Domingo 28 de agosto de 2011
El derrumbe de un símbolo del poder
Saqueos y turismo en la ex fortaleza del coronel
TRIPOLI.-
Emblema del poder de un déspota que gobernó durante 42 años envuelto en
un aura de misterio, el complejo de Bab al-Aziziyah, la fortaleza de
Muammar Khadafy que fue expugnada por las fuerzas rebeldes, se ha vuelto
un centro de peregrinación y de turismo para cientos de miles de
libios.
Caído el régimen de shashufa (?pelucón', como
llaman ahora despectivamente al coronel), ahora todos quieren ver esa
"ciudad prohibida" y recorrer los kilómetros de túneles subterráneos de
los que tanto se oyó hablar, y que Khadafy seguramente usó para
esfumarse en la nada. Todos quieren tocar con sus manos lo que queda de
esos tesoros que el déspota acumuló, mientras su pueblo vivía en la
miseria.Bab al-Aziziyah ya no es lo que era. Lo que era prohibido, exclusivo del líder supremo, ahora es público. Se ha vuelto el monumento al fin de una era que ya nadie quiere que vuelva; una era para olvidar.
La famosa escultura del puño de metal que aplasta al jet norteamericano, monumento que recuerda el ataque al búnker de Khadafy ordenado por Ronald Reagan en 1986, ya no está. La estatua, que se levantaba frente al Museo de la Revolución y que el "guía supremo de la revolución popular" adoraba mostrar a sus invitados, fue arrancada por las masas, que siguen ingresando en grupos para festejar.
Allah Akbar! Libya free! , gritan los milicianos de diversas ciudades, en una virtual procesión hasta el símbolo de su victoria, acompañada por ráfagas de ametralladoras y hasta lanzacohetes.
La carpa en la que recibía a dignatarios extranjeros y periodistas para demostrar que, más allá de toda la riqueza y el lujo acumulados, seguía siendo un beduino del desierto, tampoco quedó en pie.
Una densa columna de humo negro se levanta de un edificio del mítico complejo, donde se ven llegar decenas de autos con familias enteras con chicos que sacan fotos, pasean, se meten en los túneles subterráneos, y en los suntuosos jardines y mansiones de la familia Khadafy.
"Esto es increíble; antes, nosotros ni siquiera podíamos pisar la vereda que hay detrás de las murallas de Bab al-Aziziyah? Estar acá es un sueño; no puedo creer que haya terminado la pesadilla", dice Fátima, ama de casa con túnica, que no logra ocultar sus lágrimas detrás del velo.
Destrucción
Todo es destrucción en la otrora misteriosa e inexpugnable fortaleza, donde aún hay cadáveres tirados en el piso. Muchos libios llegan en taxis destartalados; otros, en moto. Están los que quieren hacer turismo "histórico" y los que, con enormes bolsones, se llevan todo lo que queda para saquear, lo que resistió al fuego de los combates.Se ve gente muy humilde que llega con camionetas y hasta se lleva muebles más que ordinarios de los viejos cuarteles, donde aún hay cadáveres y manchas de sangre.
El complejo donde vivía Khadafy, camuflado detrás de una colina llena de plantas, se destaca por tener bellísimos jardines, una pileta rodeada por un piso de deck, garajes, quinchos y lujosas casas.
Hay varias mansiones, todas conectadas por patios y pasillos, todas muy amplias y construidas con materiales de lujo entre el verde de plantas. En una casa que la gente asegura que fue de Khadafy, pero que nadie sabe si es así, un hombre de bermudas y remera se lleva una araña de metal. Otros se llevan alfombras, platería, cuadros, tapices?
Llama la atención el lujo de una cocina que la gente dice que pertenecía a Aisha, la hija de Khadafy, que parece salida de una revista de decoración, aunque con el típico gusto kitsch de los árabes ricos. Se ven varios acondicionadores de aire nuevos. Algunos son arrancados. Hay que salvar lo salvable.
Pero lo que más atracción causa son los famosos túneles subterráneos. "Khadafy construyó una red inmensa, que tenía 60 salidas", asegura Ahmed, nuestro intérprete.
Desde alcantarillas escondidas en diversos puntos del jardín, se encuentran los agujeros desde los cuales, a través de escalerillas de metal verdes, se baja a los túneles.
Allí no hay luz, pero la gente utiliza linternas para ir a recorrer ese lugar prohibido, una satisfacción indescriptible, algo que muchos jamás pensaron que hubieran podido hacer.
Los túneles que esta enviada pudo recorrer son corredores de dos metros de ancho por dos y medio de alto, en los que resulta fácil perderse: como un laberinto larguísimo, tienen diversas salidas.
"Desde aquí se podía alcanzar, en un recorrido de dos kilómetros, el hotel Rixos, donde el régimen hospedó a los periodistas", explica un hombre, que saca fotos junto a su hijo de 10 años. "Khadafy seguramente pasó por aquí, quizá disfrazado de mujer, para irse para siempre de nuestras vidas. Un hecho histórico", sentencia..
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