Traducir

viernes, 7 de marzo de 2014

ISLAMISMO. APORTES TEÓRICOS PARA ANALIZARLO. ZACARA, LUCIANO



APORTES TEÓRICOS PARA ANALIZAR EL ISLAMISMO
Revista Mundus. Rosario, julio-agosto de 1998
Lic. Luciano Zaccara*

El debate teórico sobre la conceptualización y definición de fenómenos del resurgimiento de la identidad islámica, es el más extenso de la problemática de los países islámicos. A pesar de ser un fenómeno ya con historia, no existe un consenso sobre cuál es la manera más correcta de definirlo. La diversidad de nombres que se han utilizado tanto en los medios académicos como periodísticos ha provocado que a menudo se usara el mismo término para definir situaciones completamente distintas, y en otros casos que diferentes conceptos, cuyas implicaciones teóricas eran incluso contradictorias, fueron utilizadas indistintamente para analizar un caso. Es así como  que los adjetivos tales como tradicionalistas y radicales, conservadores y moderados, fundamentalistas e integristas, acompañaron los sucesos de los países islámicos sin muchas aclaraciones sobre sus contendidos teóricos. Los términos más difundidos son: Fundamentalismo, Integrismo e Islamismo, también son utilizados pero en menor medida: Tradicionalismo, Islam Radical e Islam Político.
El término tradicionalismo denotaría un retorno a las tradiciones islámicas que tomadas en su totalidad, representarían su acumulación a lo largo de los 13 siglos de vida del Islam. Pero según las propuestas de los diferentes movimientos, lo que se busca es un regreso a los orígenes del Islam, retorno que significa “beber de las fuentes de los primeros siglos del islam o sea más allá de las tradiciones.” (PIERUCCI, 1991: 12). Una purificación de las costumbres adquiridas a lo largo de los contactos con otras culturas, y a lo sumo un retorno a las tradiciones de la época de Mahoma y los cuatro califas “bien guiados”, en los albores del Islam. Y si tomamos como punto de referencia el Islamismo de la Revolución Iraní, conjugado con las características particulares del shiismo, tenemos que la institución de velajat e faqih (guardián de la jurisprudencia), es algo totalmente alejado de las tradiciones. “Muy por el contrario ente Islam”tradicional”, también llamado “Islam heredado” y “arcaico”, representa a los ojos de los activistas radicales de hoy un obstáculo al desenvolvimiento de su pensamiento y su militancia” (PIERUCCI, 1991: 14).
Fundamentalismo es el término de origen anglosajón con el que se catalogaba a las iglesias y organizaciones protestantes que insistían en el origen divino y en la infalibilidad de la Biblia. Fue utilizado por primera vez en los Estados Unidos en 1919, en un artículo denominado The Fundamentals.
El objetivo básico de este grupo era el de “defender el principio de inspiración divina plena de la Biblia (…) la autoridad absoluta de la letra de la Biblia en la vida del cristiano” (PIERUCCI, 1991: 24). Sumado al hecho que éste término hace referencia a un grupo cristiano, lo que implica desde el inicio una incompatibilidad en el significado, las implicancias posteriores en cuanto a los postulados políticos de ambos movimientos son totalmente contradictorios. Para los fundamentalistas protestantes su militancia implicaba un “…alejamiento de la esfera política y una falta de interés por los asuntos políticos. Su idea fija es con la escuela y con los libros didácticos, o sea su preocupación es dogmática, doctrinaria, con la verdad, y entonces en círculos concéntricos, con la moral privada, la moralidad pública y por fin, no en primer lugar, la política” (PIERUCCI, 1991: 26). Mientras que para los movimientos islamitas el retorno a la esfera política es condición sine qua non de la sociedad islámica considerada ideal. Por otra parte el ser fundamentalista implica que el creyente es capaz de captar el sentido verdadero de su religión leyendo directamente de la Biblia, dejando de lado al clero como intermediario. Si es así, el khomeinismo –y desde mucho antes el shiismo- y cualquier otro movimiento religioso liderado por clérigos -como los ulemas-, que reservan para sí la posibilidad de interpretación del Corán, no tienen nada que ver con los fundamentalistas.
En la adaptación que se ha hecho del término fundamentalismo al mundo islámico, el retorno a las escrituras se refería al Corán y a los hadith que se  incluyen en la sunna. “Pero desde el punto de vista de la acción, el fundamentalismo tiene un discurso moralizador y pasivo y no sueña con la conquista del poder político, sino, como máximo, con hacerle cambiar hacia un sentido más religioso, por la presión popular.” (SAINZ DE LA PEÑA, 1994: 253). Esta cita que corrobora lo anterior estaría confirmando la inconveniencia de llamar fundamentalistas a los grupos que tienen actividad política para acercarse al gobierno de cada uno de sus estados.
No obstante estas inadecuaciones conceptuales a la hora de analizar los hechos que tienen que ver con el Islam, el término fundamentalismo ha pasado a ser, a partir de los años 80, un categoría para muchos teóricos de las ciencias sociales que como Meyer, la utilizaban para referirse específicamente “al renacimiento del islamismo que ha tenido lugar en Irán con la caída del Sha Reza Pahlevi a manos del Ayatollah Khomeini (MEYER, 1990: 90).
Integrismo es un término de origen francés. Aparece en Francia en el inicio del 1910, en el medio de la querella entre católicos intransigentes y modernistas. La fracción que más tarde se llamaría integrista surgió como una diferenciación interna del catolicismo intransigente, movimiento que a lo largo del siglo XIX se opuso a todas las tentativas de conciliación entre la Iglesia católica y la sociedad salida de la Revolución Francesa. Su lema: no se puede transigir con los principios.
Si bien a menudo integrismo y fundamentalismo son utilizados como sinónimos existen diferencias. Una depende de la rama del cristianismo a la que hace referencia -catolicismo y protestantismo respectivamente-, otra es el ferviente clericalismo que propugnan los integristas y otra más es el llamamiento al activismo político de los católicos. Es decir que los integristas se parecen mucho más a los movimientos islamistas, en cuanto a que rechazan la modernidad, aunque los primeros lo hagan por la laicidad que la modernidad representa, y “en caso de los países de cultura islámica, modernidad acaba siendo sinónimo de occidentalización, lo que le confiere el estatuto de enemigo extranjero…” (PIERUCCI, 1991: 16). Otra diferencia que surge entre el integrismo católico y el islamismo al menos en su versión iraní, es que mientras que el integrismo católico y el islam, sino al menos en su versión iraní, es que mientras que el integrismo es monárquico, el khomeinismo es republicano, y derrocó precisamente a una de las monarquías más antiguas de Medio Oriente. La adaptación del integrismo al Islam se podría realizar en el sentido de que sería aquel “cuya lectura de los textos sagrados es literal y rígida y que es contrario al esfuerzo de interpretación (ijtiha) de los mismo” (SAINZ DE LA PEÑA, 1994: 255).
El término Islam político, definido por Ayubi como “la doctrina y/o movimiento que sostiene que el Islam posee una teoría de la política y del estado” (AYUBI, 1996: 11), sería, a mi entender un poco más adecuado que los anteriores. El trabajo del autor mencionado puede ser tenido en cuenta para analizar las propuestas políticas de los islamistas. La definición Islam radical o radicalismo islámico, que es usada a menudo haciendo referencia a propuestas o actitudes relacionadas con  el regreso a la raíz o surgimiento del Islam en tiene pos de Mahoma, es también una manera válida para denominar el fenómeno islamista.
Islamismo sería el único término que hace referencia explícita al Islam y que no deriva de definiciones aplicadas al cristianismo. Islamismo es aplicado sobre todo a los musulmanes “que no se limitan a pedir una vuelta a las prácticas piadosas y, por el contrario, insisten en el contenido político y social del Islam” (SAINZ DE LA PEÑA, 1994: 254). En otras palabras un islamista sería un fundamentalista que lleva adelante un proyecto político. La ventaja que frece este término para los investigadores es que al hacer referencia específicamente a movimientos o grupos religiosos islámicos con actividad o intencionalidad política, se convierte tanto en una categoría religiosa –en función de los dogmas y contenidos teóricos básicos del Islam- como en una categoría política y social- en función de las propuestas que realizan estos movimientos.
En consecuencia considero como concepto más acertado a la hora de analizar los fenómenos relacionados con el resurgimiento islámico, el término Islamismo, por haber sido acuñado específicamente por los estudiosos europeos y magrebíes para analizar el comportamiento de los partidos políticos y movimientos que existen en el mundo árabo-islámico, y que no puede generar ningún tipo de equívoco con respecto a su correspondencia con otros grupos que adscriben a una religión no islámica.
Teniendo en cuenta lo anterior, los militantes, partidos o movimientos que se adecuen a esta definición deberán ser adjetivados como islamistas. Esta adjetivación sin embargo debe ser utilizada con el objetivo analítico y académico de poder estudiar este fenómeno con propiedad sin por ello generalizar y uniformar a la gran variedad y modalidades de partidos y movimientos que pueden ser denominados islamistas. Por ejemplo, pueden ser denominados islamistas tanto el FIS argelino como los talibanes afganos, tanto el régimen iraní como la monarquía saudí, por promover una vinculación más estrecha entre política y religión y por pregonar una purificación del Islam, pero tanto los medios como los fines difieren notablemente, así como sus características religiosas y políticas de origen; y muy difícilmente se pueda elaborar una descripción que los identifique a todos uniformemente.

*Licenciado en Ciencia Política, docente de la Cátedra Relaciones Internacionales de la Fac. de Ciencia Política y RR. II (U.N.R.) y Becario del CONICET.

Bibliografía:
PIERUCCI, Antonio; “Fundamentalismo e Integrismo: os nomes e a coissa”, Ponencia presentada en el XVI Congreso Nacional de ANPOCS, Caixambú, 1991, pág. 12.
SAINZ DE LA PEÑA, Horacio en MARQUINA, Antonio: “E´. Magreb: Concertación, Cooperación y Desafíos”. ICMA, Madrid, 1994, pág. 253.
MEYER, Thomas: “Fundamentalismo: La otra dialéctica de la ilustración”, en DEBATS, nº 32, junio 1990, pág. 90.
AYUBI, Nazih: “El Islam político”, Edit. Bellaterra, Barcelona, 1996, pág. 11.

No hay comentarios:

Publicar un comentario