los países de la región, porque de esto depende mucho el futuro económico de esas sociedades.
-Ahora bien, el Mercosur además de los problemas que le trajo la crisis política brasileña y la dificultad para armonizar políticas macroeconómicas entres sus miembros, sigue enfrentando una de sus carencias originales: la escasez de capital de inversión productiva…
-Creo que hay que hacer aquí algunas distinciones. En primer lugar, el Mercosur significa cosas distintas para cada uno de sus cuatro socios. Para el Paraguay y para el Uruguay representa una decisiva ampliación de su mercado internacional. Van a encontrar en él una salida para más del 50% de los bienes que producen. Sin el Mercosur tendrían un problema de baja viabilidad nacional.
Desde el punto de vista estrictamente mercantil, el Mercosur es mucho menos importante para el Brasil y para la Argentina. En el mejor de los casos representará un 20% para la producción argentina y un 10% para la del Brasil. No es despreciable, pero no es  exactamente una solución para esos dos países.
¿Cuáles son los atractivos contrales del Mercado Común del Sur para la Argentina y el Brasil? Si estos dos países superan sus actuales crisis -creo que la Argentina lo hará muy rápidamente y en el Brasil dependerá del éxito del programa de Fernando Henrique Cardoso- deberán enfrentar el problema científico-tecnológico, de gran importancia, que se le plantea para consolidarse como sociedades modernas. En el momento en que la tecnología se está convirtiendo en un insumo crítico, el saber de punta está siendo monopolizado por los países centrales, porque a través de la privatización del saber de punta se garantiza un especio siguiente de privatización tecnológica.
Hace uno o dos decenios un muchacho argentino que se enrolaba en el MIT (Instituto Tecnológico de California) tenía acceso a a totalidad del saber internacional. Ya no es así porque este saber ya no está en las universidades, sino en los laboratorios de las empresas transnacionales. En esta situación nueva Brasil y la Argentina, que son dos  países retrasados en materia de ciencia y tecnología, pero que tienen una base apreciable, deben unir recursos para generar masa crítica a través de la cooperación. De otro modo no tendrán acceso a la ciencia y a la tecnología y se condenarán a la forma más perversa de neocolonialismo. El Mercosur representa así la posibilidad única de emancipación científico-tecnológica.
Todos los proyectos regionales, el Mercosur, el Pacto Andino, el Caricom, etcétera, son esfuerzos para evitar que los países del continente se caigan de la historia. Pero por sí solo no parecen suficientes para hacer frente a las nuevas formas de crisis política que vinieron con la redemocratización…
Es cierto que hay una desventaja adicional para América latina. Cuando los europeos se transformaron en democracias de masas  ya las habían educado en un sistema universal plasmado por completo. Y también habían reducido razonablemente la brecha entre las clases superiores y las inferiores. En ninguno de los países europeos la diferencia entre los salarios más bajos y los más altos supera la proporción de 1 a 20. En muchos es de 1 a 10 y en varios es de 1 a 5.
Con la excepción del Uruguay –y con la Argentina de cerca-, los demás países de América latina no han educado a sus masas. Tienen masas miserables son salarios increíbles. Y tienen entonces el problema -y este es el caso del Brasil- que trae conferir ciudadanía política a masas que no tienen ciudadanía cultural, ciudadanía económica o ciudadanía social. Estas no pueden utilizar bien su ciudadanía política.
-La Argentina había logrado un buen nivel histórico, que ahora está siendo erosionado por la deserción del Estado, también de la misión educativa…
-Aun así, en la Argentina el 70% de los adultos completaron la escuela primaria. En el Brasil menor del diez por ciento de los adultos completaron es ciclo. El Brasil no sería un país viable si no fuera porque es muy grande. Un porcentaje pequeño de la población que califique sobre un universo muy grande permite tener una masa crítica mínima. Ese diez por ciento de calificación representa en el Brasil; media Argentina y cinco Uruguay.
-El contexto latinoamericano es, sin embargo, de crisis política que afecta el sistema de mediación entre sociedad y poder. ¿Hay suficiente capacidad política en las democracias para realizar el difícil tránsito hacia la modernidad o -dado que la necesidad es ineludible- podría plantearse una vez más la fascinación de la vía autoritaria?
-Las situaciones de cada país son muy diferentes entre sí. Personalmente creo que el Uruguay ya consolidó su sistema de democracia de masas – que es el destino que no espera a todos-. Que Chile alcanzará es nivel muy rápidamente y que la Argentina está cerca.
Otros países, como el Brasil, que es uno de los ejemplos por excelencia, me parece que no son casos de previsibilidad tan clara. El Brasil tiene destinos alternativos bastante diferenciados. Veamos el escenario más favorable. Después de andar a la deriva varios meses, el gobierno de Itamar Franco encontró en la designación de Cardoso como ministro de Economía una reversión de expectativas negativas en favorables. Hay ahora un equipo honesto e idóneo. Si el Plan de Acción Inmediata presentado hace dos días tiene éxito y sobre la base de esto se consiguen hacer las reformas constitucionales, las fiscal y la tributaria, el Brasil tendrá a partir del ´94 condiciones para aprovechar su enorme vigor económico y recursos inconmensurables. En este caso creo que habría condiciones para poner en marcha un proceso de desarrollo que tendría, necesariamente, un intenso carácter social. Los estudios que hemos hecho en mí instituto demuestran que es posible cambiar el perfil del país en 15 años. Para esto habría que interrumpir el actual ciclo de reducción de la miseria y de la ignorancia. En el 2010 habría una Brasil viable. Pero es cierto que la hipótesis contraria también tiene posibilidades de concretarse.
-Todos los planes de ajuste parecen agotarse en la estabilidad sacrosanta. No hay modelo latinoamericano de modernización que no excluya gente. Esa misma modernidad en los sistemas de producción trajo consigo el fenómeno del desempleo que hoy, dicen algunos estudios, será un fenómeno permanente…
-El desempleo es, en verdad, el gran problema de este fin de siglo. Pero creo que hay que diferenciar entre dos tipos de desempleo: el de los países centrales y el del subdesarrollo. En el superdesarrollo, temo, el fenómeno puede ser permanente. Allí hay que cambiar nuestra visión histórica del trabajo porque esas sociedades podrán ser en un futuro muy cercano, operables por  número muy reducido de personas.
Hay que abandonar las categorías de empleo y desempleo y pensar en términos de actividades socialmente no nocivas, no siquiera digo útiles, a las que las población va a ser convocada. El número pequeño de aquellos que estén en el empleo clásico financiará a los otros que vivirán como consumidores o como productores de cultura. Mientras la tecnología es el elemento clave del tránsito es el elemento clave del tránsito hacia al próximo siglo, la cultura lo será en el 2000 para la suerte de las sociedades. De otro modo estarán condenadas a la degradación.
Pero en el subdesarrollo el problema del desempleo obedece únicamente a la falta de capital y de tecnología. Aquí es posible generar aún actividades productivas necesarias. En el Brasil, otra vez mi ejemplo, todo depende de la posibilidad de cambiar el perfil productivo. Mi instituto realizó estudios que muestran que, aun cuando el ajuste tuviese éxito, si no se cambia ese perfil, se registraría un desempleo de casi el 30%. Cambiándolo, ese desempleo sería de significación apenas marginal.
-¿Usted no comparte, entonces, la crítica a estos modelos de ajuste que asegura que solo generan exclusión social?
-Comparto, sí, pero no creo que el fenómeno sea irreversible. Creo que una incorporación mecánica, y no extremadamente adaptativa, de los modelos los neoliberales crea necesariamente formas catastróficas de desempleo. En las  condiciones de subdesarrollo el neoliberalismo es un modelo inviable. De lo que hay que hablar es de economías sociales de mercado, que es algo muy distinto del paradigma neoliberal. En esas economías se puede modernizar con creación simultánea de empleo, pero esto precisa una intervención del Estado como orientador de economía y garantizador de empleo totalmente distinta del modelo liberal.



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